Sin bajar la guardia; aún no hay plan de vacunación
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Sin bajar la guardia; aún no hay plan de vacunación

CIUDAD DE MÉXICO - domingo 6 de diciembre de 2020 - La Silla Rota.
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CIUDAD DE MÉXICO 6 DE DICIEMBRE DE 2020 (La Silla Rota).- La vacuna contra covid-19, tan cerca y aún tan lejos. Esta semana muchos nos emocionamos al saber que México concretó la compra de 34.4 millones de dosis de la inmunización que desarrolló el laboratorio Pfizer con BioNTech, la que va más adelantada de todas las que están en la fase final.

En la segunda quincena de diciembre nuestro país recibirá las primeras 250 mil dosis, todas se aplicarán al personal de salud, que por supuesto la necesitan y la merecen porque son quienes arriesgan su vida para tratar de salvar a quienes se enfermaron de este virus que no se detiene.

La pregunta que queda en el aire es ¿cuándo se va a aplicar la población general? La respuesta no es sencilla y lamentablemente, aunque no queramos escucharlo, no será rápido. Así que confiarse y bajar la guardia en esta temporada navideña, pensando que probablemente pronto va a haber vacuna, es una tremenda equivocación.

El gobierno mexicano a través de la Cancillería tiene cuatro contratos para comprar las vacunas suficientes para inmunizar a 116 millones de mexicanos, que prácticamente sería el 90% de la población del país.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. Para empezar, la Secretaría de Salud ni siquiera ha presentado el plan nacional de vacunación, que se prevé que se dé a conocer el martes. Cuál es el problema, que vacunar a esa cantidad de gente en un año es una tarea maratónica.

Hagamos cuentas, si se vacunara a 116 millones de mexicanos a lo largo de 2021, de enero a diciembre, eso implicaría que diariamente se tendrían que aplicar 317 mil 808 dosis diariamente, incluyendo sábados y domingos. Es decir, aplicar 13 mil 242 vacunas por hora,  220 por minuto.

Malaquías López Cervantes, académico de la Facultad de Medicina de la UNAM, indicó que "tener vacuna no quiere decir poder aplicarla, nos va a costar mucho trabajo que se vaya aplicando a un ritmo acelerado para que realmente impacte sobre la cantidad de personas que pueden estar llegando a los servicios".

No, no es tarea fácil, pero tampoco imposible. Va a tomar varios meses lograr la inmunidad necesaria en la población para poder ver una disminución en los casos y en las muertes. Eventualmente todos vamos a ser vacunados, pero va a depender de muchos factores, como la disponibilidad de las dosis y la velocidad en la que se distribuyan hasta que se inyecten en nuestros brazos. Estamos en el inicio del fin de la pandemia.

Atónito.

Así me quedé al escuchar a mi amigo desde el CCH, decir que él y su familia habían decidido no aplicarse la vacuna. Fue tan extraño. Él es una de esas personas que considero inteligentes. Hecho a sí mismo. Posee un humor formidable. Pero escéptico, dice que no se pondrá la vacuna.

No está solo. Lo he escuchado de otras personas. Como el cubrebocas, ya se convirtió en un tema de postura personal.

Para mí no hay duda. Hay que ponerse la vacuna. Nunca he dudado de lo eficiente que puede ser. Recuerdo que cuando era niño, era común ver en la calle a personas con muletas o con zapatos ortopédicos. Se trasladaban dificultosamente, debido a que tenían una pierna más corta y delgada que la otra. Yo le preguntaba a mi mamá qué les había pasado.

Me respondía que habían tenido poliomelitis. Ellos o ellas no habían tenido la oportunidad de recibir una vacuna que los protegiera del poliovirus, un virus que se transmitía de persona a persona y que dejó a miles de personas con discapacidades.

No eran las únicas personas con secuelas que me tocó ver. También había personas que en el rostro llevaban la marca de la viruela, decenas de puntos sobre la piel, como si hubieran sido puestos con cincel, sobre todo en las mejillas. Tampoco tuvieron chance de vacunarse y en su rostro llevaban el recuerdo de la enfermedad.

Nunca he conocido un caso de rabia, pero ahora a nadie estremece saber que hay perros con rabia, simplemente porque ya no hay. Pero en mis tiempos de pronto se escuchaban rumores de que había perros con rabia y a cuidarse.

Aunque ya existía la vacuna para quien fuera mordido, entonces eran 12 dosis que se ponían dolorosamente en el ombligo. Además, si se interrumpía el proceso, debía reiniciarse desde la primera inyección. Un tormento, pero que libraba al enfermo de una muerte segura.

Eran tiempos en que la vacunación era tan importante, que hasta una película se hizo para concientizar a la población sobre dicha vacuna. Se tituló Seis días para morir. Filmada en 1967, fue protagonizada por Joaquín Cordero que rastreaba a un grupo de contagiados y lo hacía a contrarreloj. El villano era el tremendo actor José Gálvez, que interpretaba a un periodista sin escrúpulos que iba tras las historias de los contagiados, pero para contar cómo morían cruelmente....

En la película estaba latente y manifiesto el mensaje de la importancia de la vacuna, pero que debía ser aplicada en un plazo máximo de seis días después de la mordida de un perro rabioso.

Han pasado los años y ya poca gente recuerda a las personas con las secuelas de la polio, de la viruela o la tranquilidad que da tener una vacuna para la rabia.

Ahora hasta hay movimientos antivacuna, que son desconfiados de los avances de la ciencia, pero no tanto como para renunciar a sus autos, a sus teléfonos desde donde propagan sus teorías conspiracionistas y que siembran dudas sobre las vacunas. Porque eso sí, mi amigo no es conspiracionista ni pertenece a alguna secta, pero sus dudas tendrá.

Y no es el único.

El experto en protocolos sanitarios, Giorgio Franyuti me decía que hizo un sondeo en sus redes sociales, para preguntar si se pondrían la vacuna. Sorprendentemente, un 48 por ciento respondió que no.

Dice que un dicho en la comunidad científica explica el escepticismo de las generaciones actuales: las vacunas son víctimas de su impresionante éxito.

"Si fueran medianamente buenas, digamos que disminuyeran el 50 por ciento de casos de polio, sería fácil para los escépticos una constante disminución, pero a su vez sería un recordatorio muy fuerte de lo devastadora que es la polio".

Más joven que yo, él jamás ha visto un caso de polio.

La rabia tiene un 99.9 por ciento de letalidad, es el patógeno más mortal del mundo, añade. México la eliminó por ser el mejor país en vacunación animal y preventiva desde hace años.

"¿Cómo le explicas a una persona sin educación en salud, que es una agonía de niveles bíblicos tener rabia y que con una inyección, una vacuna, lo previenes al 100 por ciento?".

Esa es una gran pregunta. ¿Cómo se lo explicas?

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