REFLEXIÓN DEL DIA.-
Por: Esteban Capella Ibarra
TIJUANA BC 28 DE AGOSTO DE 2026.- Durante años Morena ha construido buena parte de su discurso alrededor de una idea muy sencilla: ellos representan el cambio y enfrente está el viejo régimen, al que llaman constantemente “el PRIAN”. PRI y PAN aparecen así como los responsables de prácticamente todo lo malo que ocurrió en México durante décadas.
El problema es que ese discurso cada vez resulta más difícil de sostener cuando revisamos quiénes están hoy dentro de Morena.
Porque muchos de los políticos que durante años pertenecieron al PRI y al PAN simplemente cambiaron de partido y terminaron incorporándose a Morena. Es decir, el PRIAN que tanto critican no desapareció por completo: una buena parte se cambió de camiseta y ahora viste de guinda.
El investigador del CIDE Leonardo Núñez hizo en 2022 un ejercicio muy interesante. De los 20 gobernadores que tenía Morena en ese momento, 18 habían tenido antecedentes en el PRI, PAN o PRD. El dato por sí solo debería provocar una reflexión: ¿qué tanto puede hablarse de un sistema completamente nuevo cuando muchos de quienes lo integran hicieron su carrera política dentro del sistema anterior?
Los ejemplos están a la vista. Américo Villarreal, gobernador de Tamaulipas; Julio Menchaca, de Hidalgo, y Alejandro Armenta, de Puebla, tuvieron militancia en el PRI antes de llegar a Morena. Adán Augusto López también tuvo una trayectoria política anterior a Morena. Lorena Cuéllar pasó por diferentes partidos. Y en Yucatán Morena ganó la gubernatura en 2024 con Joaquín Díaz Mena, quien durante años militó en el PAN.
Y no estamos hablando solamente de gobernadores. Lo mismo ha ocurrido con senadores, diputados, presidentes municipales y funcionarios que durante años hicieron política bajo las siglas del PRI o del PAN y que después encontraron espacio dentro de Morena.
Esto tampoco debería sorprendernos demasiado. Morena creció enormemente en pocos años y necesitaba candidatos, operadores políticos, estructuras territoriales y personas con experiencia para gobernar. ¿Dónde estaba esa experiencia? Precisamente en los partidos que habían gobernado México durante décadas.
Ahí aparece una enorme contradicción: Morena combate todos los días al PRIAN en el discurso, pero al mismo tiempo recibió a muchos de sus integrantes.
Por eso hoy tenemos una situación bastante curiosa. Desde el poder se sigue hablando del PRI y del PAN como si fueran exactamente las mismas fuerzas que dominaron México durante décadas, cuando una parte importante de los personajes que integraban aquellos partidos ya se encuentra dentro de Morena.
Y posiblemente esto también explica una parte de la debilidad actual de la oposición. Muchos operadores que conocían los municipios, las estructuras electorales y la manera de ganar elecciones abandonaron sus antiguos partidos y se fueron a Morena. El partido gobernante no solamente ganó votos: también absorbió una parte importante de la experiencia política de sus adversarios.
Entonces la pregunta resulta inevitable: ¿dónde termina realmente el viejo régimen y dónde comienza el nuevo si muchos de sus personajes simplemente cambiaron de partido?
Por supuesto que cualquier persona tiene derecho a cambiar de opinión y también de partido político. El problema no es ese. El problema es satanizar permanentemente al PRI y al PAN mientras se reciben con los brazos abiertos a políticos que se formaron precisamente dentro de esos partidos y después se les entregan candidaturas, cargos y posiciones de poder.
Ese es el verdadero PRIAN de Morena: el que critica al PRIAN que quedó afuera mientras gobierna con una parte del PRIAN que se pasó a Morena.
Y aquí es donde creo que los ciudadanos deberíamos comenzar a cambiar también nuestra manera de ver la política. Durante demasiado tiempo nos han hecho creer que todo se reduce a escoger un color: PRI, PAN, PRD, Morena o cualquier otro. Pero si las mismas personas pueden pasar de un partido a otro dependiendo de dónde esté el poder, entonces quizá el problema nunca fueron solamente los colores.
Por eso considero que estamos entrando en el tiempo de los ciudadanos. No significa que cualquier ciudadano sea automáticamente mejor que un político de partido. Significa algo mucho más sencillo: tenemos que empezar a evaluar personas, trayectorias, resultados y propuestas, y dejar de entregar nuestra confianza solamente por unas siglas.
Porque mientras Morena sigue satanizando al PRIAN que ya no existe como antes, una parte de aquel PRIAN está sentada dentro de Morena.
Al final, el viejo sistema no necesariamente desapareció. Muchos simplemente cambiaron el azul, el rojo o el amarillo por el guinda.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.