Por: Fernando Núñez de la Garza Evia
Plaza Cívica
MONTERREY NL 30 DE JUNIO DE 2026.- La reconfiguración del sistema de partidos en México promete continuar. Con la irrupción de Morena se produjo una reorganización partidista no vista en décadas, con partidos fenecidos, otros seriamente debilitados y el ascenso de un autoritarismo hegemónico. La entrada de Somos México promete continuar con esa reconfiguración, recurriendo, hasta cierto punto, al modelo del partido en el poder.
La realidad incontrovertible es que Morena no es un partido dominante, sino uno hegemónico con altos niveles de popularidad como no se veía desde la década de los ochenta. La gran diferencia entre uno y otro es que, mientras los primeros se mantienen en el poder en un contexto democrático, los segundos cambian las reglas del juego democrático, inclinando el terreno político para mantenerse en el poder y dificultar que otros accedan a él. Con el control del Tribunal Electoral y de la Suprema Corte, así como de una parte considerable del INE, el oficialismo ha inclinado las reglas del juego a su favor.
No olvidemos, asimismo, la reforma de supremacía constitucional, así como la sobrerrepresentación espuria de la coalición gobernante en el Congreso de la Unión.
Parte de la problemática autocrática por la que atraviesa el país radica en la falta de cuadros, de propuestas y de narrativa en la oposición. El viejo partido hegemónico y el partido tradicional de la derecha mexicana han dejado de rotar sus grupos políticos en su interior y, peor aún, muchos de sus liderazgos enfrentan serios señalamientos de corrupción – ya ni hablemos de falta de carisma político.
Por otra parte, no existen propuestas políticas claras y diferenciadas; por el contrario, vemos políticas reactivas a una coyuntura dominada por el oficialismo. Finalmente, no hay liderazgo opositor alguno que pueda crear una narrativa alterna y propia, a pesar de los innumerables tropiezos del gobierno: desde los narcopolíticos, pasando por el mal estado de la economía, hasta la creciente corrupción.
Si la oposición ha sido incapaz de reinventarse, la única alternativa son nuevos partidos políticos. Es en este contexto donde entra Somos México, cuyo modelo rima con el del oficialismo. Porque si Morena impulsó una narrativa contra el pasado neoliberal, se convirtió en un partido atrapalotodo y carece de definición ideológica, Somos México promete empujar una narrativa contra el pasado reciente morenista (“ya no solo se trata de separar al partido del gobierno, sino a los criminales del gobierno”, declaró Acosta Naranjo), adolece de ideología política (“no somos un partido de derecha ni de izquierda”) y será un partido efectivamente atrapalotodo (“aquí cabemos todos los que creamos en la democracia”).
El gran desafío del nuevo partido será doble: evitar la incorporación indiscriminada de personas y proponer políticas populares, aunque no populistas. Porque el discurso de recuperación de la democracia jamás basta: ni en México, ni en Hungría, ni en los Estados Unidos.
Morena es un tigre de papel que debe estar preocupada por el surgimiento de su nueva némesis. Los partidos fundados por Manuel Gómez Morín y Plutarco Elías Calles deben estar aún más preocupados.
Por lo pronto, la llegada de Somos México representa una buena noticia para el sistema de partidos del país.
Y para lo que aún nos queda de democracia.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.