Por Manuel Villegas
TIJUANA BC 6 DE SEPTIEMBRE DE 2026 (AFN).- El presidente Donald Trump nos contó un chiste de cocina. Fue su menú de los más económicos, rápido y al vapor, pero en realidad representa cifras que pesan mucho más que un opíparo y bien servido plato mexicano.
Fiel a su estilo, Trump lo ha vuelto a hacer. Con ese estilo, tan suyo, ha resumido toda la economía de México en una frase divertida, y hasta suena deliciosa, dadas nuestros tradicionales platillos, pero que en realidad está corta de miras.
Según él, aquí lo nuestro son, básicamente, tamales y tomates. Suena simpático. Como si nuestro país fuera un puesto callejero gigante que sólo ofrece comida rica. Y nada más. Pero…
La cosa pinta así: Trump dijo que Estados Unidos “pierde” mucho dinero con nosotros. Que apenas tiene necesidad de lo que producimos, aseguró el hombre. Salvo por nuestros famosos tamales, tomates y “un par de cosas más”. Qué sencillo se oye todo, si se habla en términos gastronómicos; pero la economía tiene reglas propias, y México no cabe en una receta tan pequeña.
De inicio estamos de acuerdo, coincidimos, pues, que vendemos frutas, verduras y comida excelente a nuestros vecinos. Pero ¿Qué más cruza la frontera?. ¡Automóviles completos!, piezas de altísima precisión, equipos electrónicos, tecnología aeroespacial, maquinaria pesada, dispositivos médicos… ¡y mucho más!.
¿El presidente quiere cifras?. Aquí hay algunas. En 2025, las exportaciones mexicanas alcanzaron un récord de casi 665 mil millones de dólares. El comercio bilateral ronda cifras impresionantes, cercanas a los 800 mil millones. Si esto fuera sólo negocio de comida, la mexicana sería la franquicia más poderosa del planeta, dejando a cualquier otra marca muy atrás. Pero no. Es ingeniería, manufactura, innovación y asociación estratégica.
Y aquí viene una curiosa contradicción, ya que mientras “Míster President” canta y baila esa melodía de que en México “todo es tamal”, el equipo comercial y jurídico que mueve a Estados Unidos, conoce la verdad del entorno económico binacional.
Los equipos de comercio, asesores, y quienes realmente entienden cómo funcionan las fábricas y flujos fronterizos, reconocen sin rodeos que México es el socio principal. Saben muy bien que, bajo el Tratado Comercial, no sólo nos compramos cosas: Fabricamos juntos.
Una pieza hecha aquí va a terminar en un auto allá. Un componente armado en Estados Unidos regresa por acá, las empresas comparten plantas, trabajadores, conocimientos y rutas desde hace décadas. Existe colaboración profunda.
Es una verdad absoluta que, si a México le da tos, hay industrias estadounidenses que sienten resfriado de inmediato. Así de integradas están las economías.
Por eso, en 2026 se sigue trabajando en lograr acuerdos, cuidar las relaciones, buscar estabilidad. El resto es retórica. Es palabrería suelta. La realidad es la inversión y dependencia mutua.
Modificar cadenas de suministro, redes de transporte, infraestructura firme, experiencia calificada, confianza entre empresas. No se puede sustituir todo eso de la noche a la mañana sólo con decir: “No los necesitamos”. Hacerlo sería costoso, lento e impredecible; y más por la realidad geográfica.
Reducir todo un país a “tamales picantes y tomates” es cómodo para el discurso, para sonreír un ratito. Pero que no nos engañen con el menú económico, rápido y al vapor. La metáfora entretiene, nos hace reír y se recuerda fácilmente. Pero los números, los hechos, la dependencia, están ahí. Imperturbables.
Así que, señores, México no es un socio que sólo ofrece antojos deliciosos. México es un motor de manufactura, de tecnología, de entrega comercial, con cifras millonarias, con productos que viajan y con alianzas a prueba de fuego verbal.