*- Información proporcionada por Kaleydoscopio.mx
La participación en el trabajo ha cambiado y ahora son más las madres y padres que salen de casa para garantizar una buena vida a la familia, lo que ha llevado a científicos a indagar sobre qué pasa ahora en las casas donde la comida no es un acto integral.
¿Quién hubiera pensado que la nutrición de un niño estaría afectada porque sus padres están preocupados por el trabajo?, pregunta Katherine Bauer, investigadora de salud pública del Centro de Investigación y Educación sobre la Obesidad de la Universidad de Temple.
Una investigación que aparece en la revista Social Science & Medicine cuenta que Bauer y algunos de sus colegas usaron datos de un estudio de más de 3,700 padres de adolescentes que vivían en un área metropolitana del Midwest de Estados Unidos.
64% de los papás y 46% de las mamás tenían empleo de tiempo completo. Las mamás empleadas de tiempo completo tenían menos sesiones de comer en familia, servían más comida rápida y tenían menos oportunidad de aconsejar a sus hijos adolescentes de comer sano.
Ellos tenían una ingesta más baja de frutas y verduras y pasaban menos tiempo preparando comida que las mamás que trabajaban medio tiempo o que no estaban empleadas.
La única diferencia de los papás, según el estatus laboral, fue que los trabajadores de tiempo completo pasaban menos horas en la preparación de comidas que los que trabajaban medio tiempo o no tenían empleo.
Las mamás en general preparaban más las comidas que los papás, independientemente de su estatus laboral, apuntó Bauer.
Los padres con niveles altos de estrés se alimentaban con comida rápida en los almuerzos familiares, aconsejaban menos a sus hijos a comer sano y comían menos porciones de frutas y verduras al día.
Las mamás con niveles altos de estrés servían en promedio 4 comidas familiares por semana, mientras que las que tenían niveles bajos de estrés servían 5.5 comidas. Los papás con niveles altos de estrés tenían 4.1 comidas en familia y los que tenían niveles bajos de estrés 5.7 comidas.
Los hallazgos no resultaron sorprendentes para Alice Lichtenstein, profesora de ciencias y políticas de la nutrición de la Universidad de Tufts, en Boston. “El estrés laboral puede afectar muchas áreas de la vida diaria, incluso los horarios y la calidad de las comidas”, advirtió.
A la pregunta de cuál es la solución, Bauer respondió: los niños deben aprender a preparar y cocinar comidas. Toda la familia también puede ayudar con la compra de alimentos.
“Una parte importante de la ecuación es asegurar que todos los miembros del hogar sientan confianza al ayudar, ya sea que los niños pequeños preparen la lechuga y pongan la mesa o que los más grandes cocinen”, comentó Lichtenstein.
“La clave es tener los ingredientes básicos y el conocimiento sobre cómo usarlos para preparar comidas”, concluyó.