MÉXICO DF 15 DE OCTUBRE DE 2012 (lasillarota.com).- En los casi doce años que ha estado a la cabeza del gobierno el Partido Acción Nacional (PAN), la adquisición de vehículos blindados se incrementó en México en un 70 por ciento, ante el miedo desatado por la ola de violencia que creció sin control.
Esa situación colocó a las empresas mexicanas −en los sexenios panistas− en el primer lugar de esta industria en Latinoamérica, con ganancias estimadas en unos 100 millones de dólares producto del blindaje de alrededor de 2 mil 500 vehículos (sólo en 2011), según datos de la comunidad de empresarios dedicados a esta actividad y agrupados en la Asociación Mexicana de Blindadores de Automotores (AMBA).
Su balance más reciente sobre la evolución de este sector empresarial revela que, “en los últimos 12 años, la adquisición de estos vehículos creció 70%, con lo cual nuestro país es el segundo fabricante y comercializador a nivel mundial”, indica el reporte de la AMBA.
Se trata de una rama industrial pequeña pero vigorosa, que da trabajo a unas 20 mil personas, y que está integrada por 50 empresas legalmente registradas ante la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal, en un universo en el que las siete principales armadoras de autos y camionetas blindados se reúnen en la AMBA, la cual controla el 60 por ciento del blindaje de alto nivel en México.
Las empresas blindadoras se establecieron en México de manera formal y con una planta modesta, en los inicios de los años setenta. Su evolución fue lenta y sólo atendían a corporaciones policiacas y a altos personajes de la política nacional. El resto de la población no necesitaba recurrir al blindaje para andar en las calles de país.
Pero la situación cambió a finales de los años noventa. El aumento de la delincuencia y el calibre de sus acciones obligó a una evolución de las compañías blindadoras automotrices.
Crisis en seguridad
Al inicio de la década pasada, Brasil y Colombia eran los líderes en el ramo del blindaje, extendiendo la oferta con niveles de protección más resistentes. En los peores momentos de la violencia callejera en Rio de Janeiro y en Bogotá (con las FARC atacando puntos estratégicos y personajes de todos los niveles), el blindaje se hizo necesario para moverse de una ciudad a otra.
Colombia alcanzó en los noventa el primer lugar mundial en el ramo, mientras en México las blindadoras intentaban organizarse. La AMBA nació en el 2000 y reunió a un puñado de compañías; las más fuertes concentraron poco a poco la producción, compra, venta e importación de autos y camionetas, no sólo para policías y políticos, sino también para civiles de diversos sectores.
El mercado se fue extendiendo a medida que la violencia generada por la ola de secuestros se esparció en el gobierno de Vicente Fox. A mitad del primer sexenio panista, los cárteles del narcotráfico comenzaron a diversificarse y a intensificar su presencia, sus disputas y el nivel de violencia en la zona norte del país.
El blindaje creció en forma inusitada y fue hasta 2008 –dos años después de que Fox decretó la Ley Federal de Seguridad Privada– cuando, en el segundo sexenio panista, los socios de la AMBA y las otras blindadoras del país quedaron registradas formalmente en la SSP.
Fernando Echeverri Posada, presidente de la AMBA, ha reconocido, en entrevista, una realidad innegable: la crisis de inseguridad y violencia que vive México ha posibilitado el llamado ‘boom’ de la pequeña, pero dinámica industria del blindaje de autos.
Los narcos también blindan
Paralelamente al desarrollo del blindaje de alto nivel, capaz de resistir disparos de armas automáticas calibre 7.62 y 5.56 (de fusiles AK-47, AR-15, Galil, Steyr, Heckler & Koch, Herstal, Colt) se dio un auge del blindaje artesanal usado por los narcos en camionetas Pick up.
Datos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) proporcionados en 2011, mediante la Ley Federal de Acceso a la Información, revelaban que el blindaje artesanal iba en aumento y que en los últimos dos años se habían asegurado 322 vehículos blindados de fábrica, sobre todo en los estados de Sinaloa (25 en 2010 y 40 en la primera mitad de 2011), así como Tamaulipas (53 en 2010 y 63 hasta junio de 2011).
La Sedena indicaba que el Jeep Cherokee blindado es el vehículo más buscado por el crimen organizado. En cuanto a los controles de la SSP federal sobre las blindadoras legalmente registradas, los datos de la dependencia apuntaban a la existencia de 48 empresas dadas de alta, casi todas en 2008.
De estas, 43 tenían registro y autorización para operar a nivel nacional. Casi un año después, la cifra es de 50 empresas debidamente registradas y autorizadas, confirmó Fernando Echeverri.
El empresario de origen colombiano recuerda la expansión del blindaje automotriz como uno de los recursos del Estado colombiano para proteger a sus funcionarios y a personajes clave. En muy pocos años, el blindaje se extendió al nicho de los empresarios y de todo aquel ciudadano que pudiera pagar 10 mil o hasta 50 mil dólares en aquellos años para protegerse del narco, de la guerrilla, de los paramilitares, de los secuestradores o del delincuente común en las calles colombianas.
Cuando Álvaro Uribe llega a la Presidencia de Colombia, cuando comienza a bajar la violencia y a detenerse la ola de ataques, ocurre que la gente se siente segura y deja de blindar sus autos.
La industria, que en las décadas de los ochenta y parte de los noventas blindaba unos 5 mil vehículos por año, sencillamente de desplomó, se vino abajo, dice Echeverri. “Algunos empresarios cambiaron de giro y otros de inmediato emigraron a países vecinos como Venezuela, en donde la inseguridad comenzó a crecer rápidamente”.
Lo mismo comenzó a ocurrir en México, en donde el blindaje como actividad formal se instaló en 1995, pero sin controles, leyes o reglamentos que lo delimitaran y mantuvieran bajo control.
Hoy, la violencia detonada en dos sexenios panistas catapultó a la industria del blindaje automotor en México, en donde si bien no se ha llegado a los niveles de producción de los años más violentos de Colombia (con 5 mil vehículos blindados por año), sí ha colocado al país en un paradójico segundo sitio en este ramo, de acuerdo con datos de la AMBA.











