Por: Juan Manrique Olmos
TIJUANA BC 11 DE SEPTIEMBRE DE 2012 (AFN).- El pasado 5 de septiembre, Agencia Fronteriza de Noticias (AFN), reveló que la primera dama del estado, Carmina Capuchino de Osuna, tras sufrir un accidente automovilístico, debió ser trasladada a un hospital privado, en una camilla de madera, por la falta de adecuado equipo en la Cruz Roja de Tijuana. (Del accidente de la Primera dama)
La eventualidad que vivió la primera dama, no sólo la confirmó el presidente del Patronato, Salvador Gutiérrez, sino que también dijo que lo mismo sucedió cuando su padre, también en fechas recientes sufrió un accidente en la carretera a Tecate y tuvo que ser trasladado desde allá hasta Tijuana, con una camilla prestada de aquella ciudad, por no contar con la propia.
Sin embargo, lo que sí aclaró Gutiérrez fue el hecho de que esas incomodidades no las sufren por falta de equipo adecuado de la benemérita institución, sino por problemas que tienen en otros nosocomios, como el Hospital General, donde ante la falta de camas, en las cuales ubicar a los pacientes, los tienen que dejar en las camillas que son parte del equipamiento de las ambulancias.
De 25 unidades con que cuenta la institución, sólo doce están operando con su equipo completo, lo que resulta insuficiente para una ciudad del tamaño de Tijuana, que diariamente crece y en la que se registran una gran cantidad de accidentes.
Gutiérrez informó que de cien personas que son atendidas al día, más de 40 son trasladadas al Hospital General; 30 al Instituto Mexicano del Seguro Social; 10 a la propia Cruz Roja, en tanto que las restantes son canalizadas al Issstecali, ISSSTE u hospitales privados.
Según otras fuentes consultadas por AFN, el problema específicamente se enfrenta con el Hospital General, donde la insuficiencia de camas para recibir a los accidentados, generó este problema.
“Ocurría que cuando los socorristas llevaban a los lesionados o infartados al Hospital General, no se los querían aceptar porque no tenían camas para atenderlos y en muchas de las ocasiones éstos morían”.
Entonces, explicaron, los socorristas empezaron a dejarlos en las propias camillas –con rueditas- que se utilizan para el transporte de pacientes, en espera de que los ubicaran en algún espacio para su atención, sin embargo el personal de la Cruz Roja debía esperar, afuera de la institución, hasta más de una o dos horas para que les devolvieran el equipo.
Esta falta de atención a una necesidad en el hospital, provocaba que la ciudad quedara sin atención de socorristas de la Cruz Roja, ya que cuando pedían sus camillas les decían que no era posible regresarlas hasta que no tuvieran una cama los enfermos.
Por esto y para no dejar desatendida a la población, los ambulantes decidieron retirarse del nosocomio sin sus camillas, utilizando en su lugar, las de madera con que se cuenta y que son para otro tipo de usos. Se han dado casos en los que los camilleros han tenido que ir prácticamente sobre el herido para que no se les caiga de ésta, mientras la unidad es conducida a gran velocidad y por calles irregulares. También otros éstas condiciones han influido en su estado general de salud.
Sin embargo las autoridades del Hospital General no hacen nada para resolver el problema que ya tiene bastante tiempo, porque la Cruz Roja no ha levantado la voz para reclamar por lo que ocurre.
La tarde del día 5 de este mes, los camilleros debieron enfrentar esta misma situación mientras atendían a la primera dama del estado, que fue conducida –como otros lesionados- sin las respectivas medidas de seguridad, ya que las de madera no tienen cintos ni están equipadas como las que son para este uso.
Volviendo al presidente del patronato de la institución, éste también sufrió de cerca la grave situación, cuando su padre se accidentó cuando iba con rumbo a la ciudad de Tecate y tuvieron que trasladarlo desde aquella localidad hasta esta frontera, con una camilla prestada.
Gutiérrez dijo a AFN que cada camilla, debidamente equipada –y que se queda durante días en las instalaciones del hospital- tiene un costo de tres a cuatro mil dólares, por lo que resuelta poco viable tener otras en almacén o a disposición para cada ocasión en que sean requeridas y que no se tengan dentro de su respectiva ambulancia.
De hecho confirmó lo que nuestras fuentes informaron, aunque con otras palabras:
“Lo que sucede es que llevamos a una persona al Hospital General y allí no tenemos dónde acomodarla, por lo que se quedan en nuestras camillas¨ y reconoció que en ocasiones éstas se quedan hasta dos días, en el lugar, sin poder recuperarlas “por la saturación en el área de urgencias del lugar”.
Refirió al respecto que es preferible tener una ambulancia en la calle sin camilla, que dejar de atender a la comunidad, argumentando además que todas éstas cuentan con una militar o espinal, con las que se puede dar el servicio de una manera segura.
Sin embargo en el accidente de su padre, no lo trasladaron en una de esas, sino en la que tenía la unidad de la vecina ciudad. El accidente ocurrió en la carretera de Ensenada a Tecate, cuando fue impactado de frente por un conductor que invadió su carril. Fue atendido por paramédicos de aquella ciudad, aunque se decidió trasladarlo a Tijuana.
Al momento de hacer el traspaso del paciente a la unidad de Tijuana, ésta no contaba con una camilla por lo que lo tuvieron que traerlo, como ya se dijo, en la de aquel municipio.
En el caso de la primera dama, ocurrido cuando el vehículo en el que viajaba chocó el pasado 5 de este mes de septiembre en Mesa de Otay. La unidad que atendió el accidente no contaba con su camilla porque ésta se encontraba en el Hospital General, lo mismo que otras cinco más, por lo que hubo la necesidad de utilizar la tabla o camilla espinal, en la que fue recostada y ya con ella en ésta, fue puesta encima del asiento que utilizan los paramédicos, para ir observando a los pacientes dentro de las ambulancias.
Interrogado sobre una solución para este problema, Salvador Gutiérrez respondió que sólo hay dos posibilidades: que el Hospital General incremente su capacidad de recepción y camas o que les apoyen con mayor presupuesto para adquirir otras unidades equipadas que pudieran esperar afuera del nosocomio general, hasta que les sea regresada la camilla.
Una ambulancia tiene un costo de 800 mil pesos, por lo que no es algo fácil de comprar con recursos propios, finalizó.
Las otras fuentes consultadas, coincidieron en que la solución estará cuando se abra el nuevo hospital del gobierno estatal, pero se haga o no esto a la brevedad, refirieron que no es justo que la Cruz Roja enfrente problemas y no dé la adecuada atención a los heridos o enfermos, por la inhabilidad del gobierno estatal de resolver su propio problema.