ENTRE COLUMNAS
El 11 de septiembre del 2001 (9/11), con el derrumbamiento de las Torres Gemelas en Nueva York, se transformó el modo de proceder del gobierno estadounidense en su política exterior. Le sobrevino una paranoia colectiva alimentada por discursos oficiales de nuevos posibles ataques, aderezados con un rabioso ánimo de justicia,en calidad de eufemismo de venganza. En aquel entonces sus fronteras prácticamente se sellaron. Han sido objeto de exhaustivas revisiones oficiales quienes a partir de ese día han pretendidoingresar por tierra, aire o mar. Tres años más tarde el grupo terrorista Al-Qaeda, en voz de su dirigente Osama bin Laden, se adjudicó el atentado, a razón del apoyo que los Estados Unidos de Norteamérica brindaba a Israel, la presencia de sus fuerzas armadas en Arabia Saudita, y las sanciones impuestas a Irak.
Once y medio años más tarde, el fatídico suceso anclado en la memoria a mediano plazo de los estadounidenses, fue brutalmente arrastrado al presente con un nuevo atentado, pero esta vez acaecido en la ciudad de Boston,durante la celebración del maratón mundial más antiguo en el orbe, en su edición centésima décima sexta, precisamente en el Día del Patriota. Al principio la sospecha popular recaía sobre los árabes o cualquiera que fuera nacido en el medio oriente, en especial si profesaba la religión musulmana. Luego, recordaron las amenazas de Kim Jong Un, presidente de Corea Del Norte, entonces “los del gato encerrado” fueronlos que tuvieranaspecto asiático. Al final se supo que ni personas de unou otro grupo étnico serían el enemigo a atrapar, sino que un par de hermanos chechenos eran los colocadores de las bombas hechas con cacerolas.
De los hermanos Tsarnaev, unomurió en franco tiroteo al tratar de huir. El otro fue capturado en tan solo cuatro días, quedando herido del cuello. De hecho, al momento de la escritura de estas líneas, ya se había recuperado lo suficientecomo para estar dando respuesta a los cuestionamientos de un cuerpo especial de investigadores antiterrorismo. De seis artefactos explosivos, uno no se colocó, cinco sí, pero solo tres estallaron causando la muerte de trespersonas, incluyendo la de Martin Richard, un niño de ocho años que esperaba a su padre en la meta para recibirlo con un abrazo. De igual forma,hubo más de 140 heridos, varios de ellos sin sus extremidades. En este acto cruel en que la maldad clavó sus fauces en los deportistas, familiares y observadores simpatizantes, de inmediato el espíritu humano se alzo con dignidad, pues hubo personas que corrieron al instante a auxiliar a los heridos dirigiéndose directamente al sitio mismo en que acababan de suceder las explosiones.
¡El FBI (Federal Bureau Investigation), ahora carga una grave culpa por negligencia!La familia de este par de hermanos, nacidos en Kirguistán,emigraron a los EE. UU. huyendo de los brutales conflictos bélicos de Chechenia de la década de los noventas. Sin embargo viajaban con frecuencia a Rusia. Fue así que el gobierno ruso, en el 2011, formalmente le solicitó a su similarestadounidense que investigara a Tamerlan, el hermano mayor. Lo señalaban como un seguidor del Islam radical. Los agentes del FBI lointerrogaron en ese mismo año, pero no a profundidad. ¡Ahora dicen que la solicitud del gobierno ruso fue vaga! ¡Como si un gobierno hiciera una petición a otro solo por diversión! ¿Acaso es requisito esencial usar turbante y tener barba cerrada para convertirse en un peligroso fundamentalista? Si la profundidad de una investigación la marca el estereotipo étnico, entonces no existe diferencia entre la opinión popular y la de un experto investigador científico delas filas del FBI ¡Así lo prueba el apellidoTsarnaev!
El autor es abogado y psicólogo. Su posgrado más reciente: Maestría en Docencia por la UIA, plantel Tijuana. Correo electrónico:
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