REFLEXIÓN DEL DIA.-
Por: Esteban Capella Ibarra
TIJUANA BC 9 DE SEPTIEMBRE DE 2026.- Dicen que una imagen dice más que mil palabras y creo que no se equivocan. La analogía de esta imagen, difundida como una fotografía de Andy López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, refleja una realidad de nuestro país: no hemos logrado salir de una cultura de privilegios e impunidad.
La imagen dice mucho porque, de acuerdo con el contexto en el que ha circulado, fue captada durante una cena privada en la que habría estado acompañado por empresarios y otras personas vinculadas con círculos de poder. Pero más allá de quiénes estaban sentados en esa mesa, lo verdaderamente importante es lo que la escena representa.
Morena llegó al gobierno como resultado del hartazgo de una sociedad cansada precisamente de los privilegios que proyectaron los partidos que gobernaron previamente. Primero el PRI durante décadas; después, la alternancia de dos sexenios con el PAN; y finalmente, un nuevo sexenio del PRI que llevó ese hartazgo a un punto de ebullición.
Entonces apareció un movimiento que prometió cambiarlo todo. Prometió austeridad. Prometió despojar de privilegios a quienes ostentaran cargos públicos. Prometió separar el poder político del poder económico. Prometió bienestar para los sectores más desprotegidos y aseguró que nunca más existiría un gobierno de élites.
Y hoy, paradójicamente, todo ese discurso puede confrontarse con una sola imagen: un personaje perteneciente a una de las familias políticamente más poderosas del país, reunido en privado con personas que concentran poder económico e influencia y fumando en un lugar cerrado, a pesar de que fumar en espacios cerrados está prohibido por la legislación mexicana.
Este último detalle no es menor. No se trata simplemente de un cigarro. Se trata de lo que representa: la percepción de que existen personas con suficiente poder, influencia o privilegios para hacer aquello que al ciudadano común le está prohibido. Precisamente ese tipo de privilegios fue lo que Morena prometió erradicar.
La discusión tampoco debería reducirse a si una persona puede reunirse o no con empresarios. Desde luego que puede hacerlo. El punto es la enorme distancia que puede existir entre el discurso político utilizado durante años para cuestionar a las élites y las imágenes que hoy proyectan quienes forman parte del círculo más cercano al movimiento que llegó al poder prometiendo terminar con esas prácticas.
Por eso una imagen puede decir más que mil palabras. Porque después de tantos discursos sobre austeridad, igualdad, transformación y el fin de los privilegios, una escena como ésta obliga a preguntarnos si verdaderamente dejamos atrás aquello que durante tantos años se criticó o simplemente cambiaron quienes disfrutan de esos privilegios.
¿Qué fue exactamente lo que cambió?
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor