Que no se apague la luz
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Que no se apague la luz

MÉXICO DF - domingo 15 de noviembre de 2015 - La Silla Rota.
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Columnista: La Silla Rota
Por: Adrián Nieto Muratalla

MÉXICO DF 15 DE NOVIEMBRE DE 2015 (La Silla Rota).- “Nuestro mundo no se alimenta de petróleo, ni de dinero, ni de sueños, ni de dioses. Nuestro mundo se alimenta de confianza…”: Cortometraje Sundays, de  Mischa Rozema, 2015.
 
Cerramos la puerta, me aseguro de cerrar a doble llave por si acaso eso sirviera de algo, casi es media noche. Mi teléfono no deja de sonar y priva un ambiente de nerviosismo, de peligro inminente no sabemos qué está pasando. Tres… cuatro, quizá seis de mis contactos me piden que les cuente qué está pasando en París para tener una versión o testimonio instantáneo a ofrecer a algún medio informativo, yo a duras penas sabía más allá de lo que a mi experiencia personal se limitaba. De entre esos contactos surge la invitación de colaborar con una entrada en este medio; lo reflexioné y eso es lo que intentaré hacer en las siguientes líneas, también a modo de catarsis.
 
Cómo buen aficionado al fútbol y estudioso de las Relaciones Internacionales, el partido Francia (próximo anfitrión de la decimoquinta edición de la Eurocopa 2016) contra Alemania, se antojaba para un buen espectáculo, tan es así que para presenciar el duelo ante estos históricos rivales el presidente galo François Hollande se dio cita en el palco de honor, aunque se tratara de un partido amistoso.
 
En Francia se sabía que por la tarde el equipo alemán había sido desalojado del hotel Molitor de París por una amenaza de bomba. Como es frecuente en esta ciudad, durante el día se dieron varios avisos de “paquetes sospechosos” en diversas líneas del metro con las respectivas dificultades que ello implica en la circulación de los trenes. Hasta aquí, nada extraño todas estas alertas y “paquetes” en el metro se han vuelto algo casi rutinario para los parisinos, los desalojos y amenazas han incluso llegado varias veces hasta la emblemática torre Eiffel. 
 
Llegando al Stade de France nos sentamos  en el ala oeste, tribuna baja, puerta “X” la señal de celular e internet era inservible como sucede en muchos eventos masivos. Todo transcurría con normalidad cuando aproximadamente al minuto 15, se escuchó un fuerte estallido en el ala este, que causó un apenas perceptible desconcierto en los jugadores. Yo (como seguramente muchos otros) pensé: Debe tratarse de fuegos pirotécnicos, algún inflable gigante, una bengala cualquier cosa…. Cinco minutos más tarde dos estallidos consecutivos se vuelven a escuchar en el estadio, esta vez nadie se inmuta.
 
El partido siguió con normalidad un estadio pleno: 80 mil personas, tapizado con la bandera francesa, que se agitaba por la victoria temporal de sus connacionales. Así, llegamos  al minuto 80  del partido cuando mi novia  me indica que sus amigas están muy preocupadas por nosotros, que hay ataques por toda la ciudad y ataques con bomba en el estadio, que el presidente fue inmediatamente evacuado. Entonces todo tuvo sentido. Acordamos salir en ese momento.  
 
Ya a las puertas del inmueble varias personas estaban enteradas de los hechos moviéndose en todas direcciones entorpecidas por el miedo: – ¿Y si tomamos el metro, y si mejor el tren suburbano (RER)? No, ambos pueden ser blancos de ataque como pasó en Madrid o Londres. ¿Y si pedimos un Uber? No hay señal, y están cerradas todas las avenidas-. La explanada del estadio se comenzó a llenar de todo tipo de fuerzas de seguridad: gendarmería, ejército, grupos antimotines, policía local. Entre todos hicieron una especie de línea formando una valla humana para guiar a la desorientada multitud hasta la entrada del RER. Minutos más tarde se cerrarían las puertas del estadio y se invitaría a la gente a bajar al campo para resguardarse. Se decretó una alerta máxima.
 
En el transcurso hacia a la casa  lamentablemente nos enteramos que la tragedia alcanzó a un par de amigos de mi novia, quienes asistieron al concierto del grupo californiano Eagles of Death Metal en Le Bataclan; que fueron siete ataques coordinados en diferentes puntos de la ciudad y que el saldo preliminar fueron alrededor de 128 muertos y 250 heridos de acuerdo con el diario francés Le Figaro.
 
Hoy, el día transcurrió de manera extraña, las calles mucho más vacías que de costumbre, los típicas terrazas de los cafés parisinos casi desiertas. La  gente teme que la vida en la Ciudad Luz no vuelva a ser la misma. Existe el temor de que el racismo y la xenofobia se radicalicen, que todos se miren con suspicacia. Una distopía (antiutopía) donde se rompen lazos de empatía, todo mundo desconfía del prójimo y esto se vuelve una cacería de brujas. 
 
París es una ciudad que se hizo para contemplarse, para que la vida tome lugar en los espacios públicos, esa es buena parte de su esencia. Los terroristas con su  ideología medieval atacaron el corazón del mundo occidental, donde la gente hace más de dos siglos se cansó de la superchería de un puñado que los gobernó durante mucho tiempo por un tal mandato divino, una época de oscurantismo y desigualdad extrema donde el libre pensar estaba prohibido y todo era herejía merecedora de los más brutales castigos.
 
Fue en Francia donde buena parte del pensamiento científico moderno nació y dejaron atrás las explicaciones mágicas de extraños seres imaginarios a quienes se les responsabilizaba de todo.  De ahí el mote de Ciudad Luz y creo yo, también de ahí la peculiar reacción cada que una tragedia de este tipo sobreviene en esta ciudad, o en general al país que ha hecho aportes considerables a la configuración del modelo occidental de Estado moderno.
 
Hace un rato leía  una frase que una amiga compartió en Facebook: “¿Qué es lo que atacaron? Atacaron la música, el deporte, la gente que sale una tarde a distraerse: Atacaron la felicidad… ellos abatieron la vida que late a plenitud (en las calles de París)”. Los franceses defienden a ultranza sus tres principios: “Liberté, egalité, fraternité” y hacen bien en hacerlo. Aunque el miedo haga que de momento se conformen con las redes sociales para canalizar su desazón. Recuperar la confianza en el “otro” será también de suma importancia para volver a la normalidad.
 
Finalmente, aclaro que soy consciente también de que al mismo tiempo se suscitaban atentados en Líbano, que Turquía hace no mucho sufrió por una tragedia similar y que grupos extremistas tienen asolada  buena parte de África y Medio Oriente, por supuesto sé que nuestro querido México tampoco está en un lecho de rosas; sin embargo, en cada lugar el contexto es distinto por lo que de igual forma será el diagnóstico y el origen de la violencia.
 
Les comparto este texto no porque la vida de los franceses importe más que las de las víctimas en los demás lugares que mencioné, sino porque me tocó vivirla en carne propia, sufrirla a través de mi novia, pues conocí tiempo atrás a una de las víctimas fatales, irónicamente hablando sobre la violencia en México… Al final me convencieron y me auto convencí de compartirles este texto.
 
@anmuratalla

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.

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