Reflexión del dia.-
Por: Esteban Capella Ibarra
TIJUANA BC 22 DE AGOSTO DE 2026.- La decisión del gobernador Rubén Rocha Moya de regresar a su cargo dibuja de cuerpo entero la visión de un sistema que originalmente se vendió como la esperanza de México, aprovechando en su momento Andrés Manuel López Obrador, precisamente, la desesperanza de los mexicanos ante las previas alternancias entre el PRI y el PAN, que, para la visión de los ciudadanos, no cumplieron con las expectativas, generando un desencanto superlativo que condujo a Morena al triunfo en las elecciones de 2018.
Pero con la llegada de Morena llega también una forma de gobernar diametralmente opuesta a lo que exponía su principal impulsor, Andrés Manuel López Obrador. Con Morena llegan prácticas antes no imaginables, en las que el abuso del poder es el principal sello de su gobierno, ejemplificado en la nula rendición de cuentas, en la destrucción de las instituciones, en la represión de los diferentes sectores que componen a nuestro país, en el ataque permanente a los medios de comunicación, en la limitación de la libertad de expresión y en la exacerbación de la impunidad.
En síntesis, la concentración del poder en unos cuantos, que derivó en el abuso y la destrucción del país.
La llegada de Rubén Rocha Moya nuevamente al gobierno del estado de Sinaloa solamente refleja la visión real de Morena como gobierno. Lo que sucede en Sinaloa no puede observarse como un hecho aislado, sobre todo ante una sociedad que ha sido testigo de una crisis que ha trastocado profundamente la vida cotidiana de ese estado y que exige respuestas de quienes tienen la responsabilidad de gobernar.
El problema para Morena es que parece olvidar las mismas circunstancias que hicieron posible su llegada al poder. El hartazgo social no distingue colores ni partidos. Durante años, millones de mexicanos dejaron de confiar en el PRI y posteriormente en el PAN, hasta encontrar en Morena una alternativa que prometía hacer las cosas de manera diferente.
Hoy Morena enfrenta el riesgo de provocar ese mismo desencanto.
La concentración del poder, la falta de contrapesos, la ausencia de una verdadera rendición de cuentas y la distancia cada vez mayor entre el discurso y la realidad comienzan a tener consecuencias en la percepción de los ciudadanos. No basta con recordar permanentemente los errores del pasado para justificar los errores del presente.
Tampoco puede suponerse que el respaldo obtenido en las urnas representa una autorización permanente para gobernar sin escuchar. Las mayorías electorales son circunstanciales y la historia política reciente de México es suficiente para demostrarlo.
El caso de Sinaloa adquiere especial relevancia precisamente por eso. La decisión respecto de Rocha Moya no solamente tiene consecuencias para ese estado; también manda un mensaje sobre la manera en que Morena entiende el ejercicio del poder y la responsabilidad política de quienes gobiernan bajo sus siglas.
Morena conserva una enorme fuerza política y electoral en México, eso es indiscutible. Pero también enfrenta un desgaste que sería un error minimizar. La sociedad mexicana ya ha demostrado que puede cambiar radicalmente sus preferencias cuando considera que quienes gobiernan dejaron de representar las expectativas que originalmente depositó en ellos.
Morena debería recordar cómo llegó al poder. No fue solamente por sus propios méritos, sino también por el profundo desencanto que dejaron quienes gobernaron antes.
Ese antecedente debería ser suficiente para entender el momento que hoy enfrenta.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor