Por: Pedro Ochoa
TIJUANA BC 29 DE JUNIO DE 2026.- Este Día del Padre no olvide que autores fundamentales nos han regalado bellos relatos —complejos y memorables— sobre la figura paterna. Seamos honestos: mientras en nuestro país el Día de la Madre satura restaurantes, suspende clases y provoca que se vacíen las tiendas de regalos, el Día del Padre tiene un destino menos espectacular: una carne asada familiar, con pocos amigos, más bien, para derrotar al amodorrado domingo.
Pero si el festejo materno suele ser de flores, de música y sobremesas multitudinarias e interminables, el padre encuentra su revancha en las librerías. Ahí abundan los libros que por igual dan voz a la alabanza como al reclamo, al homenaje y al ajuste de cuentas, al recuerdo amoroso y a la abultada factura emocional largamente postergada.
Para comprobar que los errores o aciertos del viejo de la casa generan material de lectura, enlisto esta bibliografía mínima:
Carta al padre (1919), Franz Kafka. El gran ajuste de cuentas literario. Misiva dolorosa y lúcida en la cual Kafka convierte la figura paterna en una presencia monumental que condiciona toda una vida. La invención de la soledad (1982), Paul Auster. Espléndida meditación autobiográfica sobre el misterio del padre, la ausencia y la distancia que puede habitar dentro de una familia. El pez en el agua (1993), Mario Vargas Llosa. Las Memorias del Nobel peruano en el cual confronta la severidad del padre opuesto a la temprana vocación literaria del autor. El olvido que seremos (2005), Héctor Abad Faciolince. Una elegía conmovedora y luminosa sobre la vida y muerte del padre. La reconstrucción amorosa de un médico ejemplar que pierde la vida defendiendo sus ideales.
Pedro Páramo (1955), Juan Rulfo. Una de las grandes novelas de nuestra lengua. “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre un tal Pedro Páramo”, no solamente es una de las frases más representativas de la literatura hispanoamericana, es, sobre todo, el preludio de la búsqueda interminable del padre desconocido y la primera palada de la arqueología familiar en un pueblo habitado por fantasmas.
Pasado en claro (1975), Octavio Paz. Una de las imágenes más dolorosas y duras sobre la figura paterna en nuestra poesía: Del vómito a la sed, atado al potro del alcohol, mi padre iba y venía entre las llamas. /Por los durmientes y los rieles de una estación de moscas y de polvo una tarde juntamos sus pedazos. /Yo nunca pude hablar con él.
Algo sobre la muerte del mayor Sabines (1973), Jaime Sabines. El padre sublimado en los recuerdos después del fallecimiento: Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas, por eso es que este hachazo nos sacude. Nunca frente a tu muerte nos paramos a pensar en la muerte, ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la alegría.
La clave Morse (2001), Federico Campbell. Extraordinaria aproximación literaria al padre —aquel telegrafista enigmático— cuyas ausencias son el dolor compartido por la madre y los hijos. La invencible (2013), Vicente Quirarte. Un libro estremecedor sobre las dificiles circunstancias que rodearon los últimos años y la muerte del padre, el historiador Martín Quirarte. Adiós a los padres (2014), Héctor Aguilar Camín. Una entrañable reconstrucción literaria para comprender la prolongada ausencia del padre.
Por qué la gente recordará a mi padre (2022), Daimary Sánchez. Un texto en el cual la autora muestra sus experiencias como material escénico para evidenciar como los problemas sociales han impacado el núcleo familiar. La cabeza de mi padre (2022), Alma Delia Murillo. Crónica intensa del México contemporáneo sobre el viaje físico e interior para reconstruir la figura de un padre perdido en el tiempo.
La figura del mundo (2023), Juan Villoro. Un retrato cariñoso y profundo de Luis Villoro: el padre filósofo que parecía habitar el mundo de las ideas distante a la vida cotidiana.
No afirmo que la madre haya inspirado menos literatura; ocurre más bien que con el padre siempre quedan más pendientes: emociones no expresadas, rclamos recónditos, conflictos no superados, ausencias inexplicables, herencias injustas y ajustes de cuentas. (Pero el tema de la madre en la literatura, lo abordaremos posteriormente).
Si tiene a su padre, quizá este año pueda cambiar la corbata o la playera de la selección nacional por uno de estos títulos. Y si ya no lo tiene con usted, ojéelos también: en estas páginas encontrará algunos gestos, ciertos atisbos y claves que inevitablemente dialogarán con su propia historia. Porque leer sobre el padre es otra manera de volver a casa.
Y quizá por eso, cuando terminemos de deletrear estas páginas, comprendemos que la literatura insiste en recordarnos una verdad entrañable: todos seguimos buscando la razón de nuestro origen, por lo tanto, de nuestras vidas.
A fin de cuentas, en Comala, todos somos hijos de Pedro Páramo, como le responde el arriero Abundio Martínez a Juan Preciado en la icónica novela de Juan Rulfo.
Pedro Ochoa Palacio es un reconocido escritor y promotor cultural que, ha sido funcionario en los gobiernos federal y del estado de Baja California, así como director del Sistema Municipal de Bibliotecas de Tijuana y agregado cultural del Consulado de México en San Diego. También fue, por dos ocasiones, director del Centro Cultural Tijuana (Cecut)
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