ENTRE COLUMNAS
Por: Karim Chalita R. III
El periodo vacacional que motiva la Semana Santa en México, por tradición cristiana, representa una época de reflexión para un sector amplio de la población. Hacen un recuento de sus pensamientos, acciones e intenciones, para poder corregir lo necesario y transformarse en una versión más positiva de si mismos. En teoría, la forma correcta de hacerlo no es acomodaticia, sino que lo analizado debe confrontarse con una serie de códigos de normas (corpus) que marcan el estándar a cumplir.
Para el feligrés de la Iglesia católica (83.9% de la población mexicana), principalmente tiene que ver con el catecismo derivado de los evangelios, aderezado con algunos pasajes bíblicos de ambos testamentos, y algunas inferencias organizacionales propias de su historia. Para el oriundo de un partido político, el análisis de su desempeño tiene que ver con el ideario y algunos cuerpos de leyes institucionales particulares. Resulta común que la alta jerarquía de ambos tipos de organizaciones no cumplan lo ordenado por sus corpus, exigiendo que los demás miembros lo hagan.
Estos dos tipos de instituciones cobran vida en base a una ideología plasmada en sus corpus, que están para ser la fuente guía del pensar y actuar de todos sus miembros. Lo anterior, en un contexto que exige una liberación de las cadenas de subyugación material o espiritual. ¡Excelsas normas que debieran distinguirlos de quien no pertenece a su organización! La distinción es solo de nombre, ya que debido al materialismo corrosivo que se apareja con la búsqueda constante del placer, al decir de los obligados, su corpus es visto como meras palabras que solo reflejan “la teoría”.
Es así que con suma ligereza, las alianzas electorales de los partidos de izquierda y derecha, simulan ser agua y aceite de igual espesor sin la menor carga de consciencia. Situación similar sucede con el alto cardenalato controlador del Instituto para las Obras de Religión (IOR), mejor conocido como Banco Vaticano, que proyectando una imagen de alta espiritualidad ahora son investigados por la justicia italiana como sospechosos de manejos de fondos para el lavado de dinero.
Lo cierto es que ni en la Iglesia católica, ni en los partidos políticos, prevalece de manera absoluta la soberbia que impulsa el desacato constante a la sabiduría de sus corpus. Como en toda organización, los que se benefician de las crisis, degluten todo intento de cambio. ¡Son la moderna Caribdis! La misma, que miles de años atrás, sorbiera enormes cantidades de mar tragándose barcos y marineros por igual, solo para vomitarlos en destrucción y muerte. La Iglesia católica, a diferencia de los partidos políticos, parece estar resuelta a expulsar a tan infame esperpento de su propio seno.
En ese sentido, ¡es así que el Papa Francisco estudia la inminente y liberadora disolución del IOR! Quedando pendiente el tema de los delitos sexuales cometidos por sus curas y las justas indemnizaciones por daños y perjuicios a las víctimas y ofendidos. Por otro lado, los partidos políticos no han acertado en encontrar la manera de librarse de su nefasta Caribdis. Así lo muestra la coalición amarrada por las cúpulas del PRD, PAN, PANAL y PEBC, que transgrédela esencia de su doctrinas políticas, las mismas que en las pasadas elecciones presidenciales, a través de sus candidatos, los confrontó de manera brutal.
Es evidente que el funcionamiento de las organizaciones suele ser algo menos que perfecto, no tanto por sus estructuras formales, sino por el elemento humano que las conforma. La Iglesia católica, y los partidos políticos, no están al margen de ello; ya que en el corazón del hombre a diario se libra una lucha entre su parte de sombra y su parte de luz. Dentro de este tipo de instituciones resulta extremadamente complejo decidir jugar el rol de Caribdis o de quien la combate. En uno u otro rol, necesariamente se rompen hilos de la telaraña de intereses, activando una serie de reacciones intestinas por quienes en ella penden para bien o para mal.
Resulta indudable que cualquiera que sea la decisión, siempre causará consecuencias a combatir. Hoy por hoy, la Iglesia católica, buscando cumplir con el estándar fijado por su corpus, está a punto de dar signos innegables de ajuste al mismo, siempre que la disolución del IOR se dé. ¡Sería el inicio de un largo recorrido por la honrosa senda de la congruente corrección! En los partidos políticos hay quienes buscan el derrotero sugerido por su corpus institucional, pero Caribdis, engulléndolos, aniquila la posibilidad de una mejora permanente. A cada Caribdis le llega su Ulises que la aniquila. ¡Está claro que el de hoy está tardando demasiado en llegar!
El autor es abogado y psicólogo. Su posgrado más reciente: Maestría en Docencia por la UIA, plantel Tijuana. Correo electrónico: [email protected] Blog: http://kchr3.blogspot.mx/ Twitter: @Ka_Chal