Foto: Wikimedia // Alejandro Linares García // CC BY SA 4.0
A finales del siglo XIX el historiador Francisco del Paso y Troncoso llevó a cabo una serie de expediciones para intentar localizar los restos de navíos europeos en aguas mexicanas. La búsqueda incansable de este historiador originario de Veracruz no terminó en éxito pero sirvió para sentar las bases de la arqueología subacuática en México.
Casi 130 años después de estas expediciones, un amplio grupo de investigadores estadounidenses y mexicanos ha tomado como referencia los estudios de Francisco del Paso y Troncoso para intentar localizar los 11 barcos españoles que Hernán Cortés hundió de manera deliberada en las aguas de la antigua Villa Rica durante su conquista de América Central. Esta nueva iniciativa corre a cargo de la Subdirección de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), cuya titularidad ostenta Roberto Junco. Junto a los investigadores mexicanos también se encuentran diversos arqueólogos subacuáticos procedentes de la Universidad de Miami, así como geofísicos estadounidenses que ayudarán al equipo de Junco a localizar los pecios europeos.
Para conseguir su propósito, los investigadores se han valido de las tecnologías más avanzadas en este campo. Así, para la búsqueda se emplea un magnetómetro y un sonar que realizan un barrido lo más cerca posible del fondo marino con el objetivo de localizar cualquier anomalía. Estas variaciones en el campo magnético de la Tierra podrían corresponderse con diversos objetos históricos de metal o hierro, como anclas o clavos, por lo que son registradas en un mapa. Tras un primer barrido del magnetómetro, y con este mapa ya delimitado, los arqueólogos subacuáticos son los encargados de comprobar si las anomalías detectadas tienen relación con los 11 navíos que el conquistar español hundió en 1519 en las costas de Veracruz.
La decisión tomada por Hernán Cortés en el siglo XVI puede parecernos extraña pero nadie puede negar que fue una estrategia de lo más efectiva. De hecho, aún hoy en día son muchos los que la ponen en práctica, aunque quizás no sepan que están emulando al conquistador español. Uno de los ejemplos más claros podemos verlo en el mundo del póker, cuando Chris Moneymaker, jugador amateur, se marcó un gran farol en la última mesa de las WSOP. El norteamericano había llegado a la competición más importante del mundo en esta disciplina mental, debía ir con todo, no había marcha atrás. Para Cortés sucedió exactamente lo mismo; tras un amotinamiento por parte de su tripulación, el español decidió hundir todas las naves en las que habían llegado a territorio mexicano para que ninguno de los hombres que iban a bordo tuviera la tentación de echarse atrás y huir. Solo existía un camino posible: adentrarse en territorio enemigo.
Durante años ha existido la creencia de que Hernán Cortés quemó sus navíos en vez de hundirlos. Sin embargo, y gracias a las crónicas que atribuidas a Bernal Díaz del Castillo, así como a otros documentos como las Cartas de Relación, son muchos los historiadores que confirman que la maniobra de Cortés pasó por vaciar las naves de todo cuanto le fuera útil en su expedición para luego perforar sus cascos y hundirlas, eliminando así la posibilidad de que cualquier hombre pudiese regresar a Cuba, punto desde el que habían partido para conquistar el territorio de los mexicas. De esta forma, la tradicional frase “quemar las naves” no provendría de la estrategia militar del español sino que es mucho más antigua. En concreto haría referencia a Alejandro Magno quien, al llegar a las costas de Fenicia y comprobar que su enemigo era mucho mayor en número y que sus hombres ya se sentían derrotados antes si quiera de comenzar la batalla, decidió quemar sus barcos para transmitir un mensaje a su tripulación: saldremos de aquí a bordo de los barcos de nuestros enemigos, o no saldremos.
Ahora, y a punto de cumplirse 500 años desde la llegada de Cortés a tierras mexicanas, los investigadores de este proyecto del INAH, que cuenta además con una beca de la National Geographic Society, tratan de recuperar del fondo del mar alguno de estos barcos que ofrecerían al mundo información sobre los materiales y las características de los buques españoles del siglo XVI.