Hoy hace 25 años en Tijuana, y tras los actos terroristas
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Hoy hace 25 años en Tijuana, y tras los actos terroristas

TIJUANA BC - viernes 11 de septiembre de 2026 - AFN.
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DORA ELENA CORTÉS 
IMÁGENES DE BORDER ZOOM 

TIJUANA BC 11 DE SEPTIEMBRE DE 2026 (AFN).- Hoy, hace 25 años, el martes 11 de septiembre de 2001, muy temprano por la mañana iba manejando mi vehículo con rumbo a la ciudad de Mexicali. 

Llevaba como pasajero a un compañero, entonces llamado Jorge Cornejo, también corresponsal (La Jornada), ya que un día antes quedamos de acuerdo en viajar juntos a la capital del Estado, ya que tanto a él como a mí, en ese entonces corresponsal de la agencia española EFE, nos habían comisionado a cubrir un evento sobre la problemática del agua que tendría una importante participación binacional, con reconocidos especialistas y entre otros participantes, el entonces exgobernador de Baja California Ernesto Ruffo Appel, hoy en prisión, acusado por el Gobierno Federal de ser supuestamente "cabecilla" de una organización dedicada al huachicoleo fiscal, en un tema que tiene -al parecer- tintes políticos.

Mi compañero también era conductor en un espacio radiofónico en XEC Radio Enciso, donde yo le había invitado a sumarse, ya que en ese entonces yo participaba en la radio a invitación de doña Gloria Enciso y a instancias del compañero Jorge Esparza Karlo quien me solicitó que le cubriera en sus programas, ya que él había aceptado la invitación del partido de Acción Nacional para involucrarse (con mucho éxito por cierto( en la aventura política que lo llevó a ser diputado federal, por al menos dos ocasiones.

Eran las 5:46 de la mañana en Baja California cuando en Nueva York se registró el primer impacto contra una de las torres del World Trade Center. El segundo impacto se dio a las 6:03 de la mañana (hora de Baja California) en el mismo complejo que en cuestión de minutos se derrumbó.

Prácticamente íbamos llegando a Mexicali. No sé bien cuántos kilómetros nos faltaban pero íbamos en tiempo para estar presentes en el inicio del evento que, según recuerdo, sería alrededor de las 8 de la mañana. 

En ese "inter" Jorge recibió una llamada telefónica y lanzó una exclamación. Me dijo sumamente alarmado que habían derribado las torres gemelas de Nueva York y yo solamente respondí +si mal no recuerdo), algo así como ¡Ah okay!

Él, impresionado por mi falta de reacción me repitió lo que había dicho y me preguntó que si no había entendido lo que me comentaba, pero la verdad es que yo iba totalmente concentrada, viendo como una serie de bichos volaban y se estrellaban contra el parabrisas de mi vehículo, dejando rastros de sangre que yo hacía esfuerzos para no permitirme vomitar, hasta que le puse atención a lo que me comentaba. 

De inmediato coincidimos en que teníamos que regresar porque la situación en la frontera se iba a poner difícil y que cada uno tendríamos que realizar nuestras respectivas coberturas, pero no nos quedaban más de 20 minutos o algo así para llegar a nuestro destino así que decidimos concluir el viaje, ya que llevábamos una asignación muy precisa, acordando que si recibíamos la llamada de nuestros respectivos medios pidiendo que retornáramos, era algo que habríamos de hacer. 

Y estábamos seguros que así ocurriría en cualquier momento pero llegamos al lugar sede del evento y casi pisando el lugar y saludando a los asistentes, recibimos las llamadas que ya anticipábamos y las instrucciones similares para cada uno: 

Hay que regresar a Tijuana y reportar todo lo que pudiera estar sucediendo con particular énfasis en la frontera. 

Y ahí vamos de regreso. En Tijuana, ya cada quien nos fuimos a nuestras respectivas oficinas. 

De ahí los recuerdos se agolpan, ya que fue un día que parecía que nunca iba a terminar. 

Un evento ocurrido a 3,900 km de distancia de Tijuana y con una zona horaria de diferencia de 3 horas mantenía en vilo a nuestra entidad, como si aquí mismo hubieran ocurrido esos hechos criminales.

Durante ese día la frontera de San Ysidro con Tijuana no fue cerrada totalmente al paso, sin embargo sí se establecieron revisiones muy rigurosas que hicieron sumamente lentos los cruces, con un tiempo de espera de más de 4 horas en vehículo y más de 2 horas para los peatones, algo que entonces resultó inusual, aunque hoy día son tiempos de espera que se repiten con cierta frecuencia. 

En la ciudad se percibía un ambiente sumamente tenso; en todas partes había sorpresa, temor, angustia, inquietud, preocupación por lo que pudiera venir en el futuro cercano y sobre todo, especulaciones sobre lo que pasaría con esta frontera, considerando que pudiera haber sido utilizada por los terroristas de Al Qaeda para llegar a los Estados Unidos y máxime, después de que se supo que algunos de estos estuvieron en San Diego un par de años antes, en preparación a lo que planeaban. 

Sin embargo, luego hubo noticias en el sentido de que el mayor número de estos criminales habría ingresado a Estados Unidos a través de la frontera de Canadá, sin embargo, las revisiones prosiguieron de manera exhaustiva en nuestra región. 

Ese 11 de septiembre de 2001, donde quiera los televisores estaban encendidos y nosotros, como reporteros buscando la nota con todas las fuentes y en todas las vertientes que se nos podían ocurrir.

Mi jornada terminó ya bastante tarde y como acostumbraba en ese entonces, me reuní con un grupo de amigos en un conocido café de un restaurante en la svenida Revolución, donde al llegar el ambiente también se sentía tenso y la plática no era otra más que lo que había ocurrido en Estados Unidos, no solo en las Torres gemelas sino en otros lugares de ese país como en el Pentágono y otro frustrado vuelo que cayó en Pensilvania, después de que pasajeros y tripulantes, al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo intentaron someter a los terroristas. 

En la televisión pasaban una y otra vez durante horas los ataques en estos lugares y nosotros lo veíamos con el mismo interés de la primera vez en que se transmitieron las escenas, como si algo fuese a cambiar y como si no fuera algo que ya teníamos sumamente conocido. Ingerimos litros y litros de café.

La sorpresa era mayúscula y no podíamos dejar de ver la pantalla como si algo pudiera cambiar en las escenas ya sabidas de memoria. 

Los días siguientes fueron de mucho trabajo reporteril, dentro de un ambiente que se seguía sintiendo tenso como si presagiáramos daños mayores sin saber cómo, cuándo y dónde podrían ocurrir. 

Esta ha sido una de las etapas más impresionantes vividas en Tijuana, de las muchas que como reporteros nos ha tocado reseñar.

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