Sentados en el suelo o recargados contra los tubos, los integrantes de varias familias se resguardaban del sol con sombrillas y gorros, mientras se ponían al tanto de los asuntos familiares con quienes no pueden verse de otra manera por cuestiones de migración.
Las barreras colocadas por el gobierno estadounidense, impide cualquier contacto físico, y la diminuta malla en éstas colocada, no permite ni un roce con la punta de los dedos entre los familiares dispersos en dos diferentes naciones.
Y cuando los visitantes del “lado” estadounidense, atravesaron el primer muro, con “rumbo” a México, sólo lograron quedar frente a otra barrera que ni siquiera los deja observar por completo a quienes les hablan desde territorio nacional.
Como ocurre desde hace varios años, las conversaciones entre familiares y amigos separados se prolongan durante horas, siempre bajo la atenta vigilancia de los agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos.