REFLEXIÓN DEL DIA.-
Por: Esteban Capella Ibarra
TIJUANA BC 5 DE SEPTIEMBRE DE 2026.- El expresidente Andrés Manuel López Obrador, no una sino varias veces, hizo referencia a Joseph Goebbels, quien fuera ministro de Propaganda durante la época nazi. Particularmente, López Obrador hacía referencia, en son de crítica, a aquel método propagandístico basado en la repetición constante de una idea o de una mentira hasta lograr que terminara siendo aceptada por una parte de la sociedad como una verdad. Sin embargo, resulta contradictorio que aquello que durante años criticó el expresidente López Obrador hoy podamos verlo reflejado precisamente en muchas de las prácticas de comunicación política que Morena, ya como gobierno, ha asumido. Y de eso es justamente de lo que hoy los ciudadanos tenemos que cuidarnos.
No se trata de decir que vivimos las mismas circunstancias que vivió Alemania ni de hacer una comparación histórica entre ambos gobiernos. Se trata de entender algo que la historia ya nos enseñó: el enorme poder que puede llegar a tener la propaganda cuando logra penetrar profundamente en la mente de una sociedad. En aquel tiempo, aquella estrategia propagandística alcanzó niveles de penetración enormes entre los ciudadanos alemanes. La repetición de mensajes, la construcción permanente de enemigos, la división entre buenos y malos y el control de una narrativa contribuyeron a generar condiciones sociales que terminaron acompañando uno de los episodios más terribles de la historia de la humanidad, con millones de personas asesinadas. Precisamente por eso debemos aprender de la historia.
Hoy las herramientas son diferentes. Ya no estamos hablando solamente de discursos, periódicos, radio o grandes concentraciones públicas. Estamos hablando también de redes sociales, algoritmos, cuentas automatizadas, campañas digitales y de una avalancha permanente de información capaz de llegar todos los días y prácticamente a cualquier hora a millones de ciudadanos. Y cuando detrás de esa avalancha existe una estructura política con enormes recursos y capacidad para repetir una misma narrativa miles o millones de veces, existe también el riesgo de que muchas personas terminen aceptando determinadas ideas no necesariamente porque hayan comprobado que son ciertas, sino simplemente porque las han escuchado una y otra vez.
Por eso, para contrarrestar este fenómeno es fundamental que los ciudadanos tengamos la capacidad de desarrollar y conservar un pensamiento crítico ante las líneas discursivas que generan esa avalancha de información promovida desde el sistema de gobierno de Morena. No podemos permitir que una repetición sustituya a un argumento, que una consigna sustituya a los hechos o que miles de comentarios en una red social nos hagan pensar automáticamente que representan lo que verdaderamente piensa la mayoría de los ciudadanos. Tenemos que cuestionar, investigar, comparar información y formar nuestro propio criterio, porque precisamente una de las mejores defensas que puede tener una sociedad frente a cualquier intento de manipulación política es algo que ningún gobierno debería poder controlar: la capacidad de sus ciudadanos para pensar por sí mismos.