LA BUFADORA
Por. – El Mosquito
ENSENADA BC 31 DE MARZO DE 2026.- A través de su canal de YouTube denominado “Laboratorio Urbano”, don Fernando Rivera Garibaldi expuso con claridad y contundencia las razones por las cuales Ensenada no avanza, entre ellas por culpa de los “ecologistas de vitrina”, quienes a últimas fechas se dedican al “ambientalismo selectivo” por negocio.
Rivera Garibaldi sostiene que “(…) la incoherencia que frena a Ensenada no está discutiendo únicamente un tema ambiental; está discutiendo algo más profundo: ¿quién decide el rumbo del desarrollo y bajo qué lógica?
Porque lo que hoy vemos no es sólo preocupación ecológica, es la consolidación de un fenómeno más complejo: un ambientalismo selectivo, que se activa en ciertos proyectos, en ciertos lugares y con ciertos discursos… pero guarda silencio en otros.
Eso obliga a hacer una pregunta incómoda, pero inevitable: ¿quién está detrás de estas posturas?, ¿quién las financia?, ¿qué intereses -económicos, políticos o de influencia- están en juego?
No se trata de descalificar la causa ambiental. Se trata de exigirle coherencia, transparencia y rigor.
Hoy, un grupo reducido, pero altamente visible ha decidido asumir la representación moral de la naturaleza, colocándose como árbitro absoluto de lo que debe o no construirse.
Su método no es el análisis técnico ni la evaluación territorial rigurosa. Es la negación automática. Todo proyecto es una amenaza. Toda obra, un ecocidio. Toda infraestructura, un pecado.
El problema no es que se opongan. El problema es cómo, dónde y con qué criterios lo hacen. Porque no estamos hablando de manglares vírgenes ni de reservas intactas.
Estamos hablando de zonas portuarias históricamente intervenidas, de corredores logísticos consolidados, de espacios urbanos que llevan décadas funcionando bajo una lógica industrial.
Y, aun así, se exige que se comporten como si fueran santuarios. Eso no es conservación. Es distorsión del concepto de conservación.
Pero, además, es una distorsión profundamente incongruente. Quienes hoy bloquean la modernización portuaria o cuestionan la infraestructura carretera lo hacen desde una vida completamente integrada al sistema que critican.
Usan tecnología global, consumen bienes importados, dependen de redes logísticas, energéticas y urbanas complejas. Viven de la infraestructura. Pero se oponen a su evolución.
Ese es el verdadero rostro del ecologismo de vitrina: visible, mediático, moralmente elevado… pero estructuralmente dependiente del mismo modelo que condena.
La realidad es mucho más incómoda: no existe actividad humana sin impacto ambiental. Ninguna. Ni construir un puerto. Ni abrir una carretera. Ni encender una luz. Ni descargar un sanitario.
Todo implica transformación del entorno. Negarlo no es conciencia ecológica: es evasión. La discusión seria nunca ha sido si hay impacto. La discusión es qué impacto, dónde, cuánto y bajo qué control.
Pero esa conversación exige ciencia, datos, jerarquización ecológica y responsabilidad. Y eso es mucho más complejo que decir ‘no’.
Tomemos el caso del matorral costero. Convertirlo en argumento absoluto para frenar cualquier obra, sin distinguir entre zonas conservadas y zonas fragmentadas, sin analizar conectividad ecológica, sin evaluar resiliencia ni contexto territorial, es una simplificación que bordea la deshonestidad intelectual.
No todos los ecosistemas son igualmente frágiles. No todos los territorios tienen el mismo valor estratégico. No todos los impactos son equivalentes. La gestión ambiental moderna se basa en priorizar. No en paralizar.
Ensenada necesita infraestructura. La necesita para destrabar su movilidad, fortalecer su vocación portuaria, competir económicamente y garantizar condiciones mínimas de funcionamiento urbano.
Negar eso no protege al medio ambiente. Lo politiza. Lo distorsiona. Lo instrumentaliza. Y mientras se bloquean proyectos en zonas ya impactadas, los ecosistemas realmente estratégicos -los que sí requieren protección estricta- siguen bajo presión, muchas veces sin la misma visibilidad, ni la misma indignación.
Esa es la paradoja: se protesta donde es más visible… y se calla donde es más crítico. El resultado es una ciudad atrapada: sin infraestructura suficiente, sin consenso técnico, y con un debate público dominado por posturas que privilegian la pureza discursiva sobre la responsabilidad territorial.
El desarrollo sin control es irresponsable. Pero la oposición sin criterio lo es aún más.
Ensenada no necesita más bloqueos. Necesita decisiones. Decisiones basadas en evidencia, en planeación, en evaluación ambiental seria y en una visión de largo plazo.
Decisiones que entiendan que desarrollo y conservación no son enemigos, sino variables que deben integrarse con inteligencia.
Porque el verdadero riesgo no es construir mal. El verdadero riesgo es no construir nada… mientras la ciudad sigue creciendo sin orden, sin estrategia y sin futuro”.
Alguien lo tenía que decir, y don Fernando lo dijo.
ACLARA ROCÍO
Dicen que en política no hay casualidades, y mucho menos cuentas “pirata” con buena puntería. A la diputada federal ensenadense Rocío López Gorozave le quisieron jugar una mala pasada -o hacer su agosto adelantado- al abrirle una cuenta en redes sociales para pedir dinero a su nombre, como si de campaña en tiempos de vacas flacas se tratara.
Pero la legisladora, de cabellera inconfundible y colmillo retorcido, salió al paso con la calma de quien ya ha visto de todo, y aclaró que ella respeta los tiempos, que no anda pintando bardas ni colgando espectaculares como otros más acelerados, y que, si algún día necesita votos, los pedirá de frente y acatando las reglas establecidas.
Sobre los vivales digitales, dejó caer la duda con jiribilla, es decir, que no sabe si son simples extorsionadores o si alguien anda muy nervioso adelantando la guerra sucia.
Eso sí, soltó la frase con sello propio, en el sentido de que “ni suda ni se acongoja”. Y es que, según dice, dinero no pide… porque no lo necesita.
Habrá que ver si el episodio queda en anécdota cibernética o si es apenas el primer soplido de lo que se viene en la contienda municipal, donde más de uno ya anda midiendo bardas, aunque todavía no sea tiempo.
DECIR Y HACER
En una ciudad donde por años han predominado los discursos, señalamientos y ciclos interminables de dimes y diretes, el sector empresarial comienza a marcar una ruta distinta, pero no en busca del protagonismo mediático ni la confrontación, sino desde la acción directa.
La decisión de Comice, encabezado por José Guadalupe Plascencia Galindo, de invertir más de un millón y medio de pesos -en mano de obra, materiales y capacidad técnica- para rehabilitar el Deportivo Antonio Palacios, no es un gesto simbólico, sino una intervención concreta que mejora el tejido social de Ensenada. Lo anterior en coordinación con el equipo de beisbol Marineros de Ensenada.
Esto deja en claro que sí existe una forma distinta de participar en la vida pública, y es construyendo.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor