Columna
Dr. Marco Antonio Samaniego López *
TIJUANA BC 19 DE FEBRERO DE 2016.- Figura central en la fe católica, la presencia del denominado Vicario de Cristo en estos días en nuestro país, genera una gran cantidad de discursividad de toda índole. Desde alabanzas a sus afirmaciones, comentarios sobre sus conceptos, discusiones acerca de la simbología que implica su persona, hasta el complejo problema de la relación con el Estado mexicano que constitucionalmente se proclama laico.
A nosotros nos llama la atención la multiplicidad de apropiaciones que se proyectan en los distintos medios de difusión, como la televisión y la prensa, sobre todo en su vertiente electrónica. ¿Por qué la visita del papa es observada desde tantas posturas distintas? Una respuesta que consideramos consistente es la manera en que la sociedad manifiesta sus expectativas en todos los sentidos.
Es decir, nos permite visualizar que la sociedad mexicana es compleja, diversa y que sin duda, no contempla la institucionalidad del papa de la misma forma a las primeras visitas de Juan Pablo II, quien en su momento utilizó a México para cimbrar al mundo socialista y es especial su natal Polonia. No es el mismo país que miraba asombrado una figura que, idealizada por los conceptos canónicos como el representante de Dios en la tierra, recorrió a finales de los 70¨s regiones de un país que lo recibía asombrado.
A pesar de los lenguajes de devoción por los narradores televisivos, las expresiones populares no tienen el mismo sentido ni la misma dimensión de otros momentos. Por un lado, la percepción sobre la calidad del gobierno y de la democracia mexicana no pasa por sus mejores etapas. La mención de los 43 jóvenes de Ayotzinapa, es un referente que sin duda coloca en entredicho la respuesta sobre lo sucedido. Es una manera de expresión que compromete las respuestas que no han cerrado una herida que parece marcar un sexenio.
Por otro lado, las posturas del actual Papa con respecto a varios temas han abierto posibilidades de interpretación que han dejado a varios sectores del catolicismo en entre dicho. Temas como la homosexualidad o el aborto han planteado problemas entre los practicantes de la fe que, desde una postura, mantuvieron un discurso que actualmente se ve alterado por las manifestaciones de quien, desde la propia iglesia, se apropia de la figura de Cristo. El Papa es quien ha modificado una relación entre lo aprobado/desaprobado en los vínculos sociales con la aceptación de prácticas que antes eran, en términos bíblicos, condenadas.
Por otra parte, los temas de la pobreza, el narcotráfico, la marginación y los indígenas, nos obligan plantear el problema de lo que el Papa no puede hacer. Algunos de nuestros más decepcionantes políticos, aprovecharon la oportunidad para tomarse fotos desde espacios de privilegio. Algunos incluso fueron entrevistados por los medios, para hacer afirmaciones sobre lo que no han practicado. Es posible que en algún momento puedan relacionar que esos mensajes sobre dichos temas eran para indicar que los problemas no se resuelven solos. Y quizá también, que la sociedad en que vivimos, requiere de modificar sus acciones para que las escenas de privilegio no se repitan en espacios como estos. Sin duda, una visita con muchos matices.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.
* Marco Antonio Samaniego López. Doctor en historia por el Colegio de México.
Ha publicado más de cuarenta artículos en revistas nacionales, internacionales y capítulos de libros.
Fue director del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Baja California en dos periodos, 1996-1999 y 2007-2011.