Filiaciones partidistas..
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Filiaciones partidistas..

TIJUANA, BC - lunes 25 de febrero de 2013 - Gilberto LAVENANT.
1998

 

Palco de Prensa
 
Los periodistas, como cualquier ciudadano, tienen derecho y la libertad de profesar la religión que mejor les parezca o convenza, así como tienen derecho y pueden afiliarse o simpatizar con el partido o el político que sea afin a sus ideas personales o intereses. No son extraterrestres.
 
Sin embargo, no pueden, o mejor dicho, no deben, mezclar sus intereses o ideologías personales, con su trabajo periodístico. En la medida en que se inclinen hacia el partido de sus amores, en esa misma medida pierden valor como periodistas y se convierten en promotores del partido o político con el que se identifiquen.
 
Sin embargo, hay que saber distinguir. El analizar personajes políticos y reconocer ciertas cualidades o ventajas de unos y desventajas de otros, no significa precisamente, que se realice proselitismo a favor de tal o cual personaje.  
 
Así mismo, el hecho de criticar y observar las fallas de los gobernantes, tampoco significa que el periodista sea de filiación política distinta o contraria. El periodismo no se ejerce, o más bien, no debe ejercerse, atendiendo intereses o filiaciones partidistas.
 
Generalmente se critica a los políticos que están en la función pública, porque son los que incurren en fallas, errores o excesos, que afectan a los gobernados. Las fallas, errores o excesos de los políticos que no están en la función pública, generalmente solo les afecta a ellos en lo individual o al partido al que pertenecen.
 
Imaginen que por el simple hecho de la filiación o simpatía partidista, se omita el análisis o la crítica de tal o cual funcionario. Si de por sí son cínicos y prepotentes.
 
Lo mismo puede decirse en los casos en que quienes ejercen el periodismo, aceptan dádivas, beneficios o compromisos con determinado político. Las colusiones son detestables. Tampoco hay que confundir otra situación. Es normal que entre periodistas y políticos surjan relaciones de amistad o simple simpatía, por el trato cotidiano y el respeto mítuo. Incluso por simple respeto.
 
Hasta no hace mucho, solamente priístas estaban en la función pública. Los priístas llegaron al gobierno estatal de Baja California, hasta 1989, cuando Ernesto Ruffo Appel se convierte en el primer gobernador panista. A nivel federal, hasta el 2000 en que Vicente Fox asume la Presidencia de la República.
 
Pero no solo eso, quizás por su propia formación política, los priístas son más abiertos. Es más fácil relacionarse con ellos, aunque no surja amistad o negocio alguno. En cambio, los panistas, son cerrados. Generalmente solo se relacionan con aquellos que se identifican como blanquiazules. Aunque les parezca raro, pero así es.
 
El columnista no acostumbra hacer referenias personales, salvo cuando vale la pena o es necesario hacer alguna cita. Un asistente personal de Cuauthémoc Cardona, fue alumno del columnista, con una excelente relación de amistad. Aprovechando esa relación, el columnista le planteó que le dijera a Cardona, que cuando así lo dispusiera, podrían tomar un café, a fin de charlar sobre temas diversos. De eso hace ya varios años. Incluso el columnista tuvo oportunidad de plantearlo directamente con dicho panista, pero nunca se dió el encuentro.
 
Los periodistas, y en especial los columnistas políticos, nutren y enriquecen sus conocimientos, de la información y comentarios que reciben, sin distinción de siglas partidistas.
 
El columnista estableció excelentes relaciones con antiguos militantes panistas. Por ahí recordamos a la Dra. Irene Contreras de García, por citar un nombre o incluso el propio Salvador Rosas Magallón. Eran los tiempos en que para ellos, llegar al gobierno, era una simple ilusión, un sueño. Y no era difícil tratar con ellos.
 
Otro caso. El columnista tiene amistad, con una persona que en cierta forma tiene parentesco con el precandidato panista, Alejandro Monraz, desde hace varios años. En varias ocasiones le comentó a dicha persona que le dijera a Monraz que, cuando así lo dispusiera, podrían platicar. Nunca hubo respuesta.
 
Recientemente, el columnista hizo referencia a las actitudes valientes del diputado panista Ricardo Magaña Mosqueda, quien en varias ocasiones hizo pronunciamientos en contra de actitudes o disposiciones del Gobernador José Guadalupe Osuna Millán.
 
Aprovechando una visita al recinto legislativo, el columnista intentó ser recibido por Magaña Mosqueda, en sus oficinas. Se anunció con la recepcionista y el legislador ni siquiera tuvo la atención de salir de su privado, saludar al periodista y disculparse de no poder atenderlo, debido a sus labores.
 
Luego vendría el asunto de la “ideota”, o sea la creación del llamado Instituto de Ciencias Forenses, que provocó un caos, al dejar en suspenso el servicio médico forense y los servicios periciales de todo tipo, en la entidad. Ni modo de dialogar sobre este tema con el panista, excedido en soberbia.
 
Un intercambio de opiniones con legisladores del PEBC y PRI, resolvió el asunto. Se abrogó la ley que creó el llamado “frankestein” de Magaña Mosqueda, y todo arreglado. Todo indica que los individuos de “sangre azul”, son clasistas. No se relacionan con ajenos a su partido. Ni siquiera porque sean periodistas. De ahí pues la poca referencia que se hace de ellos. Y todavía se quejan.
 
El columnista no tiene filiación partidista. Nunca la ha tenido. Respeta a quienes la tienen, pero lamenta que exista quienes distorsionen las funciones y fines del periodismo, y actúen como meros promotores partidistas. Al buen entendedor, pocas palabras.
 
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