ENTRE COLUMNAS
De vez en cuando suceden situaciones en México que toman por sorpresa a propios y a extraños. Son del tipo de actos inusuales que bien pueden considerarse como extravagantes. No hay manera de que se realicen sin que levanten polémica para el beneficio de algunos o el pesar otros. Es de esta forma como en un periodo de diez meses, cuatro alcaldes, dos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y otros dos del Partido Acción Nacional (PAN), les pasó de noche o ignoraron lo que sus profesores les enseñaron sobre lo que fue la Guerra de Reforma, sucedida del 17 de diciembre de 1857 al uno de enero de 1861. La misma que brotó a raíz del Plan de Tacubaya de los conservadores que demandaban la derogación de la Constitución de 1857,porque consideraban que iba en contra de los intereses económicos y políticos de la clase sacerdotal en la Iglesia Católica.El dato histórico muestra como esta les hizo la guerra a los liberales mexicanos siendo al final derrotada, ¡no sin antes haberse derramado, literalmente, ríos de sangre!
¿Serán eventos aislados lo que está sucediendo en el norte de México?¿Representa una casualidad qué cuatro alcaldes, en diez meses, participen en una tendencia retro de “época religiosa”, con un discurso de corte fervoroso muy similar?Primero, el alcalde de Ensenada, Baja California, Enrique Pelayo Torres, de extracción priista, en agosto del 2012 tuvo la ocurrencia en un evento cristiano denominado “oración por la calidad 2012”, ¡de darle las llaves de la ciudad a Jesús! Luego, le siguió el alcalde de Ciudad de Guadalupe, Nuevo León, Cesar Garza Villareal, también priista. Posteriormente, para no quedarse atrás, el alcalde de Benito Juárez, Nuevo León, Rodolfo Ambriz Oviedo, de origen panista, hizo lo propio el uno de enero del 2013.Ya por último, la jefa de la comuna de la Ciudad de Monterrey, Nuevo León, Margarita Arellanes Cervantes, panista, el 8 de junio del año en curso, en una celebración evangélica promocionada como “México Ora”, se aventó la misma puntada que sus otros tres colegas de oficio. ¿Será esto una causalidad que amerite la intervención de la Secretaría de Gobernación?
¡En estos casos nunca falta quien quiera llevar agua a su molino! Ya salió, en repetidas ocasiones, en los medios masivos de comunicación, el Arzobispo Rafael Romo Muñoz, de la Arquidiócesis de Tijuana, afirmando que él felicita a los alcaldes que han sido criticados por entregar las llaves de sus ciudades a Jesucristo y que él mismo ha luchado porque se permita la libertad religiosa. Siendo así, entoncesseguramente ya pronto le estaremos escuchando promover,con fuerza, que también que le entreguen las llaves de otros municipios a Osiris, Attis, Baal, Krishna, Dionisio, Mithra, y otros tantos. (todos ellos, según está escrito, resucitaron en épocas anteriores a Jesús).¿A quien le resultará provechoso que esta tendencia de coqueteos públicos religiosos, hechos por funcionarios municipales,siga su curso?Por lo pronto ya salió un alto jerarca dando felicitaciones y aplausos, convirtiendo en héroes a los funcionarios que (aparentemente) tuvieron al feliz ocurrencia de darle las llaves de la ciudad y entregar la misma a Jesús, a pesar de las críticas que sabían que recibirían. ¡Seguramente aparecerán más “héroes”, en el escenario, con hambre de reconocimiento social!
Al igual que en la época del Plan de Tacubaya, México puede estar entrando en algo que puede resultar un verdadero dolor de cabeza si no se atiende. En sí el Estado laico ha probado ser mejor opción que el religioso. Para ello basta recordar a la “Santa Inquisición”, institución altamente represora y enemiga del conocimiento científico y artístico, fundada en 1478 por Reyes Católicos para combatir la herejía (según conviniera). ¡En antaño fue la clase gobernante la que la propuso! ¿Hoy en día es la que pretende manipular a las masas, desde sus cargos de ediles, con un juego de discurso religioso casi homogéneo,para beneficio propio?Es claro que a un funcionario público el pueblo le paga para que realice tareas específicas y dé resultados pertinentes al cargo que le ha sido confiado, no para que hable públicamente de su creencia religiosa mezclándola en un discurso celestialcon asuntos de estado, de los cuales por ley debe guardar secrecía. Si esto no fuera así, entonces igual de válido sería que ventilaran sus asuntos íntimos familiares, de manera cotidiana, frente a un micrófono, ¿situación que no ocurre, verdad?
El autor es abogado y psicólogo. Su posgrado más reciente: Maestría en Docencia por la UIA, plantel Tijuana. Correo electrónico:
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