Por: José Alfredo Ciccone
TIJUANA BC 3 DE MARZO DE 2026.- El acto de leer y sumergirnos en una historia opera sosteniendo su diferencia, como impulsor a un encuentro que, en tanto fallido, podrá ser reencuentro esperanzador del lector, sus sentimientos, impulsos y arrebatos genuinos.
Además, tiene un gran valor de recompensa y felicidad plena como la que tuve hace unas semanas cuando supe que mi única nieta, Lucía Costanza, de doce añitos, ¡está leyendo a Paul Auster! No sé, específicamente, cuál de las obras del genial neoyorkino, que por cierto ‘nos dejó’ hace un par de años. El hecho de leer un libro en esta época de pantallas táctiles proclives a la fijación visual permanente, tomando en cuenta que es una niña todavía, llena mi corazón de lector consumado y se abre una esperanza más, internamente, que muchos niños de su edad, en cualquier parte del mundo, se sigan encantando con el contenido de una novela, cuento o relato impreso sobre papel, ese que sigue oliendo a sabiduría.
Citando a la talentosa Irene Vallejo, en un pasaje de su maravilloso e imperdible libro El Infinito en un Junco, nos recuerda: “La historia de la literatura empieza de forma inesperada. El primer autor del mundo que firma un texto con su propio nombre es una mujer. Mil quinientos años antes del épico Homero, Enheduanna, poeta y sacerdotisa escribió un conjunto de himnos cuyos ecos resuenan todavía en los Salmos de la Biblia.
Entonces ¿De qué manera elucidamos el enamoramiento que se produce como consecuencia del acercamiento con el texto de un libro? ¿Cuál es la forma al leer, si es que realmente lo hace, en conseguir ser resorte del amor? ¿Cuánto hay de elección o de fortuito sobre una obra elegida? ¿Qué tanto los libros actúan como refugios estimulantes?
En el contacto con el lector siempre se construye algo; se efectuará, si puede lograrse, una reproducción respecto a un presunto texto inicial. Se dará lugar a la procreación de ligaduras psíquicas, vías crecientes y apaciguadoras que ayudan a pensar mejor.
La lecturas producen inconscientemente o no, una elaboración. Leer entonces, es parte de un proceso de orden decididamente artesanal; no es un mero recibir o consumir, sino que implica interpretar, pensar, evaluar, discurrir, analizar y discutir. Existiría entonces un núcleo de lo que denominamos amor y luego todo lo otro que también participa en lo que llamamos así, de manera que podrá considerarse el amor a un texto, a su autor o a su libro y todo lo que de él emane y se interprete en absoluta libertad, sin mediaciones molestas.
Cada recitación despierta en quien lee una conexión personal, que sirve de puente hacia nuevas posibilidades. Aquel que toma un libro se expone al riesgo de ser sometido a la emoción de una página que, de repente, hace surgir un suceso de amor o dramatismo que puede desestabilizar, hay un peligro implícito, yo adoro ese peligro, porque no sé a dónde voy. El que quiera a cualquier precio saber con precisión a dónde va…que no lea.
La apuesta lectora, entonces, que tantea y trabaja en su leer apartando de sí prejuicios u objeciones prematuras, implica en el movimiento de su propia figura, desde la perspectiva de la pulsión de vida, cierto fluir amatorio, porque el libro que suscita amor nunca deja de prometer, pero se mantiene a su vez y en cierto sentido abstinente. Podría conjeturar incluso, siendo la lectura un ejercicio inexorablemente ligado al pensar, que aquella brecha o espacio de acción; sería el resquicio por donde además de persistir el movimiento amoroso, manteniéndome ligado al libro, podría circular el pensamiento, en dos características aparentemente contradictorias de una relación disyuntiva. Por un lado, algo de lo que él transmite, aunque sea lejanamente, me es afín…y por el otro me dice algo distinto, algo más, que no poseo. Desde cierta afinidad me convoca extendiéndome los brazos; desde una diferencia, algo que no es lo mismo y de lo que estoy desprovisto, me encanta y entusiasma provocando mi permanente aproximación y deseo de tenerlo.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.