Palco de Prensa
Parecía intocable. Muchos suponían que pudiese ocurrir, pero de inmediato reconocían que prácticamente era imposible. Pero ocurrió, la poderosísima dirigente vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, fue detenida y encarcelada.
La acusan, de realizar operaciones ilícitas, por más de 2 mil millones de pesos. Dinero de los fondos sindicales, que desvió a cuentas de particulares y además para cubrir gastos personales, como de cirujía estética. Uno de los propósitos de la reforma laboral, era precisamente garantizar claridad en el manejo de los recursos de los sindicatos. Cayó la primera. A los que estén en condiciones similares, se les recomienda “poner las barbas a remojar”.
En conferencia de prensa, el Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, explicó que el 23 de febrero se ejerció acción penal en contra de la líder magisterial, de la que se derivó la orden de aprehensión que ayer fue ejecutada. Apenas 3 días, qué celeridad, cuando se hacen a un lado las excusas que generan impunidad.
Curiosa o irónicamente, la detención se llevó a cabo en terreno peñanietista. Fue en el aeropuerto de Toluca, la capital del Estado de México, que gobernó el ahora Presidente de la República, Enrique Peña Nieto. Fue algo así como si solita se hubiese metido a la trampa. Y ¡zaz! Que la cachan.
Según la información de Murillo Karam, la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, detectó operaciones inusuales por 2 mil millones de pesos, en cuentas bancarias del SNTE. Cabe observar que conforme a la legislación bancaria, las instituciones que detecten manejos presuntamente irregulares, como depósitos, transferencias o expedición de cheques por sumas elevadas, deben reportarlas de inmediato a la PGR y a la Secretaría de Hacienda. Este ha de haber sido el caso.
Evidentemente la maestra Gordillo, estaba “desinflando” las cuentas sindicales. Ella misma facilitó su detención. Se dice, que de 2008 al 2011, hubo desvios recursos, de cuentas del SNTE a cuentas de personas físicas, y que se detectaron cuentas a nombre de Nora Guadalupe Ugarte, Isaías Galindo y José Manuel Díaz Flores.
Murillo Karam observó que el dinero de los trabajadores de la educación, se usó para pagar una tarjeta de crédito a nombre de Elba Esther Gordillo y además se detectaron transferencias electrónicas a clínicas para cirugías estéticas, por un monto superior a los 17 mil dólares. Algo común y corriente, para los caciques sindicales. Si el corte fuese parejo, se tendrían que hacer cárceles especiales, para darles cabida a todos.
La detención de Gordillo, se dá a 24 horas de la promulgación de las reformas constitucionales, que dan sustento a la reforma educativa, a la que se oponía Elba Esther y en contra de la cual había venido desarrollando una rebelión a nivel nacional, argumentando que dicha reforma tiene como objetivo el privatizar la educación y expone a los maestros a ser retirados del empleo, en caso de reprobar los exámenes de evaluación.
La detención de Gordillo, hizo recordar el caso de la detención del entonces poderoso líder de trabajadores de PEMEX, Joaquín Hernández Galicia. Se le conoce como “el quinazo”, Fue el 10 de enero de 1989, apenas unas semanas después del inicio de la gestión del Presidente Carlos Salinas de Gortari.
Pretextos, para la detención del lífer petrolero, sobraban. Elementos del ejército mexicano, irrumpieron en la residencia del líder sindical y en las de los demás miembros de los dirigentes del sindicato de trabajadores de Pemex y lo enviarona prisión, condenado a 35 años, por acopio de armas, asesinato en primer grado y enriquecimiento ilícito. Igual que como pretendió hacer Felipe Calderón con el empresario casinero Jorge Hank Rhon.
Se dice que si bien es cierto que había elementos para proceder en contra de “La quina”, en realidad fue una estrategia para legitimar al Presidente Salinas de Gortari. Sobre todo, para acabar las mofas que se hacían de él. Chiquito, pelón y orejón. Después de “El quinazo”, la clase política dejó de hacer bromas. A partir de entonces le refirieron como “Señor Presidente”. Si metió a la cárcel al poderoso líder petrolero, ¿Qué no haría con políticos de igual o menor dimensión?
Todo indica que, a la vieja usanza, y tal vez por recomendaciones del propio Salinas de Gortari, el Presidente Enrique Peña Nieto decidió proceder legalmente contra la maestra Gordillo, que amenazaba con paralizar el sistema educativo nacional. No la tomaron en cuenta en las reformas educativas. Ni siquiera la invitaron a los eventos relativos a las mismas. Era notoria su molestia. Sentía que la estaban subestimando.
Parece increíble, la poderosa líder sindical, tras las rejas. Seguramente va a extrañar las comodidades de su casa en SanDiego, California. Tal vez lo resienta menos si en los próximos días le hacen compañía algunos de sus incondicionales, protegidos y beneficiados.
La lidereza, que ponía y quitaba Secretarios de Estado, que hacia pactos electorales para facilitar la llegada de los panistas a la Presidencia de la República, que hizo su propio partido, cuando ya no tuvo cabida en el PRI que la vió nacer políticamente. Hoy, reducida a simple reclusa.
Falta ver quien se atreve a salir en su defensa, sin evidenciar complicidades delictivas. Es la oportunidad para que se transforme el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Falta ver quien le sucederá en el cargo.
Dos cosas más, Peña Nieto ya demostró que no es solamente un joven carismático. Que como Presidente de México, está dispuesto a aniquilar a quien le rete. Que no está para bromas. Que se vean en el espejo de Gordillo y “pongan las barbas a remojar”. Que hay celdas disponibles para muchos.