Valores clásicos y realidades vigentes.
Por: José Alfredo Ciccone
Enero 23 del 2025/INFOBAJA/EL VIGÍA.- Ya encaminados en este 2025, un año lleno de esperanzas renovadas y también, porqué no, preocupaciones de todo tipo por el futuro -que es hoy- y debemos enfrentarlo con la decisión de otros comienzos, planeando cosas, creando otras y afirmando aquellas que quedaron sin afinar o concretar del año anterior, los desafíos son muchos y variados, las ganas para enfrentarlos, también. La salud, porque sin ella nada es posible, el trabajo constante y bien remunerado, la unión familiar, el rescate o afirmación de valores esenciales; el amor al prójimo, lograr empatía con las generaciones más jóvenes en el intercambio de experiencias, en el entendido que ‘todos debemos aprender de todos’, la comprensión y posterior familiaridad con la avanzada tecnología, aprovechando sus ventajas y desechando aquellas que nos acerca, paradójicamente para alejarnos más.
Uno de los temas que abordé brevemente en el artículo anterior y lo vemos acrecentar día con día como realidad vigente, es el de la inteligencia artificial y su aplicación en la cotidianeidad, con alcances prácticamente incontrolables, sus ventajas y perjuicios todavía son difíciles de predecir, se discute mucho sobre sus posibilidades de eliminar mano de obra humana por un lado y por el otro, crear nuevos puestos, desafíos interesantes, más progreso material. Por lo pronto, ya tenemos instalada la IA en nuestros teléfonos, aunque para los usuarios más básicos y domésticos, se utilice sólo para preguntarle vida y obra de un vecino que vemos con recelo, o la trayectoria de algún funcionario conocido -antaño pelagatos-, al que vimos enriquecerse de la noche a la mañana, haciendo sólo política, sin negocio a la vista, ni rendirle cuentas a nadie y que hoy se ufana de su fortuna, mostrando su residencia diaria y además exhibiendo su progreso, instalado en el Valle de Guadalupe produciendo
vinos, bien resguardado por profesionales de la seguridad, paseándose por ‘sus hectáreas’ sembradas y fumando un puro con señorío.
Reconozcamos que una de las más grandes asignaturas pendientes de los que deseamos un mundo mejor, es la cuestión moral, porque para toda sociedad hacer coincidir los valores que adoptamos, en coherencia absoluta con nuestras acciones y conducta, es la garantía hacia un mayor bienestar espiritual, incluso encaminados al progreso material, que brinde seguridad y tranquilidad al entorno familiar que conformamos.
La vida nos enseña que, invariablemente, cuando no tenemos el valor de vivir como pensamos, terminamos pensando en la forma que vivimos.
Nuevas corrientes filosóficas, psicológicas, religiosas y hasta mercadológicas, han transformado el concepto del altruismo, en el ideal hedonista del bienestar material, a tal grado que, en algunos casos, los valores fundamentales pasan a segundo plano.
Más aún, el mundo actual y sus protagonistas, tanto en un sector del ámbito comercial, como en el deteriorado círculo político, hemos observado que en la opción entre conseguir una ventaja material obrando de manera incorrecta, o resignarla, actuando correctamente, eligen la primera, una exagerada exposición materialista con tintes escandalosos, más los pésimos ejemplos recibidos, en muchos casos, empujan a las personas -sobre todo a los más jóvenes-, hacia malas decisiones repetidas.
LOS VALORES COMO GUÍA CONDUCTUAL
Desde el punto de vista filosófico, los valores no existen, según el filósofo alemán Max Scheler -el principal introductor de una teoría de los valores-, no son, sino que valen.
Se presentan como guía de nuestra conducta, pero no ‘en modo impulsor’, como los instintos que nos empujan, sino algo que nos atrae, es decir, algo a lo que podemos decir sí y también no, con toda libertad y autodeterminación.
Aún desde el prisma científico, carecen de existencia, ya que la ciencia como tal es ciega ante ellos. Los valores no se pueden ver ni tocar, se infieren de la conducta humana, pero no se explican como tal, como la teoría de la motivación lo hace con las conductas, las explica en base a imperativos condicionales. ‘Si haces tal cosa, obtendrás tal beneficio o castigo’. Pero el valor hace raíz en el imperativo categórico: ‘Haz esto’, a secas. El mismo Kant establecía ‘Obra como si quisieras que tu máxima pudiera establecerse como principio de legislación universal’, esta reflexión que parafraseando significa que ‘debemos hacer a los demás, lo que deseamos que los demás nos hagan a nosotros, implica que al proceder de esta manera, estaremos contribuyendo a crear un mundo mejor. Por ello el imperativo categórico a nivel individual, se vuelve condicional si lo referimos a la sociedad como un todo. Ahora bien, si el valor no es analizable desde una perspectiva hedonista, ¿pensaríamos entoncs que el éxito y la adhesión a valores serían incompatibles?
Quizás no se pueda demostrar fehacientemente que el buen proceder siempre lleve al éxito y al progreso, pero lo contrario tampoco, e implicaría riesgos y daños a la sociedad.
En realidad, el conflicto entre el éxito material y la fidelidad a los valores, inexistente en teoría, -aunque a veces no sucede-, pueden presentarse en la práctica. En esos momentos se debe ejercer una opción. Si lo analizamos desde una causalidad lineal de las que hablan los psicólogos, el conflicto no es superable, ni desde la perspectiva del egoísmo individualista, ni desde la perspectiva del valor. En el primer caso, algunos pensarán que deben dejar de lado los valores para lograr objetivos y en el segundo, es recomendable e imperativo aferrarse más que nunca a ellos, sobre todo en este mundo de hoy, cada día más evanescente en buenos valores, donde la gente sigue entretenida con muchas otras cosas de tipo material, en la absurda carrera para ver quien tiene más, ciega competencia donde seguramente todos saldremos perdiendo.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.