Padres de los 43 de Ayotzinapa, el otro rostro
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Padres de los 43 de Ayotzinapa, el otro rostro

GUERRERO - domingo 27 de marzo de 2016 - La Silla Rota.
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GUERRERO 27 DE MARZO DE 2016 (La Silla Rota).-  A Hilda Legideño la crío su abuela como otra de sus hijas. Le inculcó que sólo una vez debía casarse. Antes de que cumpliera los 20 años vivía con Antonio Tizapa, su esposo. Su único novio.
 
A Antonio no lo ve desde hace 16 años, emigró hacia Estados Unidos en busca del sueño americano, es parte del millón de migrantes mexicanos en ese país, de acuerdo a la Secretaría de los Migrantes y Asuntos Internacionales (Semai).
 
La abuela también le inculcó la cultura de esfuerzo. Trabajó desde los ocho años. ‘La Pineda’, la tienda de abarrotes más grande de su pueblo (Tixtla) fue su primer lugar de trabajo. Así pudo cubrir los gastos de la escuela.
 
Estudió el Conalep y aprendió taquimecanografía. Hasta antes de casarse se dedicó al secretariado.
 
Su matrimonio fue breve, de unos seis años quizá. A su marido le ganó la idea de que en Nueva York le pondría remedio a todas sus carencias económicas. Pero el dinero nunca abundó para Hilda y sus hijos. Hilda y Antonio tuvieron tres hijos: Jorge, Arely e Iván.
 
A Antonio lo desbordó la vida del gabacho. Es la única explicación que encuentra Hilda para que no regresara.
 
Antonio Tizapa continúa en Nueva York y su nombre figura en la Internet como maratonista. En noviembre completó el maratón de la ciudad y repitió en la carrera de hace unos días. Su participación es con causa, más que profesional: en el pecho siempre lleva estampado Ayotzinapa 43.
 
El dinero que Antonio le envió cuando sus hijos eran pequeños, Hilda lo invirtió haciendo piñatas y cortinas de papel. En Guerrero, los cumpleaños se celebran con las cortinas de papel. A Hilda le gusta hacer piñatas.
 
Aprendió a hacer aretes y pulseras de bisutería. Así también mantuvo a sus hijos. Jorge y Arely ya la hicieron abuela.
 
Hilda tiene habilidad para crear cosas. Hace seis meses cosía una servilleta con un tejido especial: cruza hilos en forma de pequeños cuadros, con una mezcla de colores. Aprendió esa técnica con el colectivo HIJOS México en la Normal Rural de Ayotzinapa.
 
Su vida cambió hace unos meses, ya no le cocina a Iván, su hijo menor (18 años), se alejó de él. No se enteró cuando se inscribió en Ayotzinapa para estudiar la carrera profesional de maestro. Lo supo hasta que volvió de Sudamérica. Lloró. "Otra vez no", dijo entonces.
 
Durante los últimos 18 meses, Hilda ha pisado cuanto foro le abrieron en el país y el extranjero. Menos su casa. Lo mismo viajó a Coahuila que Chiapas, Guanajuato, Colima, Michoacán que a Argentina, Uruguay, Brasil, Bélgica, Suiza y Canadá. Continúa viajando.
 
Desde hace 18 meses, Hilda busca a su hijo Jorge Antonio Tizapa Legideño, uno de los estudiantes desaparecidos.
 
Los padres de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa son el otro rostro de la cifra.

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