La burra no era arisca la hicieron a palos
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La burra no era arisca la hicieron a palos

TIJUANA BC - viernes 19 de junio de 2026 - Dr. José Alejandro García Galván.
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*.- Memoria histórica ante la retórica de intervención

Dr. José Alejandro García Galván

Introducción:

Existe un refrán en la cultura popular mexicana que encapsula siglos de aprendizaje geopolítico frente a su vecino del norte: "La burra no era arisca... la hicieron a palos". Esta máxima no nace de la desconfianza ciega, sino de la dura experiencia de un país que ha visto su soberanía vulnerada en repetidas ocasiones bajo justificaciones retóricas que el tiempo terminó desmintiendo. En el complejo tablero de las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos, la historia no es un mero registro de archivos empolvados, sino un espejo que proyecta y descifra los acontecimientos del presente.

A la luz de las tensiones recientes y de las acusaciones sobre un complot frustrado para atentar contra la Casa Blanca durante las festividades del cumpleaños número 80 del presidente Donald Trump —donde agencias como el FBI y el DHS señalaron a un ciudadano de origen mexicano, beneficiario de DACA en su momento, de organizar a un grupo de estadounidenses, resulta imperativo recurrir a la memoria histórica. Este análisis no busca validar teorías conspirativas sin pruebas, sino evaluar con rigor académico y lenguaje claro cómo las narrativas de "amenaza externa" se han construido históricamente para capturar la opinión pública e inclinar la balanza hacia la intervención y el control de recursos estratégicos.

El origen del recelo: El Destino Manifiesto y la invasión de 1846

Para comprender la cautela mexicana, el primer punto de referencia obligado es la Intervención Estadounidense de 1846-1848. Bajo la doctrina del "Destino Manifiesto" —la creencia de que Estados Unidos estaba destinado por la providencia a expandirse de costa a costa—, el gobierno del presidente James K. Polk necesitaba un detonante que legitimara una guerra de conquista ante su propio Congreso y una opinión pública dividida.

La justificación llegó con la disputa por el límite territorial entre el río Nueces y el río Bravo. Al enviar tropas estadounidenses a patrullar la zona en litigio, Polk provocó una respuesta militar mexicana. El discurso posterior ante el Congreso fue contundente: "Sangre americana ha sido derramada en suelo americano". Esta retórica, que presentaba una provocación planificada como un ataque injustificado a la seguridad nacional, sirvió para legitimar una guerra que concluyó con la pérdida de más del 50% del territorio soberano de México. El patrón quedó establecido: se construye un escenario de vulnerabilidad o agresión para justificar el despojo de recursos y la expansión territorial.

La Revolución Mexicana y la Ocupación de Veracruz en 1914

El segundo hito histórico que ilustra esta dinámica ocurrió durante la Revolución Mexicana. En abril de 1914, bajo el pretexto del "Incidente de Tampico" —un malentendido menor donde marinos estadounidenses fueron arrestados brevemente y liberados de inmediato con disculpas por parte de las autoridades mexicanas—, el presidente Woodrow Wilson ordenó la ocupación militar del puerto de Veracruz.

La narrativa oficial estadounidense no se centró en la disputa de los marinos, sino en un argumento de "intervención humanitaria" e inestabilidad interna: la necesidad de restablecer el orden, proteger los intereses comerciales de sus ciudadanos y detener un supuesto cargamento de armas destinado al gobierno del usurpador Victoriano Huerta. Sin embargo, detrás de la fachada moralista de Wilson se escondía el profundo interés por salvaguardar el control sobre los abundantes recursos petroleros de la región de la Huasteca y asegurar que el destino político de México se alineara con los intereses de Washington. Una vez más, un incidente menor o sobredimensionado funcionó como el percutor de una acción militar en suelo mexicano.

Del enemigo comunista al "narco-terrorismo" y la retórica actual

Con el fin de la Guerra Fría, las narrativas de intervención en América Latina transitaron de la contención del comunismo al combate contra las drogas y el crimen organizado. En las últimas décadas, y de manera creciente durante las administraciones de Donald Trump, se ha venido tejiendo un discurso persistente que posiciona a México como un Estado fallido o "sometido por los cárteles de la droga".

Al etiquetar a los grupos criminales mexicanos como "organizaciones terroristas extranjeras", sectores políticos en Washington han abierto la puerta discursiva a la posibilidad de una intervención militar directa unilateral bajo el pretexto de la legítima defensa o el combate al fentanilo. Esta retórica despoja convenientemente al problema de su carácter bilateral —ignorando la millonaria demanda de consumo interno en Estados Unidos y el flujo ilegal de armas de norte a sur— para colocar a México exclusivamente en el papel de la amenaza que "debe ser contenida" o "ayudada" mediante la fuerza.

El complot del cumpleaños de Trump: ¿Percutor retórico o coincidencia?

Es en este marco histórico donde debe analizarse críticamente el reciente caso del supuesto complot frustrado en el evento de la UFC organizado en el jardín sur de la Casa Blanca por el cumpleaños 80 de Donald Trump. La acusación formal del FBI y el DHS señala a un inmigrante de origen mexicano, identificado como Abraham Hermosillo Álvarez, de coordinar a un grupo de ciudadanos de Ohio, Misuri y California para perpetrar un ataque con drones explosivos y francotiradores.

Aunque figuras del propio gobierno estadounidense, como el vicepresidente JD Vance, matizaron los hechos señalando que el plan "no estaba tan avanzado" y que los sospechosos ni siquiera se encontraban en Washington, la maquinaria mediática y discursiva ya se ha puesto en marcha. Para una sociedad estadounidense receptiva a narrativas de amenaza fronteriza, la figura de un inmigrante "indocumentado" (con estatus DACA vencido) liderando a estadounidenses para asesinar al presidente es el combustible perfecto para alimentar la xenofobia y justificar medidas de fuerza extraordinarias.

La realidad geopolítica contemporánea muestra que el interés de los Estados Unidos por influir o controlar el territorio mexicano no ha disminuido; al contrario, ante la creciente presión de inversiones asiáticas en la región, recursos estratégicos como las enormes reservas de litio del norte del país, el petróleo en aguas profundas y las tierras raras se vuelven activos de seguridad nacional para Washington. El peligro real radica en que un montaje, una exageración judicial o un evento aislado sea utilizado como el "incidente del río Nueces" del siglo XXI para legitimar intervenciones o presiones comerciales desproporcionadas.

Un llamado a la masa social crítica: Reflexión y soberanía

El pueblo de México no puede permitirse el lujo de la ingenuidad ni de la amnesia histórica. Cuando la retórica extranjera insiste en pintar un panorama de caos absoluto que "requiere ayuda externa", la sociedad mexicana debe responder con un pensamiento crítico agudo y una opinión pública cohesionada.

La soberanía no se defiende únicamente en las fronteras o en las cancillerías; se defiende en las aulas, en los medios digitales y en la conversación pública cotidiana, desmontando los estereotipos y las narrativas manipuladas que buscan fabricar el consentimiento para la injerencia. El gobierno mexicano, por su parte, debe estar más que preparado, diversificando sus alianzas globales y manteniendo una postura firme de no intervención, recordando siempre que la complacencia ante las narrativas hostiles suele preceder a la pérdida de derechos y recursos estratégicos.


 

Tres preguntas para no dormir tranquilos

  1. ¿De qué manera la cobertura mediática que sobredimensiona la participación de un ciudadano mexicano en conspiraciones internas en EE. UU. desvía la atención de las crisis políticas y sociales propias de la sociedad estadounidense?

  2. Si históricamente las intervenciones han tenido como fin último el control de recursos económicos, ¿qué papel juegan hoy el litio, el agua y las tierras raras en la intensificación del discurso de seguridad fronteriza de Washington?

  3. ¿Cómo puede la ciudadanía mexicana construir canales de comunicación alternativos para contrarrestar la propaganda que busca justificar la militarización o la injerencia extranjera en asuntos nacionales?


 

¿Y usted, qué piensa?


 

Referencias Bibliográficas

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