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Hechos y escenarios

Ensenada BC - lunes 26 de enero de 2026 - El Vigía.
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LA BUFADORA
El Mosquito

ENSENADA BC 26 DE ENERO DE 2026.-Las constantes quejas ciudadanas por el deficiente servicio de recolección de basura y el abandono del bacheo no son los únicos problemas que enfrenta la administración municipal encabezada por la alcaldesa Claudia Josefina Agatón Muñiz. 

A estas inconformidades se suman reclamos cada vez más frecuentes por la incompetencia y la falta de profesionalismo de algunos de sus funcionarios más cercanos.

Lejos de que los sectores tradicionalmente considerados “favorecidos” -léase empresarios, dirigentes de organismos, operadores políticos de Morena y de otros partidos- cuenten con mayores facilidades de atención, la realidad parece ser otra. 

Hoy, incluso estos grupos manifiestan su molestia por el trato recibido desde la oficina del cuarto piso de la Casa Municipal.

Uno de los personajes más señalados es Normando Elías, jefe de la Oficina de Presidencia, quien en lugar de facilitar la operación política y administrativa del despacho de la alcaldesa, es acusado de arrogancia, prepotencia y una evidente falta de oficio político. 

Su comportamiento le ha valido apodos como “el Huicho Domínguez de la política” o “el mini presidente”, no sólo por los dos escoltas que lo acompañan, sino por sus ínfulas de grandeza y el desatinado manejo del poder en la toma de decisiones.

Como muestra del malestar que ha generado desde los primeros meses de la administración, persiste en la memoria colectiva el incidente policiaco que involucró a un ejemplar porcino, episodio que se ha convertido en símbolo del desorden y la improvisación dentro del gobierno municipal.

Al interior de la propia Casa Municipal se comenta que la actitud de este y otros funcionarios que se asumen como “amigos de la alcaldesa” responde a una percepción anticipada de triunfo político. 

Se ven ya despachando en el Centro Cívico de Mexicali a finales de 2027, bajo la idea de que Claudia Agatón tiene asegurada la candidatura a la gubernatura de Baja California, respaldada políticamente por el diputado federal Alfonso Ramírez Cuéllar. 

A ello se suma la versión que su equipo difunde en el sentido de que supuestamente la presidenta Claudia Sheinbaum no quiere nada del actual grupo que detenta el poder en la entidad, lo que habría derivado en la incorporación de Miguel Larre, como asesor en el área de Comunicación Social.

Sea cierto o no dicho pregón, lo innegable es que este tipo de narrativas terminan afectando directamente a la presidenta municipal, al desgastar su imagen y debilitar su administración de manera prematura.

Así que la pregunta queda en el aire: ¿veremos en 2027 a Alfonso Ramírez Cuéllar recibir el mismo reconocimiento político -con placa incluida- que en 2024 la propia Agatón Muñiz manifestó durante su toma de posesión a Carlos Torres?

Prestidigitadores

En el eterno pleito por los diputados plurinominales -esa figura que todos odian en campaña pero nadie quiere soltar cuando llega al poder- ahora resulta que hasta la oposición y los aspirantes a partido político se ponen de acuerdo, pues dicen sí a la reforma, pero sin hacer la travesura completa.

Porque sostienen que una cosa es pretender mover los muebles y otra muy distinta es tirar la casa.

La idea que se cocina desde Palacio Nacional suena, en el papel, bastante presentable, es decir, acabar con los “pluris eternos”, esos personajes que brincan de curul en curul sin que nadie los haya visto sudar en una campaña.
 
Listas abiertas, candidatos tocando puertas y ciudadanos eligiendo nombres, no sólo siglas. Nada mal. El problema, como siempre, no está en el discurso sino en la letra chiquita… y en quién la escribe.

Tanto el PAN como Somos México coinciden en algo que Morena prefiere no decir en voz alta, porque tocar a los plurinominales sin cuidado puede convertirse en una aplanadora política. 

Menos pluris no significa menos gasto, sino menos voces. Y en un Congreso donde las mayorías ya pesan como tráiler sin frenos, desaparecer o reducir la representación proporcional sería el camino más corto a la unanimidad obligatoria y a la irrelevancia de las minorías.

Eso sí, tampoco hay que idealizar las listas abiertas. En un país donde los “acordeones” ya demostraron ser más eficaces que la pedagogía cívica, el riesgo de que las elecciones se conviertan en concursos de popularidad patrocinados desde arriba está más que cantado. 

Más campañas, más dinero, más fiscalización y más margen para que los de siempre encuentren cómo colarse.
Al final, el debate no es si los pluris son buenos o malos, sino si el sistema refleja lo que la gente vota o lo que al poder le conviene que se refleje. 

Porque si alguien con el 25% de los votos termina con el 60% de las curules, no estamos hablando de democracia, sino de prestidigitación política. 

Y de esas, la clase gobernante mexicana ya tiene demasiada práctica.

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor

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