Palco de Prensa
Por: Gilberto LAVENANT
El próximo domingo 7 de julio, se llevarán a cabo las elecciones para renovar la gubernatura estatal, las cinco alcaldías, así como el Congreso del Estado, integrado por 17 diputaciones por la vía de la mayoría relativa y 8 por la de representación proporcional.
El principal dilema de esta contienda, consiste en que si después de 24 años, el panismo se ve obligado a dejar la gubernatura estatal y el retorno del PRI, con lo que, si además logra mantener las alcaldías y la mayoría legislativa, Baja California se volvería a pintar de rojo, después de 4 sexenios y esta entidad dejaría de ser “la joya de la corona” del PAN.
Faltan casi 3 meses y medio para que llegue esa fecha. Dentro de un mes y días empezarán las campañas electorales y aunque al final de cuentas son los electores los que deciden con su voto, pareciera que está cerca el retiro del partido blanquiazul. Los panistas se aferran, se agarran hasta con las uñas, para no ser desahuciados de la administración pública, que les permitió tocar el cielo de la política nacional, al llegar a ostentar la Presidencia de la República durante 12 años.
La palanca de la nómina oficial, les permitió lograr una gordura artificial en sus padrones. Ahora sin ella, parecen condenados a regresar al pasado, a ser un partido que navegue en la oposición, con pobre militancia, basado simplemente en sus principios e ideología. Qué tiempos aquellos.
Apenas iniciado el año, los panistas concluyeron el recuento de los daños, luego de los comicios del 2012 en que perdieron la Presidencia de la República. De 354 mil 461 militantes y un millón 514 mil 106 adherentes, que conformaban su padrón, apenas si les quedaron 205 mil 33 militantes y 163 mil 220 adherentes. Sin nómina oficial que compense el “cariño y lealtad” por el partido, las pérdidas fueron enormes. 149 mil 428 militantes se fueron en busca de otros aires partidistas y un millón 187 mil 666 adherentes, se desprendieron de la “urbe azul”.
De las 14 elecciones locales que habrán de llevarse a cabo en este 2013, a nivel nacional, la de Baja California es la más emblemática e importante, pues aquí está en juego la gubernatura estatal, la que ostentan desde hace 24 años, cuando en 1989 Ernesto Ruffo Appel se convirtió en el primer gobernador panista de todo el país.
Durante 24 años, los panistas han logrado conservar la gubernatura, con cierta facilidad. Casi por inercia. Y los priístas, se han tenido que tragar sus derrotas y frustraciones. 24 años después, las perspectivas son totalmente distintas. El haber perdido las cinco alcaldías y la mayoría legislativa en el 2010, fue el primer signo de esa tendencia negativa para el panismo.
En el 2012, indudablemente que en gran parte por el efecto Peña Nieto, la pérdida de 7 de 8 diputaciones federales que comúnmente estaban en manos de panistas, fué un serio sofocón al PAN. La del 2013, podría ser la tercera derrota al hilo y la más decisiva. De ser así, entonces se sabría quienes realmente son panistas de corazón, y quienes meros convenencieros.
Los panistas basan sus esperanzas, pobres esperanzas, en los resultados de dos comicios emblemáticos para ellos. Los de 1989, cuando la ruffomanía logra la gubernatura estatal por primera vez. Y los del 2007, cuando José Guadalupe Osuna Millán, logra vencer en las urnas al polémico empresario casinero Jorge Hank Rhon.
Sólo que cabe observar que los tiempos cambian. En 1989, Ruffo ganó con 204 mil 120 votos, el 52.3% del total, que ascendió a 390 mil 58. Margarita Ortega Villa apenas si logró 162 mil 941 votos.
En el 2007, Osuna Millán ganó con 436 mil 360 votos, el 50.43% del total, que ascendió a 865 mil 364. Hank Rhon logró 380 mil 772 votos, o sea 217 mil 831 votos más que Margarita y 76 mil 652 más que Ruffo.
En el 2007, participaron 457 mil 306 electores más que en 1989. Sin embargo, en el 2010, hubo 2 millones 318 mil 757 y en el 2013 el padrón lo integran 2 millones 543 mil 77 electores. Un total de 2 millones 153 mil 19 electores más que en 1989, o sea 6.5% veces el número de electores que hubo en los comicios en los que ganó la ruffomanía.
En 24 años, el padrón electoral no solamente creció tremendamente, sino que además, el PAN se desgastó considerablemente. Por lo que respecta a nivel nacional, en días pasados, Gustavo Madero, dirigente nacional del PAN, reconoció que su partido se “desdibujó” como institución en los 12 años que estuvieron en el poder al convertirse en un “satélite” de los gobiernos panistas.
“En estos 12 años –dijo- nuestro partido se convirtió en un satélite de los gobiernos emanados de nuestras filas y en el intento de participar en su ejercicio, nos desdibujamos como institución, contaminándonos de todo aquello que tanto criticamos y propiciando una triste alienación de nuestra identidad”.
En Baja California, al amparo de las siglas de Acción Nacional, individuos sin escrúpulos obtuvieron riquezas mal habidas y la “onda grupera”, lo dice Ruffo, se apoderó de las estructuras partidistas, para decidir quienes son postulados a los diversos cargos de elección popular, aunque carezcan de capacidad, experiencia e ideología política.
Sin embargo, tratando de evitar lo casi inevitable, los panistas están dispuestos a recurrir a todo. Como en las peleas de “vale todo”.- Campañas negras, recursos oficiales, la nómina oficial e incluso acciones judiciales.
El PRI, por su parte, se siente optimista y considera que está a punto de recuperar la gubernatura estatal. Habría qué destacar que hay dos factores más, sumamente peligrosos, tanto para unos y otros. El abstencionismo y el resentimiento de sus propios militantes. Además, el panismo y el antipriísmo, la percepción popular de que el PRI o el PAN, son los responsables de la problemática que afrontan.
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