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El balón sigue rodando.

Tijuana BC - lunes 27 de julio de 2026 - Pedro Antonio Espinosa G..
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El Burladero
Por: Pedro Antonio Espinosa G
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El fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes” 
(atribuida a Arrigo Sachi y Jorge Valdano) 

TIJUANA BC 27 JULIO DE 2026.- Por allá en el dos mil doce la fiesta por el ascenso de los Xolos no disminuía en Tijuana, por fin un proyecto de fútbol lograba penetrar en la gente, dotaba de una cierta identidad que unía aficionados y acercaba a quienes nunca se habían interesado por ese deporte. Se vivía la euforia que provoca lo nuevo.

La primera vez que vino el Toluca (ganó dos a uno, por cierto), decidí sacar mi playera de choricero e integrarme al ambiente, no iría al estadio, pero ya teníamos bar designado, para esto convencí a quien era mi pareja que usara una de los Xolos para equilibrar, de camino al restaurant nos toca un alto, una camioneta de modelo reciente, color vino, junto a nosotros, en la parte trasera dentro de ella un niño hincado en el asiento me mira muy serio, tiene las manos en el vidrio mostrando sus palmas, su perspectiva es más alta que yo que voy en carro pequeño, le sonrío y no contesta, tiene, claro, su playera de los Xolos, tenemos que avanzar, a manera de despedida y sin cambiar la expresión, voltea su mano derecha y me muestra el dedo medio.

Hay algunos “reels” de anécdotas de Ruggeri, en uno de ellos narra, con una pasión que llega contagiar, cuando jugaba para el América y se entera que tendría de rival a Careca tres, que estaba en el Monterrey, a quien le guardaba el rencor de una agresión artera de hacía tres años. Entró y, como dijo antes, lo quebró a la primera, todavía se dio el “lujo” de ir burlándose de él cuando lo llevaban en camilla. La ha contado en varios foros, se la piden, es gracioso el relato.

“En estos casos tienes que hacerlo, tienes que cometer la falta porque si no se te va a ir y hay peligro de gol”, “inteligentemente se deja caer al sentir el contacto y así provoca el penal”, “ahora se deja caer, se queja de un contacto y es que está bien, tiene que hacer tiempo”, se me acaban de ocurrir, pero apuesto a que mucho peores cosas se oyen cada semana porque el fútbol no para, acaba de pasar el mundial y ya está la liga.

Lo del niño no es absolutamente nada en comparación con los videos donde se exhiben niños argentinos, con la obvia aprobación adulta que los rodea, insultando con toda la gramática inventada al día de hoy a los españoles, por lo que todos sabemos. Episodios como el de Ruggeri son muy comunes, cada partido tendrá sus cosas buenas y menos buenas también, desde los amateurs en todas sus categorías. Qué decir de quienes narran, me tocó estar en Honduras cuando a Salvador Nasralla, el narrador más popular de su historia, se le ocurrió amenazar con revelar el nombre del lugar donde se hospedaba el árbitro, Chiquidrácula, el cual consideraba injusto con su selección que jugaba contra Costa Rica, así que arengaba a la afición a que fueran a agredir al silbante después del partido; las expresiones que arriba se me ocurrieron encajan en la narrativa de varios, no todos por fortuna, pero no son raros ese tipo de mensajes, ni qué decir del leguaje corporal de los jugadores, quéjate mucho, engaña lo más que puedas, aprovecha cualquier oportunidad para afectar al contrario, o sea, sé lo más tramposo que puedas. Los ídolos de los niños.

De que son unos auténticos atletas, sin duda, el nivel se los exige, pero ¿no se darán cuenta de la influencia que llegan a tener extra cancha?, ¿estarán conformes con los mensajes que mandan? Estaremos de acuerdo en que, de una u otra forma, la cultura del fútbol vive totalmente incrustada en la sociedad, la misma vida diaria tiene un minuto, mínimo, en que respira fútbol, pero hay que ver de qué forma. 

Si se quiere entender más como fenómeno de globalización hay que echar ojo a El mundo es un balón, de Franklin Foer, o a Dios es redondo, de Juan Villoro, para ver, por medio de crónicas, la influencia y relación que tiene en la historia de cada quien.

Mucho más allá de llegar para quedarse, el fútbol parece convertirse en sectas cobijadas por una sola religión, ante todo el juego, después el país y en tercero, a veces segundo, el equipo del que seas seguidor. La bola rueda y hay que mantenerse al día de cualquier pormenor, juntarse a festejar, justificar o quejarse, todo esto, casi siempre, mientras las copas chocan y chocan. Hasta ahí todo bien, un buen escape semanal con amigos o familiares que compartan su espectáculo favorito, el problema es cuando el escape llega hasta las agresiones, que muchas veces traen resultados lamentables, trágicos, amistades y familias rotas son lo menos. Luego dicen que los toros provocan violencia. En fin.

Antes de salirme de contexto, que esto tiene tanto que lo permite, creo que el fin del mundial debería mandarnos a pensar un poco, a autoanalizarnos en serio, los fenómenos “anti” encontraron buen abono entre las multitudes que celebraban, o, en caso contrario, en otros que buscaban sacar frustraciones como fuera, mal resultado en ambas caras de la moneda, en vías públicas y, ni se diga, en las redes los sentimientos de odio o racismo siguen saliendo puntualmente, para un lado o para el otro, pero a unos extremos que, vaya, a Matías Almeyda hay gente en su país que lo acusa de traición a la patria, háganme el favor, por hablar de lo bien que la pasa en México e instar a la paz. 

Los límites están quedando muy cerca para el fútbol.

Por la saturación de una constante publicidad que incita la pertenencia a algo, pero a la división con el resto y el odio irracional a rivales definidos, también, todos somos susceptibles de caer en tan atractivo espectáculo, que lo es, pero la influencia resulta tan notoria que hasta algunos comediantes han sacado chistes al respecto, Franco Escamilla, entre algún otro.

El bombardeo de los muchos programas mantiene la adrenalina lista para sacarse el día de juego, mientras se mantiene un poco alterada, lo suficiente para responder cualquier broma o insulto a la playera, si es amigo será anécdota, si no, quién sabe, la cosa es que es para todos y probablemente los niños sean las presas más fáciles, pero también para bien, si hay quien enfoque la parte educativa en su programa de deporte, grandioso, con lo malo que cuando la hay es para muy pocos, aun así mejor que nada.

Ojalá que la vuelta de las ligas locales trajera algo fuera de lo normal, como ver barras bravas ya si no conviviendo, cuando menos respetándose físicamente, ambientes seguros para la asistencia de menores, programas sin inventos ni intentos de manipulación colectiva, conductores con un mínimo de todo. Qué bonito es soñar, porque ni uno, ni otro, ni nada más. Es demasiado grande, nos controla.

Arriba el Toluca. 

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