Por: Carlos del Valle del Río
@delvalledelrio
CIUDAD DE MÉXICO 20 DE ENERO DE 2026.- Hace un año el mundo entero veía con asombro la segunda toma de posesión de Donald Trump. Con esto cumplía la promesa, o amenaza, de que volvería al poder y que ahora si no tendría freno alguno en la implementación de su visión política, social y comercial.
Pero este año ha sido como un huracán sobre el gobierno mexicano, que descolocado y sin argumentos ha reaccionado a los señalamientos de Trump, pero ha perdido la narrativa, y ha confundido las respuestas.
En un principio Trump centró su política en el tema migratorio, calificó de asesinos a los migrantes y ante la falta de un discurso que contuviera esa visón decidió dar un paso más, y a principios del año pasado designó a las organizaciones criminales como terroristas, pero no solo eso, acusó al gobierno mexicano y marcadamente al grupo de López Obrador de tener una relación directa con grandes grupos criminales, aseguró incluso que esas organizaciones son las que realmente gobiernan en nuestro país.
Claro que desde palacio nacional se desgarraron las vestiduras, argumentaron intervencionismo y exigieron respeto, incluso llenaron en dos ocasiones el Zócalo capitalino, para demostrar que el pueblo está con ellos, y que todo es una infamia.
Pero no hay sorpresa para los mexicanos en los dichos del presidente de Estados Unidos. ¿Acaso alguien en Sinaloa, Tamaulipas, Michoacán o prácticamente cualquier Estado del país, se sorprendió con la afirmación de Trump?. Vivimos con la certeza de que hemos perdido una guerra, o varias en varias modalidades, contra la corrupción y el crimen, pero el gobierno se indigna cuando es señalado desde fuera y se centra en la defensa del grupo en el poder, no en el rescate de la tranquilidad de los ciudadanos.
El poder se burla, se dice tranquilo, pero se sabe vigilado y eso ha cambiado todo, desde la narrativa hasta las lealtades al interior de su movimiento.
Y en medio de esa vigilancia a los políticos mexicanos surge una nueva figura que ha calado hondo en el ánimo de los morenistas, la virtual certificación de conducta que ha significado el visado a ese país.
con un gesto tan simple como cancelar una visa, sin mayor explicación, el Departamento de Estado, manda un mensaje sobre quien le parece confiable con quien prefiere mantener distancia.
Marina del Pilar, fue la primera y más pública figura en la que recayó la sospecha. La marginaron de la política y la aislaron de las decisiones, por más fotos en palacio nacional que se tomen. Pero de cara a las próximas elecciones los mensajes siguen. Por ejemplo, la senadora Juliueta Ramirez, la Julietona, quien un día mostró con orgullo su cercanía con López Obrador y que la hizo con un beso, aspirante a la candidatura del Estado, hoy maniobra desesperada para demostrar que aún conserva la visa a los Estados Unidos, pero la realidad que ya no puede pasar la frontera, que se ha quedado son el documento migratorio, y también, seguramente sin la candidatura.
Ha sido un año desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, y las consecuencias se sienten en nuestro país, pero más que nada en Morena y su proyecto, faltan tres años, ¿qué seguirá, quienes seguirán?.
Periodista director de International Journalism Service
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