TIJUANA BC 21 DE JULIO DE 2016 (AFN).- Los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Baja California, se dieron cita en lo que fue su tercer jueves de julio (21 de julio) para realizar su peregrinación anual, en compañía de los grupos representativos de las diócesis de La Paz, Mexicali, Ensenada y Tijuana.
El Administrador Apostólico, Monseñor Rafael Romo Muñoz, informó que mediante esta peregrinación rinden su amor, veneración y piden bendiciones a la Santísima Virgen María.
“Es algo que nos distingue a los católicos el amor a María por el reconocimiento en ella de tantas gracias, de tantas maneras que Dios, a través de ella, se hace presente en nuestras vidas”, expresó.
Recordó las palabras que la Virgen de Guadalupe dijo a San Juan Diego: “No estoy yo aquí que soy tu madre”. Y destacó que la Virgen intercede por nosotros.
En México, refirió, todos los obispos organizan cada año una visita a Nuestra Señora de Guadalupe, donde acompañados por sacerdotes, religiosas (os) y fieles hacen una peregrinación.
“María ocupa un lugar sumamente importante, fue escogida particularmente por Dios entre millones y millones de mujeres para ser la madre de Dios”. María, añadió es la mediadora para que Jesús se encarnara, y en el Credo decimos que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre.
Es por ello, que la Virgen María ocupa un lugar sumamente importante por lo que la llamamos santísima, y no solamente santa como a los demás santos, destacó Romo Muñoz.
Además, dijo que la paternidad de Dios es el prototipo de todo hombre, y la Virgen María es el prototipo de toda mujer.
Explicó también que hay sólo 3 apariciones que la Iglesia acepta y difunde: La Virgen de Guadalupe, Nuestra Señora de Lourdes y Nuestra Señora de Fátima.
Fundamentalmente María es inmaculada. Es la gran prerrogativa de María por ser madre de Dios. Otra grande prerrogativa es la asunción de haber sido llevada al cielo.
Y de las tres apariciones la mayormente singular es la de Nuestra Señora de Guadalupe, porque dejó su imagen estampada en la tilma de San Juan Diego, y que hasta nuestros días está intacta, concluyó Monseñor Romo Muñoz.