24 horas de un nuevo día de vida
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24 horas de un nuevo día de vida

TIJUANA, BC - domingo 14 de octubre de 2012 - Juan Manrique.
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Por: Juan Manrique

TIJUANA BC 14 DE OCTUBRE DE 2012 (AFN).- Para Javier "N" de 60 años de edad, cada 24 horas son un día más de vida y sin recaer el el alcoholismo; cuenta el hombre que a los 15 años inició a tomar alcohol, y terminó ingeriendo estas bebidas de una manera cotidiana al menos tres veces al día, ya que llegó al extremo de que "necesitaba el brandy para trabajar y dormir".

Javier, como se identificó con Agencia Fronteriza de Noticias (AFN), ya que pertenece al grupo Alcohólicos Anónimos (AA), está en tratamiento desde hace diez años ininterrumpidos, sin consumir una sola copa de vino, o en su caso como él mismo dice, de brandy, bebida que formaba parte de su vida y la tomaba para poder dormir y mantenerse tranquilo para poder realizar su trabajo, que son las ventas.

Al cuestionarlo sobre el inició de su día en la época más difícil de su enfermedad, confesó que al levantarse se dirigía al baño, en donde escondía un "cuartito" de licor, el cual compraba desde una noche antes para curarse la "cruda", después se aseaba y se dirigía a intentar trabajar.

Al paso de un par de horas, continúa narrando al reportero, "no aguantaba la ansiedad y me temblaban las manos, por lo que me iba a tomar unos tragos", y al notar que ya tenía aliento alcohólico, prefería hacer llamadas telefónicas a sus clientes, para no ser detectado.

Ya de regreso por la tarde a su hogar, hacía una escala para comprar dos "tablitas", para "poder dormir e iniciar mi día, una la guardaba en el closet y la otra en el baño", agregó que las tenía que mantener ocultas para que su esposa no las encontrara.

Sobre su familia, contó que estuvo a punto de perderla, ya que a pesar de no comportarse de una manera adecuada, su compañera ya le había advertido que no podían continuar con la relación, ya que su hijo de 16 años, estaba tomando alcohol.

Refirió Javier que no tenía autoridad moral para reprimir a su hijo, ya que él se lo había enseñado sin darse cuenta, por lo que un día decidió acudir a sus primeras 24 horas de una nueva vida, acercándose al "doble A", sin tomar su acostumbrado brandy.

En Tijuana hay múltiples historias similares a la de Javier, con igual, mejor o peor suerte que la de nuestro entrevistado; y como opción para ayudarles existe la Central Mexicana de alcohólicos Anónimos, quienes dan pláticas por una hora y media a diario, con lo que ayudan a mantenerse sobrios a quienes desean alejarse del alcohol, cuyo consumo es considerado una enfermedad sin cura, y para el cual sólo existe el tratamiento para no volver a recaer.

 

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