Columna
Dr. Marco Antonio Samaniego López *
TIJUANA BC 14 DE FEBRERO DE 2016.- La propuesta de candidatos independientes a puestos de elección popular es un tema que genera discusión en nuestros días. Lo que llama la atención es que las propuestas se ubicaron en la opinión pública y cuando menos para algunos sectores de la población, han generado interés y respuesta.
Quienes iniciaron las propuestas por la representación a través del voto, no consideraron originalmente la existencia de partidos políticos. El actor clave que surgió con la ilustración en el siglo XVIII, fue la necesidad de construir al ciudadano, quien a través del poder del voto, llevaría a quien considerara conveniente a los cargos públicos. Ejercer la representación ha tenido múltiples posibilidades de organización y la interpretación de cómo se practica su ejercicio ha generado acciones de diverso tipo.
En México el proceso ha tenido numerosos caminos diferenciados, pero es hasta el siglo XX cuando se consolidan partidos políticos. Sin embargo, el Partido Nacional Revolucionario (1929) posteriormente de la Revolución Mexicana (1938) y desde 1946, Revolucionario Institucional, surge desde el poder y para mantenerse como órgano dirigente. El calificativo de Partido de Estado, explica en mucho su origen y consolidación, aunque existen varias coyunturas importantes.
Los otros partidos de relevancia, como Acción Nacional o de la Revolución Democrática, han negociado en los últimos años un conjunto de propuestas. Desde cargos, gubernaturas o instancias municipales han generado un concepto que permite explicar parte de nuestra vida política: la partidocracia. Es decir, la apropiación de la vida política a través de sus organizaciones. Incluso, forman ¨bancadas¨, que se gestionan presupuestos y apoyos económicos que benefician a sus partidos políticos. Viven del presupuesto público y algunos de sus dirigentes, presumen sus relojes con costos estratosféricos. Sin duda, producto de un reparto de los recursos públicos en los que no se toma en cuenta la voluntad popular, sustento de las democracias.
Ante ello, las candidaturas independientes son una opción para reflexionar sobre el camino que ha tomado la construcción de la democracia en México. ¿Es justo que los partidos ubiquen presupuestos desde las cámaras para su propia existencia? ¿Tenemos un mejor país con esta forma de sostener a los partidos? ¿Han construido los partidos una democracia con verdadera representatividad? ¿Son, en todo caso, agencias de empleos que institucionalizan sus burocracias con recursos públicos?
Para quien esto escribe, resulta cómodo ser juez y parte. Los dirigentes de los partidos deciden sin la representación correspondiente quien gobierna y como se negocia. Es posible que se argumente que la formula funcionó para modificar el escenario político de un solo partido en el poder. Sin embargo, ¿no habrá llegado el momento de repensar el papel de los partidos políticos?
Las candidaturas independientes pueden colaborar en una coyuntura específica a modificar los escenarios de confort en que se encuentran los partidos sustentados en los recursos públicos. Si no es posible derrotar la partidocracia, cuando menos se puede tener la opción de que se reflexione sobre su papel en un país que ha cambiado y que requiere de darle mayor relevancia a la representación a través del voto. Es posible que los electores regresen a las urnas, sobre todo en Baja California, donde los índices de participación son tan bajos.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.
* Marco Antonio Samaniego López. Doctor en historia por el Colegio de México. Su tesis doctoral, Los ríos internacionales entre México y Estados Unidos, fue galardonada como la mejor tesis en el año 2004 por la Academia Mexicana de Ciencias. Es coautor del libro de Historia y Geografía de Baja California para tercer año de primaria. Coordinador de la obra Ensenada, nuevas aportaciones para su historia, así como el guión museográfico del Museo de las Californias. Recibió el premio nacional de investigación histórica Atanasio G. Sarabia en 1997. Autor del libro Nacionalismo y Revolución. Los acontecimientos de 1911 en Baja California. También ha escrito entre otros libros se encuentra Los gobiernos civiles en Baja California, 1920-1923. Un estudio sobre la relación entre los poderes locales y federal y Breve Historia de Baja California.
Ha publicado más de cuarenta artículos en revistas nacionales, internacionales y capítulos de libros.
Fue director del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Baja California en dos periodos, 1996-1999 y 2oo7-2011.