LA BUFADORA
Por. – El Mosquito
CUCHILLITO DE PALO
¿Por qué la dirigencia nacional de Morena se aferra a mantener a cualquier costo la alianza con el PT y el PVEM en Baja California?
ENSENADA BC 4 DE AGOSTO DE 2026.- En los círculos de poder siempre utilizan “los tiempos” como una herramienta política, sobre todo cuando los ánimos se calientan o se confrontan grupos internos y los aspirantes comienzan a medir fuerzas; así que basta con recorrer el calendario la designación de candidatos para tratar de calmar las aguas.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió, porque las convocatorias de Morena que debían publicarse este 3 de agosto se fueron hasta finales de mes y, en algunos casos hasta septiembre, con el argumento de revisar mejor los perfiles, pero extraoficialmente se supo que fue para ganar tiempo y enfriar la efervescencia.
La explicación de la presidenta de la comisión nacional de elecciones y secretaria general de Morena, Citlalli Hernández, es que buscan fortalecer los filtros, revisar con mayor cuidado la elegibilidad, privilegiar la calidad de las candidaturas y evitar conflictos internos, pero lo curioso es que, cada vez que Morena enfrenta tensiones por la disputa de posiciones, aparece una nueva justificación que termina posponiendo las decisiones de fondo.
Esta prórroga la justifican para impedir el paso a personajes con antecedentes penales, investigaciones por delitos graves, corrupción, violencia contra las mujeres o conductas contrarias a los principios del movimiento, pero el problema no radica en los filtros, sino en quién los aplica y bajo qué criterios.
Morena insiste en que las candidaturas serán producto de encuestas, evaluaciones políticas y mediciones de competitividad, y piden a los participantes aceptar los resultados, pero se les niegan los elementos para comprobarlos.
Por eso resulta difícil creer que el aplazamiento del calendario obedezca sólo a una mejor revisión de perfiles, y más parece una estrategia para administrar tiempos, contener inconformidades y permitir que las negociaciones políticas con sus aliados del PT y PVEM sigan su curso lejos de los reflectores.
Mientras tanto, en Ensenada varios aspirantes a la alcaldía, como Alejandro Arregui Ibarra, Rocío López Gorosave, Mónica Vargas Núñez, Isaías Bertín Sandoval y Eduardo Vega Mendoza, permanecen en una especie de limbo político, pues no saben si avanzar, esperar, negociar o simplemente resignarse a que la decisión final no dependerá necesariamente de su trayectoria ni del trabajo territorial que hayan realizado durante años, sino de factores que difícilmente podrán conocer.
En Baja California esa incertidumbre se ha prolongado, aunque las distintas corrientes morenistas continúan moviendo sus piezas rumbo a la renovación de alcaldías, diputaciones y, sobre todo, la gubernatura.
La dirigencia del partido en el poder insiste en que el procedimiento será más sólido, ético y menos impugnable, pero si las encuestas las mantienen bajo llave y las decisiones se cocinan en oficinas cerradas de la Ciudad de México -según sostienen no pocos morenistas con resignación-, donde realmente se terminan definiendo las candidaturas, retrasar el calendario es una mala señal.
MIRAN A OTRO LADO
Si alguien quisiera encontrar el mejor ejemplo de cómo la omisión institucional también puede alterar una elección, bastaría con observar lo que ocurre hoy en el Instituto Nacional Electoral (INE).
Mientras los partidos políticos libran una abierta carrera por posicionar a sus futuros candidatos rumbo a 2027, el árbitro de la contienda permanece inmóvil, como si los evidentes actos anticipados de campaña fueran un problema del futuro y no una práctica de todos los días.
El organismo encargado de garantizar la equidad electoral reconoce que existen vacíos regulatorios, sus propios consejeros advierten que los lineamientos debieron aprobarse hace meses, pero el consejo general que encabeza Guadalupe Taddei sigue posponiendo la decisión y, para colmo, se fue de vacaciones dejando el expediente sobre la mesa.
Desde hace meses proliferan las bardas, lonas, giras estatales, reuniones con sectores sociales, asambleas informativas y una intensa promoción en redes sociales.
La simulación es tan evidente que raya en el absurdo, porque todos saben que quienes recorren la entidad no pretenden coordinar absolutamente nada, buscan convertirse en gobernadores.
Todos entienden que las bardas no promueven una causa abstracta, sino a una persona perfectamente identificable y que las “asambleas informativas” funcionan como auténticos mítines políticos.
La autoridad electoral ha caído en una peligrosa contradicción, porque exige a los ciudadanos respetar rigurosamente las reglas de cada proceso electoral, pero permite que las principales fuerzas políticas jueguen durante meses en una especie de tierra de nadie, donde casi todo está permitido porque simplemente no existen lineamientos claros para fiscalizarlo.
Los propios consejeros Arturo Castillo y Carla Humphrey han advertido públicamente sobre el riesgo de llegar al inicio formal del proceso electoral sin reglas claras.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor