Réquiem por la fiesta en Tijuana
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Réquiem por la fiesta en Tijuana

TIJUANA BC - lunes 31 de agosto de 2026 - Pedro Antonio Espinosa G..
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El Burladero
Por: Pedro Antonio Espinosa G.

“El mundo entero es una gran plaza de toros y el que no torea, embiste”
Ignacio Sánchez Mejías.

TIJUANA BC 31 AGOSTO DE 2026.- Era martes veintidós de agosto del dos mil seis, el domingo anterior se había dado la última corrida de toros en el desaparecido Toreo de Tijuana. Don Valeriano Salceda, Giraldés, el mejor cronista taurino que tuvo esta frontera e icónico personaje de la historia tijuanense, me había citado en el café donde cotidianamente nos juntábamos los martes, solo que esta vez la reunión fue más temprano de lo acostumbrado y con un cierto halo de misterio porque el maestro evitó decirme el motivo del horario y me remarcó que fuera solo.  Llegué puntual, ya me esperaba y sin explicaciones me dijo que saliéramos del lugar, atravesamos el bulevar Agua Caliente y entramos al estacionamiento de la plaza de toros.

Mientras cruzábamos hasta llegar a la puerta de la empresa, como se le decía, se percibía en el aire una sensación rara, como si la nostalgia comenzara a llegar pesadamente, apenas dos días antes se cerraba formalmente el ciclo de El Toreo de Tijuana como lugar para eventos de cualquier tipo y ahora, mientras caminábamos, la plática se daba en torno a la situación y es que no era cualquier cosa, en una ciudad tan joven y cambiante nadie auguraba que una tradición así alguna vez pasara al olvido aunque nos topáramos con una señal tan clara. Pero, en fin.

Llegamos y la puerta estaba cerrada, nos abrieron y cerraron nuevamente, me llamó la atención el cuidado de la entrada y, también, lo limpia que estaba la plaza, ¿para qué?, pensé, ya no iba a haber espectáculos, quizá quedaba algún contrato con quienes se encargaran de limpiar y se habrá cumplido, no lo sé, pero llamaba la atención. Nos dirigimos a una de las escaleras de acceso y, antes de subir, Giraldés me explicó el misterio, se iban a matar dos animales bravos, los últimos, con el acceso muy restringido y, obvio, a puerta cerrada, yo estaba ahí por su intervención. Cuando entramos estaba por salir el primer toro para que lo toreara Alejandro Amaya, nos sentamos en el tendido y comencé a observar, catorce personas solamente, entre los cuales había ocho alternativas; Amaya terminó su faena y salió un joven Juan Pablo Sánchez, novillero en ese entonces y ahora matador de toros, para despachar, ahora sí, al último animal bravo que se mató en la plaza, que en este caso era un novillo.
Mientras Juan Pablo toreaba, ante la atenta mirada y señalamientos de su padre, el matador Ricardo Sánchez, yo platicaba con un buen amigo y perdí de vista a Giraldés, que desapareció del tendido, cayó el novillo, platicamos un momento y hasta que salimos vi venir al maestro, traía una bolsa de plástico en la mano y una sonrisa en la cara, venía del destazadero, nos despedimos y salimos juntos, volvimos al café, pero no entramos ya, “vamos con los vascos”, me dijo a sabiendas de que yo sabía a qué restaurant se refería, nos encontramos en la puerta del lugar y ahí abrió la bolsa para mostrarme el contenido, llevaba un par de criadillas de toro, “esto es simbólico, son las del último, nos las vamos a comer nosotros y aquí las van a preparar como nadie”, me dijo sonriente mientras entraba.   

Se acababa el Toreo de Tijuana, pero quedaba la Monumental de Playas. Nadie lo decía, pero comenzaba la debacle.

Quizá conservar un coso taurino en la ciudad amortiguó un poco el golpe que significó la pérdida de otro, acción de la cual se ha dicho demasiado desde su desaparición, ahora, lo sabemos todos, la Monumental está cerrada y, por aquello de la reciente abrogación del reglamento taurino en la ciudad, difícilmente volverá a abrir sus puertas para dar corridas de toros.

Según algunas consultas con abogados la derogación del reglamento en cuestión no impide que se puedan dar festejos taurinos, al menos en términos legales, pero el asunto nos lleva más lejos, el golpe ha sido certero y, lo más probable, letal, porque la intención del ayuntamiento no fue acabar con las reglas en sí, se trata de terminar con la tradición taurina en nuestra tierra y así lo han manifestado mientras logran dar apariencia de buenistas y llegan fácilmente a quienes, al igual que ellos, ni idea del tema. La respuesta a sus acciones llegó solamente de parte de una pequeña fracción, digo, en Yucatán la afición se manifestó con más fuerza que quienes nos decimos aficionados a los toros en estos lares cuando, hace pocos días, salieron más de mil personas a pronunciarse a favor, mientras apenas unos cuantos lo hacía en contra, entretanto aquí, al menos yo, no supe de ninguna convocatoria para llevar a cabo algo similar, aquí la protesta se  limitó a expresiones en las redes sociales y hablo en términos del grueso de quienes gustan de la fiesta. Pero bueno.

En la realidad el reglamento de Tijuana estaba desde el principio de los noventas y, antes, los festejos se regulaban en base al de el entonces Distrito Federal, lo que nos dice que se pueden dar corridas sin él, de hecho, en varios lugares será el caso actualmente y ahí se le podría dar la razón a Paco Ojeda cuando afirmó, “El reglamento es para los que no saben de toros”, el que entendió, entendió y, si no, discútanle al maestro.

Ahora, puede que sea la puntilla para la fiesta localmente porque, al menos yo lo dudo, no cualquier gobierno municipal se aventaría a autorizarla nuevamente después del tinglado que se armó y es que, desde hace tiempo, la voz de la fiesta que, se supone es de todos, se manifiesta únicamente de parte de unos cuantos, como se señala arriba, me dicen que hay quienes los mencionan como “la afición organizada” lo que sea que eso signifique, aunque, lo único que marque drásticamente es una manifiesta división, el “nosotros sí, ustedes no”, el señalar o clasificar a quienes se acercan solo ha logrado ahuyentarlos y no, no estoy inventando nada porque hay resultados a la vista y advertencias las hubo; por buen tiempo lo publiqué y lo único que logré, y agradezco en el alma, fue ganarme la antipatía de varios, pero sí, se los dije o se los escribí, más bien,, las señales fueron muy claras, digo, en cualquier manifestación artística, deportiva o cultural, las cosas que tienen, o pretenden, tener dueño o no funcionan, se estancan o simplemente desaparecen, ¿qué no?, ahí está, en el mismo lugar que El Toreo.

Al reglamento taurino no lo mataron las actuales autoridades municipales, ellos nada más le dieron la puntilla como tampoco la afición se fue porque sí, no, ambos ya barbeaban las tablas, no me digan que al reglamento no lo habían golpeado y pisoteado desde antes en aras de aparecer en la foto, el protagonismo, desde siempre fue un lastre en esta hermosa actividad, pero cuando se alza entre unos cuantos solamente más se nota y más daño hice.

Es obvio, y parte de, que era hora de que apareciera quien llegue a rescatar todo, imposible desaprovechar la gran oportunidad de aparecer delante de un micrófono, pero nada más claro que las palabras del gran cronista don Vicente Zavala, “Que Dios salve a la fiesta, de los salvadores de la fiesta”. Demasiado tarde.      

 Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor

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