Por: José Ciccone
TIJUANA BC 11 DE AGOSTO DE 2026.- Cualquiera de estas razones podría aplicar a la hora de analizar hechos extraordinarios de los últimos meses, el mundial de fútbol que hace apenas semanas concluyó dejó una serie de signos inequívocos que muy bien no andamos en materia de equilibrios emocionales, una campaña de odio emprendida contra un equipo de fútbol -el argentino- que comenzó curiosamente antes que iniciara la justa deportiva, con mensajes de grueso calibre que provocaron reacciones en cadena, algunos en favor de Argentina y muchos más en contra, seguramente por la bien hilvanada red mediática tejida con la firme intención de hacer daño a un país y de paso a sus habitantes, sin distinción, porque no sólo estaba dirigida a la selección de fútbol si no que se utilizó desde un inicio el artículo determinado masculino “los” o el pronombre o adjetivo indefinido “todos” y eso nos incluye, al igual que a nuestras familias. En lo personal cuento con muy buenos amigos que se encargaron de aclararme que ‘menos yo’, que no me considero una excepción, los demás paisanos son malos, perversos, engreídos, maleducados y hasta racistas, este último señalamiento resulta tan absurdo como risible para un país como Argentina formado por distintas razas.
El tono irónico, con cierta dosis de ignorancia en la materia, lo puso el connotado actor norteamericano Samuel Jackson que se encargó -después de la información exclusiva que le hicieron llegar- de condenar el supuesto racismo argentino… ”El burro hablando de orejas”, me dije y repasé un poco la historia de los Estados Unidos plagada de hechos condenables y crímenes racistas aberrantes en su historia de 250 años de independencia. Los que me conocen bien, saben que soy incapaz de hacer diferencias y mucho menos actuar con prepotencia o tratos discriminatorios contra alguien, tampoco estoy aquí para defender actos indebidos de nadie, sean argentinos, mexicanos, estadounidenses o de cualquier nacionalidad, sean conductores de televisión llenos de soberbia contumaz o de presidentes que encienden la mecha en cada discurso con frases cargadas de odio, que hacen quedar mal a toda la población de una nación, condeno públicamente los que me parecen actos de superioridad excesiva, mal trato a los demás o fanfarronerías, insisto, vengan del país que fuere, aun de mis dos grandes amores como son Argentina y México. Pero tampoco me sumo a la comparsa orquestada para hacer daño exclusivamente o tejer intrigas palaciegas que a la postre resultan indemostrables, pero que ya dejan una estela de malestares masivos insalvables o predisposiciones de muy mal gusto.
Así está parte de la humanidad, sembrando broncas violentas algunos y otros huyendo de sus países porque los maniobran para hacerlo y la necesidad, -que tiene cara de hereje-, los obliga a tomar medidas extremas arriesgando sus vidas como sucedió en España, hace un par de semanas, cuando la península de Ceuta fue literalmente invadida por marroquíes desesperados en un intento por cambiar sus vidas, que ya costó más de un centenar de ellas. Estos hechos fueron fatalmente coronados por una activista neofascista española, Isabel Medina Peralta, cuando, días después, realizó un saludo nazi, frente a la Embajada de Marruecos en Madrid. Los que vivimos en frontera conocemos mejor que nadie, los alcances funestos que promovidos por estos personajes, agitan impulsos negativos sin justificar sus actos inconscientes.
¿Hasta dónde se desbordan las pasiones sin límites insospechados? ¿Cuándo se activa en el ser humano la acción inmediata e irracional sin medir consecuencias? ¿En qué momento observamos estos acontecimientos como una especie de locura colectiva?
Todo esto inicia su gestación con cualquier información propagada sin ton ni son, sea ésta inventada, antojadiza o con cierto grado de veracidad, sin consultar fuentes que resulten fidedignas. Las redes sociales -por sus manejos indiscriminados donde se permiten las injurias disfrazadas de control-, son en gran parte, responsables de estos manejos que agitan multitudes, explotan el desconocimiento y reavivan la multiplicación de inquina hasta hacerla colectiva. Lo demás corre por cuenta de los receptores que estaremos, cada vez más, necesitados de interiorizarnos de quién es quién en el manejo de los mensajes.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor