Fernando Núñez de la Garza Evia
MONTERREY NL 5 DE OCTUBRE DE 2026.- Si Baja California fue una incubadora de la oposición política en tiempos del régimen autoritario priista, no sorprendería que lo fuera de nuevo en tiempos del régimen autoritario presente. El caso del exgobernador Ernesto Ruffo Appel está generando crecientes reflectores políticos, y la casa del exgobernador comienza a convertirse en un lugar de encuentro para la oposición política. Se empiezan a mezclar los ingredientes de un enfrentamiento político importante: parece que el primer gobernador de la oposición no callará, mientras el régimen continúa endureciendo su postura.
Parto de dos premisas fundamentales. La primera: desconozco si Ruffo Appel es inocente o culpable. La segunda: el caso está profundamente politizado. Ruffo Appel no fue encarcelado por sus creencias políticas, pero sí lo fue en un contexto cargado políticamente y a manos de autoridades políticas. ¿El contexto? Los audios de la gobernadora del estado, los señalamientos de huachicol fiscal contra altos mandos de la Cuatroté, y las acusaciones de Estados Unidos al respecto. ¿Autoridades políticas? La misma presidenta de la República utilizó su púlpito para culparlo, y la jueza que lo hizo es del bienestar: estaba en las listas del entonces presidente López Obrador, no tiene especialidad penal y ni siquiera podía ser candidata porque no reúne el requisito mínimo de ocho de promedio (tiene siete). El Poder Judicial ya es un poder político más. Y ni hablemos del traslado a Ensenada cargado de mensajes políticos.
El exgobernador está en una encrucijada que parece que ya resolvió: callar o hablar. Ante el poder de un Estado cada vez más autoritario, lo más fácil sería callar. Sin embargo, Ruffo Appel ha decidido hablar, otorgando numerosas entrevistas y haciendo declaraciones como “…República ya no hay, y eso pues es grave” (lo cual es cierto). Incluso ha hecho señalamientos sobre el huachicol fiscal. Su casa se convierte cada vez más en un espacio de visita y de protesta política, especialmente panista. La apuesta parece ser la siguiente: aprovecho mi condición de preso político (o algo muy parecido al término) y doy a conocer mis puntos de vista lo más rápido y a fondo posible para que, en caso de un nuevo arresto, el público pueda finalmente decir: “ahí está, lo arrestaron por sus puntos de vista políticos”. Sería, entonces y en la percepción pública, un preso político.
El panismo en el estado ha de sentir un placer culposo: placer ante la posible candidatura de Verónica Ruffo, pero culposo porque, de no haber habido arresto, no habría Verónica Ruffo. El partido más claramente de oposición –en términos históricos y doctrinales– en Baja California ha encontrado a su candidata, aunque con doble nacionalidad. Pero, ¿cómo está el contexto social en el estado? La mala es que hay una importante e histórica apatía al momento de votar, aunque la buena es que ese electorado se puede movilizar… con la candidatura y el contexto adecuados. La mala es que el oficialismo cuenta con los programas sociales, aunque la buena es que alrededor de siete de cada 10 habitantes no los reciben… y ahí es donde hay más descontento hacia el oficialismo. La mala es que Morena y su coalición tienen todo el estado, aunque la buena es que hay un creciente descontento… especialmente en Mexicali.
No sorprende lo que está sucediendo. Porque hay un contexto de creciente autoritarismo en México, mientras la economía del país no crece. Y de ahí saldrá la nueva oposición: desde el interior del país, ante los abusos autocráticos y la falta de oportunidades económicas. La historia nos dice que ese es un coctel explosivo.