*.-"Me corrieron de mi casa a los 13 años"
CIUDAD DE MÉXICO 7 DE JULIO DE 2026 (AGENCIA MÉXICO).- El actor Luis Ernesto Franco abrió su corazón durante una entrevista con Pati Chapoy, donde habló de los difíciles episodios que marcaron su infancia, la separación de sus padres, el sentimiento de abandono que lo acompañó durante años y cómo esas experiencias influyeron en su vida.
El protagonista recordó que sus padres se divorciaron cuando él tenía apenas cuatro años, momento en el que comenzó una etapa llena de cambios.
"Son temas o historias que me contaron y nunca profundicé. Ya yo de adulto pensé lo mismo. ¿Cómo un niño puede decidir quedarse con su papá? Sin embargo, yo no recuerdo haber dicho: 'Me quedo con mi papá'".
Luis Ernesto explicó que, tras la separación, permaneció con su padre y con su tía Gloria, quien terminó convirtiéndose en su figura materna al adoptarlo.
"Se divorciaron cuando yo tenía 4 años, no volví a ver a mi mamá biológica hasta que yo tenía 11, y de los 4 a los 7 viví con mi papá y con mi tía Gloria, que es mi mamá Gloria, me adoptó. A los 11 vuelve mi mamá biológica, me voy a vivir con ella de los 11 a los 13, y a los 13 ya me fui, ni con mi papá ni con mi mamá".
Al ser cuestionado sobre cómo terminó viviendo solo a esa edad, el actor fue contundente.
"Me corrieron. Era muy rebelde. Un adolescente con tanto rencor... andaba en malos pasos. Entonces, yo creo que no se quisieron hacer responsables si cometía alguna estupidez o algo así. Total que me fui de casa de mi mamá a los 13 años".
Durante varios años vivió de casa en casa con distintos familiares y amigos, una situación que, asegura, lo hizo sentirse fuera de lugar.
"Hasta los 17. Viví con mi tía Banqui, con mi tía Ana, con mi abuela, con mi tía Selene, con amigos. Nunca me corrieron, pero yo no me sentía cómodo; era un extraño dentro de su familia. Siempre tuve problemas con la autoridad, no me gustaban las reglas, me iba... y así me la pasé".
El actor confesó que gran parte de su rebeldía surgía de las heridas emocionales que arrastraba desde niño.
"Mi infancia no fue una infancia feliz. Yo crecí con traumas y con heridas de abandono que tienen que ver mucho con mis mamás. Primero mi mamá biológica. A los 4 años yo no entiendo por qué se va. Luego se me olvida que tengo mamá biológica porque crezco con mamá Gloria, que de verdad fungió como una mamá, súper amorosa. Yo fui muy feliz, pero después también se va. Entonces nunca hice las paces con el abandono, con el 'no me quieren', con el 'no valgo'".
Franco reconoció que durante muchos años buscó respuestas de sus padres y les reclamó por las decisiones que tomaron cuando era niño.
"Fue mi eterno pleito con los dos. Yo quería razones, quería el porqué de todo. Hasta que crecí e hice las paces con ellos, gracias a Dios antes de que se fueran, porque hice las paces antes de que murieran. Dejé de preguntarme el porqué de sus decisiones".
Con el tiempo comprendió el contexto en el que nació. Sus padres apenas tenían 20 años y, según relató, su matrimonio ocurrió debido al embarazo de su madre.
"Me tuvieron muy chicos. Tenían 20 años. Ya ni eran novios. En una fiesta, en una borrachera, se encuentran... mi mamá sale embarazada. Como eran de Tepic y de una familia tradicional, se casan. Duraron cuatro años juntos nada más".
Finalmente, Luis Ernesto Franco explicó que a los 17 años tomó la decisión de mudarse a la Ciudad de México con un objetivo muy claro.
"Para ser famoso y rico".
Aunque en ese momento pensaba que el éxito profesional resolvería todos sus problemas, hoy reconoce que detrás de ese sueño existía una profunda necesidad de sentirse amado y valioso.
"Eso era lo que yo creía que era el éxito. Pensaba que cuando llegara a ese punto iba a ser feliz, me iba a sentir amado, iba a tener paz. Quería ser visto, quería ser reconocido. Yo creo que tuve muy baja autoestima toda mi vida. La historia que yo me contaba era: 'No vales, por eso te abandonan. No vales, por eso te dejan. No vales, por eso te traicionan'".
Como parte de su proceso de sanación, Luis Ernesto Franco aseguró que con el paso de los años logró perdonar a sus padres y comprender las circunstancias que enfrentaban cuando nació. El actor afirmó que hacer las paces con ellos antes de su fallecimiento le permitió dejar atrás el resentimiento y entender que el abandono que sintió en su infancia no definía su valor como persona, una reflexión que hoy comparte con la intención de ayudar a quienes han vivido experiencias similares.