*.- No podemos bajar las manos, dice investigador
CIUDAD DE MÉXICO 8 DE ABRIL DE 2019 (AFN). – A casi 40 años de haber sido descubierto, la población le ha perdido el miedo al SIDA , lo cual es grave, porque esa es una historia que todavía no termina de escribirse y pasarán varios años más antes de que se pueda curar y erradicar dicho padecimiento, afirmó el investigador Javier Baez Villaseñor.
“Ya no vieron el impacto dramático y de un dramatismo/cinismo maravilloso pasaron a perderle el miedo al VIH”, afirmó este mexicano que ha dedicado la mayor parte de su vida a investigar este mal que apareció en 1981 -y sigue teniendo el carácter potencial de pandemia-, y que actualmente es Director Médico Asociado en el área de Virología de MSD, la compañía que produjo tres de los fármacos que ayudaron a frenar la pandemia.
Baez se refirió particularmente a las nuevas generaciones porque “Ellos creen que no tienen riesgo, y ese es el factor de mayor riesgo para el VIH. En principio los enfermos se trataban por miedo, mas no por conciencia”.
A la fecha, creen que esto es algo que ya pasó, se sienten inmortales, incapaces de infectar a otros, y en ese sentido, “Los jóvenes son un riesgo epidemiológicamente hablando”, agregó.
Después de varias etapas de avance médico, producto de los hallazgos científicos y el desarrollo farmacéutico, hoy incluso se comienza a presentar un nuevo fenómeno pues el VIH se acompaña de la geriatría.
En el nuevo escenario al haberse elevado la expectativa de vida de los pacientes, los enfermos de mueren por afecciones propias de la avanzada edad que por el VIH mismo, y su tasa de sobrevida supera a las personas sin la enfermedad.
La explicación a esto es que los pacientes de VIH si se sienten mal corren al médico, tienen consultas y exámenes periódicos, evaluaciones frecuentes, y, en resumen, lo que les pase se lo van a tratar, en un comportamiento que sería deseable en pacientes no enfermos de VIH.
Casi 40 años después de la aparición del VIH, el doctor Baez asegura estar preparado para pasar la batuta a los nuevos investigadores que deberán dar seguimiento al tema, porque en este libro “aún falta mucho por escribir” antes de pensar en una cura.
“El virus se ha reído de nosotros por décadas”, aceptó.