Por: Fernando Núñez de la Garza Evia
Plaza Cívica
MONTERREY NL 22 DE JUNIO DE 2026.- Los problemas por los que atraviesa el país —y que solo prometen empeorar— no son resultado de la llegada de la izquierda al poder, sino de la corriente izquierdista que llegó al poder en México. El atraso ideológico del principal partido de izquierda mexicano, representado por el oficialismo, es evidente por innumerables razones. Sin embargo, tres resultan particularmente relevantes.
"Está en nuestro poder comenzar el mundo de nuevo", escribiría Thomas Paine, considerado por muchos como el padre del liberalismo anglosajón (o de la izquierda moderna). Si a finales del siglo XVIII Paine consideraba que se debía romper completamente con el pasado por sus injusticias y que resultaba fundamental comenzar una nueva etapa, el fundador de Morena y su discípula política ven el pasado liberal y democrático mexicano como completamente abusivo, justificando así toda acción que destruya lo construido. Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre Paine y el morenismo: mientras que el primero quería construir una sociedad democrática y de derechos individuales (apoyó la Revolución Americana y la fase inicial de la Revolución Francesa), los segundos se han empecinado en destruir nuestra democracia liberal.
Ninguna institución que sustentaba la democracia liberal mexicana se ha salvado. Si la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) tenía como objetivo defender a los ciudadanos del abuso del poder político, hoy tenemos a una titular que fue militante de Morena y declaró que “la CNDH no debe ser contrapeso”. Si una de las misiones del Instituto Nacional Electoral (INE) y del Tribunal Electoral (TEPJF) era ser árbitros imparciales en la contienda electoral, hoy ambas instituciones se encuentran capturadas: además de sus resoluciones favorables al oficialismo, vale recordar que el hijo de la consejera presidenta es el secretario particular del presidente del Consejo Nacional de Morena; que el consejero Arturo Chávez fue director general de Talleres Gráficos de México y trabajó con la presidenta en la alcaldía de Tlalpan; y que la bancada de Morena le dio el regalo inaudito a cuatro magistrados electorales —tres de ellos alineados con el oficialismo— para permanecer diecisiete años en su cargo. Ya no hablemos de la sobrerrepresentación del 20% en el Congreso de la Unión. Del asedio a una parte considerable del periodismo nacional y local bajo los gobiernos del morenismo. O de los plebiscitos a modo para darle legitimidad a las decisiones del gobierno.
Daniel Cossío Villegas criticó la falta de democracia y libertades en el país bajo el viejo priismo, aunque también reconoció su vocación de Estado, observable en la “gran estabilidad política” y el “señalado avance material”. Lo más grave del partido representativo de la izquierda mexicana no es su visión de la historia ni su autoritarismo, sino precisamente la falta de visión de Estado, observable en la estela de destrucción institucional y programática, y en la improvisación política continua. Es por ello que la relativa estabilidad política en el país se ha ido deteriorando, con focos rojos reflejados en los indicadores económicos, en un discurso súper polarizador y en una relación cada vez más conflictiva con nuestro vecino y principal socio comercial.
La izquierda morenista es iliberal, antidemocrática y carente de sentido de Estado. De esperarse que sus simpatías descansen en las izquierdas latinoamericanas gestadas en tiempos de la Guerra Fría. Es el único partido que se ha obstinado en cerrar los canales institucionales para solucionar desacuerdos y que hará hasta lo imposible para evitar la alternancia en el poder.
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