Nota: Gabriela Martínez Córdova
Fotos y video de Israel Martínez Páez
MEXICALI BC 1 DE SEPTIEMBRE DE 2012 (AFN).- Este sábado, jóvenes estudiantes de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) hicieron historia en México, al crear y lanzar hacia el cielo un cohete a escala: el Cimarrón I, en las inmediaciones de la Laguna Salada.
Hoy bajo un fuerte sol, y temperaturas que oscilaron entre los 30 y 40 grados, al filo de las 13:50 horas, por primera vez dentro del país, alumnos de nivel universitario que fueron capacitados por maestros de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, (NASA por sus siglas en inglés), vieron tocar el cielo al Cimarrón I.
Para la elaboración y éxito del primer proyecto que realizó una universidad en vinculación con otro plantel educativo de Estados Unidos y la Nasa, ocho estudiantes de la UABC de la carrera Ingeniería Aeroespacial del campus Valle Las Palmas, tuvieron que viajar y trabajar durante dos meses entre 15 y 20 horas diarias.
*.- Crónica del despegue
El sol naciente ya pegaba duro, poco antes de que llegaran los medios -9:00 horas- los alumnos junto con los asesores de la Nasa que los asistieron para la creación del Cimarrón I, instalaban uno a uno los componentes que integraron al cohete y no pararon de trabajar en ello durante las siguientes cinco horas.
Mientras tanto, bajo unas carpas improvisadas en las entrañas de la Laguna Salada, estaban los padres de los futuros ingenieros, bautizados por sus maestros como “El equipo del Tigre”, por su entrega durante los pasados dos meses y que fueron a la San José University en California, lugar donde tomaron las clases.
Mientras familiares, compañeros y medios de Tijuana, Mexicali y Ensenada esperaban, se convocó a la rueda de prensa; empresarios de la industria aeroespacial, así como el rector de la universidad, Felipe Cuamea Velázquez tomaron el micrófono y reconocieron el esfuerzo y aseguraron que hoy el trabajo de los alumnos pasó a la posteridad.
La hora pactada del despegue sería a las 10:00 horas, sin embargo una serie de dificultades se presentaron durante el transcurso del día e impidieron que el objetivo se cumpliera en un inicio, aunque la capacidad de respuesta tanto de los alumnos como de los maestros, permitió que poco más de tres horas después se hiciera el despegue.
Los rayos del sol fueron implacables, no dieron tregua para quienes estaban allí, pero mientras los invitados permanecían en la poca sombra que permitieron las carpas y bebieron las botellas de agua e hidratantes que comenzaron repartirse, los alumnos a poco más de 400 metros de distancia y sin sombra alguna, seguían trabajando.
Se apreciaba su continuo movimiento; corrían de un lado a otro; primero fue un tornillo el que faltó, luego el cable para pasar la corriente que daría el empuje para el despegue y no había batería suficiente. Los espectadores seguían esperando y continuaban bebiendo agua y procurándose algo de aire.
A la cuarta “fue la vencida”
No faltaron algunas quejas de los asistentes, cuando el calor se dejó sentir inclemente, pero se anunció el “conteo” y todo el público se puso de pie, para presenciar algo histórico en la vida de la universidad y la entidad.
Los presentes salieron del techo improvisado, la emoción contenida por fin surgió y se olvidaron del clima, parados a lo lejos del cohete, ya instalado, a por lo menos 400 metros de distancia. Se escuchó el conteo regresivo: “diez, nueve, ocho…”.
Sin embargo y ante la espera impaciente del público el cohete no despegó. Ya era casi mediodía, pasaron otros 15 minutos, regresó el conteo: “diez, nueve, ocho…”, y tampoco despegó. Los estudiantes seguían corriendo, llevaban herramienta nueva, material también; hablaban y pedían paciencia, todos la tuvieron y esperaron.
Explicó una de las alumnas, Adriana Yosandy Castellanos Medina, encargada de programar las acciones a seguir del cohete, que el cable utilizado perdía la corriente; que no era muy fuerte y que con el aire se terminaba antes de llegar a la nave. Llevaron una camioneta e improvisaron con su batería.
Ya pasada la una de la tarde, volvieron a anunciar el despegue, mientras que de lejos una voz bromeó: “que esta sea la buena”, comenzaron con menos ganas, “diez, nueve, ocho…”, pero el infortunio, otra vez, impidió el despegue, lo que ya hacía pensar en que el proyecto no cristalizaría. De lejos se vio como una de las asesoras junto con otros alumnos, corrieron y juntaron el cable; lo recortaron, a casi 10 metros de distancia y lo encendieron.
Fue a las 13:50 horas, cuando de nuevo el: “diez, nueve, ocho…”, ¡Y despegó! Cuatro minutos tardó en subir y tocar el cielo a 11 mil pies de altura y regresar a tierra, lejos de donde fue lanzado. La euforia de los estudiantes, alumnos, creadores y familiares, se apoderó del momento, todos aplaudieron, aunque en menos de cinco minutos quedó resumido el esfuerzo de dos arduos meses.
El clima pegó, pero después de ser testigos de un “hecho histórico” como lo llamó Cuamea Velázquez, el reconocimiento a los jóvenes “tigres” fue singular, en tanto ellos señalaron su interés por continuar desarrollando sus conocimientos en esta materia y su gusto por compartir sus experiencias con el resto de sus compañeros: “están en otro nivel”, agregó el rector.
El cimarrón I, necesitó dos meses de clases para sus creadores y de un trabajo diario de casi 15 o 20 horas: “pero valió la pena, no sé cómo explicar lo que siento”, dijo una de las creadoras, quien comentó que “su bebé (el cimarrón)”, pesó 24.5 kilogramos, y tuvo una altura de 3.2 metros, además de que se elevó a 11 mil pies de altura.
Sin embargo, su creación tuvo una vida aproximada a los 4 minutos, ya que en el cielo se desintegró; se partió en tres mientras descendía. Dos paracaídas que se abrieron, uno después de otro, amortiguaron su caída. Y allí, frente a casi un centenar de personas, fue contemplado como algo qué recordar para México.
Y es que se insistió en que por primera vez, estudiantes de nivel universitario, de entre 18 y 21 años de edad, fueron capacitados por instructores de la Nasa, aprendieron a crear (y lo hicieron), un cohete, que funcionó y que previo al Cimarrón I, volaron otro en Nevada, bautizado como “El Calis”, dijeron, Ahora el reto continua, con la pretensión de pretender elaborar otros que lleguen a alcanzar hasta los 50 mil pies de altura.
Los alumnos que intervinieron en este proyecto son: Josué Rodríguez Serratos, Ulysses Sotomayor Amezcua, Adriana Yosandy Castellanos Medina, José Humberto Ojeda Morán, Pamela Monttserrat Simental Ruiz, Jorge Lores Urrutia, Salvador Hernández Merino y Víctor Antonio Mora Osuna.