Por: Marco Antonio Samaniego
TIJUANA BC 7 DE AGOSTO DE 2026.- En estos días, el tema de la canal de Tijuana, ha aparecido en varios foros. Desde mi punto de vista, los datos que se proporcionan, son los mismos desde hace varias décadas. Por ello, en este breve texto, pretendo hacer una diferenciación que ayude a entender el problema que tiene registros desde la década de 1930.
Señaló algo que parece contradictorio. El agua de drenaje, los malos olores, el problema visual que es el tiradero de basura del canal, no los provoca el río Tijuana. Es decir, la cantidad de agua que lleva el río, que llamaré original sólo por motivos de explicación, no es lo que vemos, dado que el caudal del río no es utilizado para la ciudad. Nosotros vivimos del río Colorado y dependemos en un 95% de dicho cuerpo de agua de carácter internacional. Por ello, lo que observamos y que se discute en estos días, en sobre todo el agua del río Colorado, que, ya usada en casas e industrias, se traslada a las plantas de tratamiento, desde donde se vierte la materia orgánica, los metales pesados y todo tipo de desechos.
Pero las plantas de tratamiento, instaladas unas en la década de 1970, otras en la de 1990, no han logrado que se cubra el total de las aguas residuales. Diariamente, se movilizan entre 50 y 70 toneladas de desechos por las tuberías. Las plantas de tratamiento, La Morita, Arturo Herrera y San Antonio de los Buenos, a pesar de las grandes inversiones, no alcanzan a tratar las aguas residuales. Por ello, por la cooperación con Estados Unidos, - sobre todo la Comisión Internacional de Límites y Aguas/International Boundary and Water Commision – se instaló la Planta PITAR, en San Isidro, para limpiar originalmente 25 millones de galones diarios. Como parte del acta 328, firmada en 2022, se realizan trabajos para duplicar a 50 millones y es posible que posteriormente, se decida tratar 100 millones.
La razón de esta cooperación, es porque todos los días, varias toneladas de desechos van a Imperial Beach y a Coronado. En Imperial Beach, las playas están cerradas desde hace varios años, dado los altos índices de contaminación. Por otro lado, en 1997 se construyó el emisor, conocido como South Bay Ocean Outfall (SBOO) mismo que arroja la materia orgánica a 5.5 a kilómetros de la costa, con un estimado de 3.97 toneladas diarias. Terminado en 1997, el SBOO es de suma importancia para el tema del cierre de las playas en Imperial Beach, dado que diferentes investigadores han demostrado que es el principal contaminante que provoca que las playas del mencionado lugar. Desde el año 2021, a lo largo de 1600 días, la playa permanece cerrada. Dicho emisor se lleva parte de lo que la planta PITAR, de San Isidro, no logra tratar, de ahí que se estén realizando obras para ampliar a los mencionados 50 millones de galones diarios.
Desde hace décadas, los representantes de diversos órganos de gobierno del sur de California, pero sobre todo de Imperial Beach, han presionado a las instancias mexicanas para eliminar los malos olores, la basura y los metales pesados. Las criticas a la International Boundary and Water Commsion han sido intensa a lo largo del siglo XXI. Por ello, en el UMSCA (o TMEC, firmado en 2018) durante el primer gobierno de Trump, se presupuestó una inversión de 300 millones de dólares. Durante el gobierno de Joe Biden, se sumaron otros 500 millones, además de que se firmó el acta 328, en la que se acoraron varias obras, mismas que se realizan actualmente. Se estima que se terminen a lo largo de 2027 y 2028. Así, pues, desde hace varios años, el trabajo es coordinado, constante, pero como vemos, insuficiente.
A lo largo de este año, se ha intensificado en los noticieros de San Diego la información por las aguas de drenaje que siguen llegando a Imperial Beach y por la contaminación que se genera por el SBOO, ya mencionado. En los pasados tres meses – poca más, poco menos – se ha abordado el tema como un asunto de salud pública, dado que el sulfuro de hidrogeno, mismo que proviene de la descomposición de la materia orgánica y de las aguas residuales estancadas o en movimiento. Los niveles en la zona de la Bahía Sur han llegado a registrar hasta 450 partes por billón (ppb) lo que supera el estándar de salud del estado de California fijado en 30 ppb.
Estos niveles del sulfuro de hidrogeno provocan mareos y dolores de cabeza, además de malos olores. En el presente año, residentes de Imperial Beach, reciben gratuitamente purificadores de aire portátiles, con la finalidad de que no se presenten efectos del mencionado sulfuro. En las reuniones de organizaciones no gubernamentales en las que he estado presente, los habitantes de Imperial Beach dejan en claro su desesperación por padecer los efectos de la insuficiencia de los sistemas de drenaje en México, así como también en contra de las autoridades estadounidenses, a las que han demandado en varias ocasiones. En los últimos dos meses, los residentes del lugar, que se han visto afectado en su salud, además de pérdida de valor de sus propiedades, han solicitado al gobierno de Trump que se incluya en las negociaciones del libre comercio, el tema de las aguas residuales, que se vierten en el canal de la ciudad, pero que lleva el agua que todos usamos en nuestras casas, industrias y centros de trabajo, del río Colorado. Es decir, el problema del río Tijuana no es el agua del río Tijuana, sino el hecho de que las plantas de tratamiento, no son suficientes para tratar todos los desechos que aportamos nosotros, lo usuarios del río Colorado. Dicho de otra manera, las aguas residuales, no son del río Tijuana, sino del Colorado, nuestra única fuente de abasto permanente.
Por lo anterior, el incremento, buen funcionamiento y profesionalización de las plantas de tratamiento es fundamental. No sólo para tratar los desechos, sino para mejorar en lo posible, las relaciones con Estados Unidos y en este caso el Sur de California, sobre todo el Condado de San Diego e Imperial Beach.
En estos días se han realizado propuestas para limpiar el canal. No lo llamaré del río Tijuana, sino de las aguas utilizadas por los tijuanenses que se vierten en el canal y que nos tratadas debidamente (dejo de lado lo referente a la Presa Rodríguez, para no complicar más el tema). La limpieza del canal corresponde oficialmente a la Comisión Nacional del Agua. Sin embargo, las instancias locales han demandado que los numerosos tiraderos de basura, la gran cantidad de flora y por desgracia, malos olores que se generan en el canal, sea un tema en el cual se debe intervenir.
Aquí sólo apunto que el canal se construyó para prevenir inundaciones, dado que, en el cauce, se asentaron varios cientos de pobladores desde la década de 1940. Para la década de 1960, los enfrentamientos entre autoridades y pobladores eran frecuentes, dado que se pretendía desalojar a los varios miles de habitantes del cauce del río. A lo largo del cauce, había zonas ganaderas, industrias, casas habitación, escuelas, campos deportivos, todo bajo la posibilidad de que, con las lluvias, fuera arrastrado por la corriente.
Canalizar, fue además la modernización, sobre todo de la primera etapa, para darle otra cara a la ciudad, dado que, cartolandia, como se le llamaba a la parte más cercana a la línea internacional, era considerada como parte de la “mala imagen”. En 1969, 1977-78, pero sobre todo en 1980, se registraron lo que se han llamado inundaciones del río Tijuana, años en los que las lluvias fueron abundantes. En 1980, según el registro de San Diego, llovió 28 veces más del promedio anual. En años posteriores, se ha observado que el fenómeno del Niño, pudo ser el que provocó las mencionadas lluvias. A finales de este año, y principios de 2027, se pronostican lluvias abundantes para gran parte del suroeste de Estados Unidos y el norte mexicano. Dicho de manera simple, limpiar el canal es importante para que corra el agua, ahora sí, del río. Esta condición se presenta cada diez o doce años.
Las lluvias de 1993, cuando el canal aun no estaba terminado, generaron destrucción de varias zonas de la ciudad, además de un saldo trágico de poco más de 100 muertos. Dicho de manera simple, el canal cumple una función de seguridad urbana, no es un adorno. No fue pensado y construido para poner canchas de futbol o como tiradero de basura. Si desde hace varias décadas es el lugar en el que viven varios cientos de personas, es un asunto de carencias de índole social, en el que las autoridades deben intervenir, no para sacarlos simplemente, sino para generar políticas sociales que les den acceso a espacios dignos.
Así, mientras se realizan las obras, los habitantes de Imperial Beach y quienes ingresan a las Playas de Tijuana, están expuestos a la contaminación. Mientras en el sur de California se cierran las playas, por años, en el lado mexicano se ingresa a ellas, a pesar de que se conoce la existencia de contaminación. Se trabaja en coordinación, sin duda y se avanza en la disminución del problema, pero los residentes de Imperial Beach, e incluso de Coronado, están hartos de décadas de negociar con instancias locales, estatales y federales de ambos lados.
He dejado varios temas de lado para tratar de simplificar uno de los asuntos centrales en la urbanidad y colindancia internacional. Un tema relevante, es que el representante de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) ha señalado la existencia de 35 zonas de descargas al canal, pero se indica que existen muchas otras. Se ha generado una tensión con la CESPT y se discute públicamente el tema de las plantas tratadoras. Más allá de los aspectos técnicos y formales entre instituciones, para quien esto escribe, es trascendente que se aborde el asunto de manera pública, para que la gente este informada de la problemática. No se trata solo de un problema local, sino de la internacionalidad y de como lo que se realiza o no localmente, puede incidir en otras negociaciones.
Pero de todos modos importa lo local. Porque todo lo que sucede en el canal, incide en lo que respiramos. Y, sin embargo, todo es internacional, porque los efectos son palpables y las demandas legítimas. Cabe decir que, en otros sitios, como Douglas/Agua Prieta, el problema es en sentido contrario, pero eso no lo abordo aquí. Lo que sí es claro, es que el problema tiene muchos años. Y los reclamos, no son menores. Por ello, estamos entre la urgencia, la construcción de obras y un frontera en la que confluye un cauce, el del río Tijuana, y el agua usada por los tijuanenses, el río Colorado.
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