Por: Marco Antonio Samaniego
TIJUANA BC 6 DE NOVIEMBRE DE 2026.- Marine Le Pen, afirmó que no permitiría que su país se mexicanizara, en alusión a los cárteles de la droga que, en los últimos años, se ha vuelto famosos en el mundo, en particular el cártel de Sinaloa. Escuchar la frase, remite a una condición de presente en la que Donald Trump, el recientemente derrotado, ha hecho famoso en el mundo, para culpar a alguien de los problemas internos.
Con ello no quiero afirmar que en México no existan problemas serios, de larga duración y presentes con respecto al problema de la formación de grupos organizados que se dedican al trasiego de los que son considerados drogas desde mediados del siglo XX.
Sin embargo, “nacionalizar” los cárteles es lo que ha llevado a no querer ver cómo los estados- nación han sido parte del problema y no han encontrado forma de solucionar una situación que tiene múltiples aristas. La Francia de Le Pen, candidata de extrema derecha propone modificar la Constitución para restringir de manera drástica los flujos migratorios. Fin del Derecho de suelo, que exige que la ciudadanía francesa no se otorgue de forma automática por nacer en el país, sino por herencia o mérito. Busca dar preferencia a los ciudadanos franceses en el acceso al empleo, las prestaciones sociales no contributivas y la vivienda pública. Pide el fin de la reunificación familiar y restringir el derecho de los inmigrantes a traer a sus familiares y acelerar la deportación automática de extranjeros indocumentados o con antecedentes penales, además de estrictos controles fronterizos. Todo ello, lo hemos leído en textos desde cuando menos la década de 1900 en Estados Unidos y es evidente que Donald Trump lo ha intentado llevar a cabo.
Dicho de manera simple, entre Le Pen y Trump solo existe el Atlántico, pero piensan igual. Y por lo visto, sobre todo Trump, no soluciona nada de lo que promete y ha llegado a tal nivel de desaprobación que la elección de martes, lo colocó en tal condición que les esperan dos años de gobierno muy distintos a los anteriores.
Desde 1974, Jean-Marie Le Pen, padre de la mencionada intentó ser presidente. Marine Le Pen, lo ha intentado tres veces, además de obligar a su padre a abandonar las filas del partido que fundó. Aun así, con diferencias, el apellido Le Pen, es un símbolo de la extrema derecha en el mundo.
¿Qué es lo que no mencionó Marine Le Pen? Que, desde la década de 1930, Turquía, como productor de opio, Francia, como el centro procesador en la ciudad de Marsella, y Estados Unidos, como centro de consumo, propiciaron lo que se llamó la conexión francesa. Dicho de manera simple, la señora Le Pen, no sabe, y si lo sabe no lo dice, que las mafias francesas, asentadas en Marsella, son anteriores a los cárteles colombianos y mexicanos. Esta conexión, llegó a su punto más alto en las décadas de 1950 y 1960, al grado de que intervino la CIA y gobierno socialista francés para negociar con los clanes familiares corsos (Unione Corse). Su colaboración, fue para evitar que grupos de comunistas realizaran huelgas en el puerto de Marsella y desarticular la posición de los sindicalistas. Dicho de manera simple, era más importante terminar con los miembros del partido comunista y los miembros de la CGT francesa, que con los procesadores de opio.
La Unione Corse tuvo impunidad por una década y fue luego de unos diez años de negociaciones, encabezada en parte por Richard Nixon, se logró que a principios de la década de 1970 se terminara con la mencionada conexión. Turquía dejó de producir, Francia redujo el procesamiento, pero Estados Unidos no redujo el consumo. En todo caso, reapareció el uso de la cocaína, con efectos en Chile, Perú y Colombia, donde se rearticuló la producción. Charles de Gaulle, presidente francés, aliado de la Unione Corse, utilizó a sus miembros para realizar operaciones encubiertas en Argelia.
En Francia, la desarticulación de la Unione Corse en la década de 1970, provocó que la mafia siciliana ganara terrenos en Francia, siempre con Marsella como centro de las nuevas organizaciones que se disputaban el mercado europeo. En el siglo XXI, La DZ Mafia y el clan Yoda han sostenido una larga disputa con muertos, heridos y un sinfín de negociaciones con las policías locales. Una historia con tantos parecidos a varios puertos estadounidenses, como Nueva Orleans, Nueva York o Los Ángeles, o con ciudades mexicanas, como Ciudad Juárez, Culiacán y por supuesto, Tijuana.
Así, pues, Marine Le Pen promete que no se “mexicanzará”, pero en realidad no lo necesita. Se entiende como metáfora de sectores de derecha, pero esas agrupaciones las has tenido desde hace varias décadas. La candidata, retoma el lenguaje trumpista, pero uno y otro, desplazan sus procesos históricos para ubicarse en una superioridad moral que se difumina con las realidades que han vivido desde hace varias generaciones.
Eso no evita, que el Estado mexicano, más allá de la diplomacia y la obligación de combatir a las organizaciones criminales, tiene una enorme tarea por realizar. No es la primera vez que sucede, y si lástima la imagen del gobierno, se debe pensar que duele más ver como en las calles se disputan los espacios para llevar a efecto los actos de trasiego. Ante ello, la tragedia está siempre latente y por desgracia, con cientos de víctimas inocentes.
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