LA BUFADORA
Por. – El Mosquito
CUCHILLITO DE PALO
¿Qué tanto impactará en la conciencia de los ensenadenses las afectaciones ocasionadas por la reciente tormenta tropical?
ENSENADA BC 14 DE OCTUBRE DE 2026.- Cuando varios factores o acontecimientos negativos coinciden al mismo tiempo para provocar una situación grave o desastrosa, se dice que ocurre “la tormenta perfecta”, y fue precisamente lo que pasó entre la noche del sábado y la madrugada del domingo pasado en el municipio de Ensenada, donde la depresión tropical “Rachel” impacto con mayor fuerza en Baja California.
El saldo rojo por el número de personas fallecidas -que podría elevarse a 12-, más las pérdidas millonarias en el sector agrícola y los severos daños al equipamiento urbano, nos hicieron recordar las afectaciones ocasionadas por tormentas similares que se registraron en los años 1978 y 1988; sin embargo, los ensenadenses no aprendimos de ambas lecciones, y este tercer capítulo vuelve a exhibir la negligencia, ineptitud y falta de cultura preventiva.
Cabe señalar que desde 1950 se comenzó a proyectar lo que ahora conocemos como la presa Emilio López Zamora, pero fue hasta 1974 cuando inició su construcción, para concluirla en 1976, siendo la principal función de esta cortina de concreto capturar los azolves de las partes altas, reducir el riesgo de inundaciones provocadas por las corrientes del arroyo Ensenada durante la temporada de lluvias, y como objetivo complementario almacenar agua para contribuir al abastecimiento de la ciudad.
Desde entonces el crecimiento de la ciudad y de sus viviendas se ha incrementado, pero 50 años después no se ha construido otra obra hidráulica para controlar las inundaciones, aunado a que las autoridades federales, estatales y municipales toleraron la invasión de los cauces y márgenes de los arroyos, asentamientos irregulares que alentaron activistas sociales que después se convirtieron en políticos de oposición y más tarde terminaron como regidores y diputados.
¿Y quiénes representaban a los invasores de la Bronce en la década de los 80?, ¿acaso ya se les olvidó que fueron Abraham Correa Acevedo y Armando Reyes Ledesma?
Culpar a la naturaleza de lo sucedido es la salida fácil, pero hay responsables históricos y actuales, porque no se evacuaron a las familias de las zonas de riesgo, tampoco se retiró la maleza y basura de los arroyos y no se desazolvaron las alcantarillas, muchos menos las dependencias de emergencia y protección civil disponen del personal y equipo necesario para tener capacidad de respuesta inmediata ante este tipo de contingencias.
Y tras estos hechos, desaparecieron de las redes la mayoría de los hombres y mujeres que aspiran a figurar en la boleta electoral en 2027.
Lo preocupante es que faltan pocas semanas para que se registren los efectos del fenómeno de “El Niño”, que de acuerdo con los especialistas será más intenso y prolongado. Si la precipitación de 90 milímetros de agua causó tal nivel de estragos, no es difícil imaginar lo que nos espera.
CUCHILLITO DE PALO II
¡No fue Rachel, fue la negligencia la que mató personas!
¿QUÉ HACER?
Los daños ocurridos por el paso de “Rachel” volvieron evidenciar la vulnerabilidad en la que estamos por la obsoleta infraestructura urbana con la que cuenta la ciudad de Ensenada y sus delegaciones municipales, pero también ventila la incapacidad de los responsables de prevenir un desastre, y eso que dicho evento climatológico arribó como remanente de un huracán, es decir, ya muy disminuido.
La experiencia de los ensenadenses y de todo Baja California, nos debería haber enseñado desde hace muchos años dónde están las zonas de riesgo y cuáles pueden ser las consecuencias de vivir en o cerca de arroyos, zonas bajas y pendientes, que siempre han sido cauces naturales del agua de lluvia.
Hoy lamentamos una tragedia que en buena medida se pudo haber evitado, haciendo cumplir la ley, advirtiendo y tomando medidas estrictas para salvaguardar la vida, no sólo con videos de oficina producidos impecablemente, reparto de despensas y cobijas, o realizando recorridos y encuestas para hacer un recuento de los daños que, insistimos, pudieron prevenirse.
Ahora sabemos que la fatalidad pudo ser mayor si el fenómeno meteorológico hubiera venido acompañado de mayor cantidad de agua, durante más tiempo y vientos fuertes, como se espera suceda el próximo invierno, según los pronósticos.
Por tanto, si Ensenada ya cuenta con un Atlas de Riesgo, urge que se comience a aplicar, que los regidores aprueben presupuesto para realizar obras e infraestructura preventiva.
De entrada, con el apoyo de los investigadores del Centro de Investigación Científica y Estudios Superiores de Ensenada (Cicese), los coordinadores de Protección Civil a nivel estatal y municipal, Ignacio Lozoya Morales y Julio Obregón Angulo, respectivamente, necesitan aplicarse para que sus superiores entiendan lo que se avecina.
Arturo Espinoza Jaramillo, titular de la Secretaría de Infraestrucura y Desarrollo Urbano y Reordenamiento Territorial (Sidurt) y José Guadalupe Plascencia Galindo, director de Dirección de Infraestructura Municipal y Cristhopher Sánchez Bañuelos, director de
Desarrollo Urbano Municipal tienen la gran responsabilidad de proponer y realizar las obras correspondientes y hacer que la normatividad se respete, empezando por los Atlas de Riesgo cuya aplicación no es opcional.
Renglón aparte es la obligación del director general del Organismo de Cuenca Península de Baja California de la Conagua, Manuel Guerrero Luna, cuyo desempeño parece limitarse a cancelar y otorgar concesiones, porque de mantenimiento e infraestructura, nada.
Echar la culpa al municipio no lo exime de sus responsabilidades con respecto de las tragedias en vertientes y arroyos donde viven invasores y personas vulnerables.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor